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Domingo, 25 de Enero de 2026

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Rafael Álvarez Gil Rafael Álvarez Gil

Feijóo, atrapado

TA ofrece la columna diaria de Rafael Álvarez Gil

direojed Sábado, 02 de Abril de 2022 Tiempo de lectura:

Desengáñense. El PP del que toma el mando en plaza Alberto Núñez Feijóo​ este fin de semana no será, por la sencilla razón de que no podrá, aunque quisiera, el de José María Aznar en 1996 ni el de Mariano Rajoy en 2011; fechas en las que ambos llegaron a La Moncloa, respectivamente. No hay perfil moderado sino hipoteca potencial a la ultraderecha. El virus de Vox lo impregna todo. Y el gallego, en el fondo, y aunque no lo confiese, lo sabe perfectamente.

 

El PP no volverá a disponer de las mayorías absolutas de antaño (2000-2004, con Aznar, y 2011-2015, con Rajoy). El periodo de esplendor del bipartidismo se esfumó y no retornará. El gallego aterriza en Madrid fruto de la urgencia, producto de que con Pablo Casado no había liderazgo ni futuro ni a corto plazo para las siglas. Pero la crisis es sistémica, va mucho más allá. Las coordenadas del tablero político indican que el PP solo tiene dos opciones: una gran coalición con Pedro Sánchez (veremos qué posición final tienen los populares en cuanto al tema de Marruecos y el Sáhara) o aliarse con el neofascismo.

 

Con Vox no hay ni habrá mito de Feijóo. En Galicia jugaba electoralmente en casa y no tenía que encarar las claves que atraviesan el discurso político en el conjunto del Estado. Máxime, la territorial. La extrema derecha de Vox es débil en los territorios que conforman el nacionalismo periférico, como es el caso de Galicia. Pero Madrid, la meseta castellana, es harina de otro costal. Es, en términos futbolísticos, un campo de juego que nada tiene que ver con el que se ha topado Feijóo en los últimos años.

 

Los medios de comunicación escorados editorialmente hacia posiciones conservadoras y liberales han comenzado a blanquear a Vox. Es el mandato imprescindible para hacer factible ante la opinión pública que Santiago Abascal puede ser vicepresidente del Gobierno y que un pacto del PP con Vox suena bien. Feijóo llega tarde, es posible que demoscópicamente Vox ya le gane al PP. No hay margen para una derecha ‘canovista’ en la que descanse la estabilidad del orden del 78: monarquía y neoturnismo. Por eso Feijóo no podrá tornarse ni en Aznar, el Aznar de su primera legislatura (1996-2000) presto a negociar, ni en Rajoy. Quien marca el relato tiene media batalla política ganada. Lo que explica el conflicto de encuestas en el último tramo, con especial virulencia en los recientes comicios de Castilla y León, en el que se trata de hacer ver que aún Vox no pasa de ser un socio secundario y que la hegemonía de la derecha pasa por el PP como manda los cánones. Falso: el PP, insisto, sin el neofascismo no es nada ya. Y si los medios de comunicación blanquean a Vox, el peligro democrático es evidente. Y acabará por afectar al propio Felipe VI al que tanto alabó la extrema derecha en los meses de pandemia y confinamiento. Sus loas monárquicas se han ido apagando porque la Casa Real se ha percatado de que no le conviene que la figura de Felipe VI esté ligada a Vox. Aunque poco puede hacer frente a la deriva del 78 en el que el bipartidismo dinástico mengua. Una cosa es lo que a Feijóo le gustaría y otra bien distinta el panorama al que se va a enfrentar; siempre al dictado de lo que diga o deje de decir la ultraderecha.

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