El penalista José María Palomino, abogado defensor de Eustasio López, se tendrá que emplear a fondo en el juicio oral del caso 18 lovas. El juez Rafael Passaro Cabrera, titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Las Palmas de Gran Canaria, ha desestimado (como era previsible) los recursos de los investigados (antes denominado imputado) para evitar el banquillo. Primero, porque Passaro difícilmente se iba a desdecir de su pronunciamiento en el auto. Segundo, porque la Fiscalía sigue el mismo razonamiento jurídico.
La lista de los investigados es la que es: Agustín Alemán Barreto (el que, en términos coloquiales, sería presuntamente el cabecilla), Eugenio Hernández de León, Antonio Dascenzo, Domingo Hernández Tarajano, Emilio Cabrera Caballero y el hotelero agüimense López. Todos están encausados (antes llamado acusado) pero, de largo, el foco y atención de la sociedad isleña recae sobre el empresario. Tanto es así, que hace poco irrumpió un debate dentro del gremio periodístico sobre la libertad y alcance del caso 18 lovas en los medios de comunicación, fuesen de titularidad pública o privada.
Desde el ámbito de López, seguramente la mayor fortuna de Canarias, se apela al teórico padecimiento de la “pena de telediario” que ha tratado, con sus argumentos, legítimos por supuesto, de sortear. No ha sido el caso. Y será la sentencia, y cuando esta sea firme, la que aclarará si merece o no reproche penal (el debate ético es otro nivel) sobre lo que ocurrió en el chalé de Ayagaures (San Bartolomé de Tirajana). Tanto él, como otros famosos, han corrido semejante riesgo. Y quedará tiempo aún para que se conozca el desenlace.
Intentar resistirse ante dicha deriva procesal, por insoportable en lo personal que pueda resultar, con o sin fundamento, la justicia dirá, es contraproducente. Esta táctica, aunque fuese impulsada por los que lo apoyan, en realidad, le perjudica. Y, de ahí, la contundencia en proseguir tanto la línea argumental del Ministerio Fiscal como la del juez Passaro. Superada la fase de instrucción, resta practicar la formalización de la liturgia procesal del acusado. Y, sin duda, concentrará (llegado el momento) una enorme expectación. Todo lo que afecta al hotelero conlleva diversas ramificaciones sociales. No abundan los casos en la historia del autogobierno canario, arrancada la democracia, en la que dirigentes empresariales poderosos, tan poderosos, hayan sido protagonistas de este trance. Ya en lo personal, teniendo todo aquello que el común de los mortales no dispone materialmente, ¿qué necesidad tenía de acudir al chalé y codearse de este modo? El enigma asoma en los hogares y en las oficinas. La opinión pública ansía saber la verdad. Por un lado, está la reputación de uno de los prebostes de la economía de esta tierra. Por el otro, unas menores en situación de clamorosa precariedad familiar y, por ende, emocional. Dos universos totalmente opuestos. Lo menos que necesita López es fuego amigo mediático; de hecho, le sobrarán los posibles al respecto si es absuelto. Lo que requiere, a estas alturas, y culminada la instrucción, es que el procedimiento penal avance como está recogido. Cualquier otro atajo le será adverso. Toca esperar. Y que se haga justicia.


























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