Se suman los presuntos escándalos de gasto indebido de dinero público a cambio de garantizar el silencio que tape las andanzas sexuales de Juan Carlos I. A la donación de 65 millones de euros que el rey hizo a favor de Corinna Larsen, y que conocimos gracias a la prensa extranjera y a la Fiscalía suiza, no a los periódicos editados en Madrid, se añaden a la lista de amigas entrañables del monarca Bárbara Rey y Marta Gayà. Pero es en la primera de las dos españolas donde ha recaído el foco mediático esta semana a cuenta de su posible comparecencia en el Senado.
Es intolerable que Bárbara Rey hubiese cobrado de los fondos reservados para aplacar el chantaje que presuntamente perpetró contra Juan Carlos I. Al parecer, la existencia de grabaciones (audios y vídeos) donde es retratado en escarceos sexuales, tuvo que detenerlo en su día el CSID, hoy denominado CNI. Que se emplearan fondos reservados equipara la vida extraconyugal del monarca, pagada por el contribuyente, a las prácticas del Ministerio del Interior del ‘felipismo’ a son de la corrupción y la guerra sucia de los GAL y que tuvo su apogeo judicial con la condena del Tribunal Supremo en 1998 a José Barrionuevo y Rafael Vera; aunque ambos fueron rápidamente indultados por el ‘aznarismo’, lo que indica que toda la labor de oposición del PP hasta mediados de la década de los años noventa no estaba tan motivada en regenerar el sistema sino en alcanzar el poder cuanto antes. Llegado José María Aznar a La Moncloa, se abrió el periodo de rebajas en aras de preservar los cimientos del bipartidismo.
La gran incongruencia de Pedro Sánchez es que reclama que Juan Carlos I ofrezca explicaciones y luego prohíba (junto a PP y Vox) la creación de comisiones de investigación en el Congreso de los Diputados. Y tiene toda la pinta que hará lo propio con el Senado, cuando lo suyo sería que Bárbara Rey compareciera para dar su versión sobre el cobro de fondos reservados, el chantaje sexual y si fue aupada en programas de televisión de titularidad pública para restringir sus coerciones supuestas a la jefatura del Estado.
El PSOE no sobrevivirá sosteniendo a Felipe VI. Dicho de otra forma, el PSOE no retornará con el tiempo otra vez a La Moncloa, cuando antes o después pierda Sánchez, con un discurso borbónico. La izquierda sociológica no votará al futuro candidato presidencial socialista si este persiste en proteger a la Casa Real. Cuanto más tarde el PSOE en despojarse su rol de formación dinástica y sistémica del neoturnismo del 78, más le costará tener pulso electoral en el siglo XXI. La crisis de la Segunda Restauración es innegable. Y la credibilidad de antaño del 78 no retornará. Estamos ante un punto de no retorno. Y Pablo Iglesias no fundó el PSOE para guardarle el reinado a la princesa Leonor. Aunque la mayor contradicción es cuando el socialismo se une a los populares y, sobre todo, la ultraderecha para que no se investigue políticamente en la Cámara Baja. Un rechazo perjudicial para la oxigenación democrática que se redobla con que Bárbara Rey tampoco vaya al Senado. Y eso que hablamos de varios millones de fondos reservados que supuestamente se le pagó a la ‘vedette’ amén de sus trances sexuales con Juan Carlos I. No tiene un pase.




























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