Las elecciones generales están previstas para noviembre de 2023. Sin embargo, antes (en mayo de ese curso) tocarían las locales y autonómicas del régimen común. Y mucho antes, en diciembre de 2022, dentro de un año mal contado, los comicios andaluces. La duda en La Moncloa asoma: ¿qué gana Pedro Sánchez cumpliendo con un calendario que en caso de victorias previas del PP le sentenciarían políticamente en las generales? Sánchez debe evitar, en todo caso, que 2023 sea un viacrucis para él y el PSOE. ¿Qué margen de maniobra tiene entonces?
Si Sánchez adelanta la convocatoria electoral a 2022 puede frenar la hemorragia socialista en las encuestas que, en el mejor de los supuestos, empata técnicamente con el PP. Otros estudios arrojan que Pablo Casado con Santiago Abascal ya sumarían mayoría absoluta. Pero la crisis del PP en Madrid hace que la distancia entre socialistas y populares ahora sea mínima. Este es el escenario demoscópico.
En realidad, el margen de maniobra que dispone Sánchez es el que le deje Juan Manuel Moreno. Si al presidente de la Junta de Andalucía le da por adelantar la cita con las urnas y logra una mayoría holgada o incluso absoluta, reforzará al PP en los sondeos y una convocatoria de elecciones generales entre las andaluzas y las locales y autonómicas de mayo de 2023 quedaría forzada. De tal modo, que si Sánchez desea provocar un adelantamiento debe ser antes que lo haga Moreno.
El riesgo para Sánchez de celebrar elecciones en 2022 es que arriesga un año a perder en La Moncloa. Pero, encuestas en mano, será peor para él y el PSOE llegar a la meta en peores condiciones tras una victoria de Moreno en Andalucía que ya no es el granero de votos, junto a Catalunya, que catapultaba antaño las victorias del PSOE de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero. Un viraje inesperado en el calendario incomodaría a Casado e impediría que se consolidase la plataforma de Yolanda Díaz.
A medida que transcurran las semanas y, sobre todo, pasemos la Navidad, la sensación de agotamiento del tiempo será notoria en La Moncloa. Y las especulaciones electorales crecerán. Aunque el sendero está trazado por las dos claves ya comentadas: la cita andaluza en 2022 y las locales y autonómicas del régimen común en mayo de 2023. Esto lo determina todo. Mucho más que la recuperación económica. Y en estas coordenadas Sánchez deberá tomar una decisión; hoy por hoy, adquiere mayores ventajas anticiparse a lo que suceda en Andalucía a dejar que Moreno acote las opciones de Sánchez. El lío montado en Murcia que acabó con elecciones en Madrid donde Isabel Díaz Ayuso se impuso en las urnas, es un precedente adverso a tener en cuenta en el PSOE. De hecho, fue el momento en el que a partir de entonces Casado remonta en los sondeos. Sánchez no puede permitir que Andalucía le suponga electoralmente lo mismo. Tiene que pensar en cómo dejará al PSOE para los próximos años. Y, ante todo, mascullará que con una pugna en 2022 (siempre antes que las andaluzas) tendrá más opciones para frenar a Casado e impedir que el voto por la izquierda se le vaya a la ministra de Trabajo y Economía Social.































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