A Alberto Rodríguez le retiraron el acta y fue recibido acaloradamente por el pueblo en el aeropuerto de Los Rodeos. De esto hace ya unas semanas, y entonces dejó una pregunta abierta ante la opinión pública que aún resuena: “Si no fuera un pibe de barrio, obrero, canario, ¿me habrían quitado el escaño?”. Este pasado domingo por la noche fue entrevistado en el programa ‘Salvados’, conducido por Fernando González (‘Gonzo’), en La Sexta. No tiene desperdicio.
Rodríguez va desgranando su experiencia en el Congreso de los Diputados desde que llegó al calor del ascenso de Podemos en las elecciones generales de diciembre de 2015 hasta la actualidad. Y frase a frase, con rotunda claridad, con expresiones y socarronería isleña, hace una radiografía de una estructura anquilosada que padece la obsolescencia que acusa la crisis de legitimidad del sistema del 78 desde que la Gran Recesión de 2008 estallara las ilusiones de las clases medias y trabajadoras. Este episodio de ‘Salvados’ viene a ser el auge y caída del diputado, por una sentencia que, cuando menos, despierta contradicciones por la vaguedad del testimonio del policía afectado. El tinerfeño sigue aseverando que él nunca le propinó la patada. La desproporcionalidad del resultado judicial (con pérdida del acta) genera inquietud entre la ciudadanía. Otra vez, como con la causa del ‘procés’, será la justicia europea la que dictamine el papel desempeñado por el magistrado Manuel Marchena. Porque el rol institucional de Meritxell Batet quedó diluido, al situarse de perfil, en el trance que tuvo frente al Tribunal Supremo.
A buen seguro, Yolanda Díaz, con la que el tinerfeño asegura que mantiene conversaciones, querrá incorporarlo a la plataforma de izquierdas, republicana y plurinacional que aspira a liderar en las próximas elecciones generales. Otros ministros de Unidas Podemos no lo llamaron. Sin duda, cuando Rodríguez anunció en el aeropuerto de Tenerife Norte que se daba de baja de la organización, influyó esa soledad impuesta por algunos de sus correligionarios.
Rodríguez está convencido que solo con un partido de obediencia canaria se puede afrontar los problemas y retos del archipiélago. Que dentro de la M-30 no se entiende lo que pasa fuera. Puede que cree una nueva formación al estilo de Teresa Rodríguez en Andalucía o reciba una invitación a integrarse en NC. A saber. Pero todo pinta que seguirá bregando este obrero industrial que reconoce que gracias a la lucha sindical ha mejorado sus derechos laborales. El trabajador de la refinería de Santa Cruz de Tenerife desprende así un aroma a aquel PCI de la Guerra Fría aderezado en el cine por películas como ‘La clase obrera va al paraíso’ (1971), dirigida por Elio Petri.
Animo a aquellos que no lo vieron, a que rescaten el programa en internet. Vale la pena. A título personal, me quedo con dos sensaciones. La primera, que tomar un café con Rodríguez mientras mantienes una conversación debe suponer un rato agradable. Que desprende bondad. Que es buena gente. La segunda, que esta persona fue incapaz de darle una patada al policía. Y que a este último acabará por pesarle todo lo sucedido, semejante enredo.































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