Marcar el relato es determinante en política. Y el ritmo, su intensidad, forma parte del mismo. Hemos pasado de unos días agónicos a son de la derogación de la reforma laboral donde parecía que podía caer el Gobierno de coalición e irnos a elecciones generales, como se barrunta ahora en Portugal, a una minitregua. Del discurso célebre de Yolanda Díaz en la clausura del congreso de CC OO a un tiempo muerto baloncestístico. Y ocurre entonces que pierdes la pujanza y, como es lógico, los medios de comunicación desempeñan su rol.
Ayer ‘El País’ editorializaba ‘La reforma de la reforma’, en el que irrumpe el medio camino que, de paso, confirma la otra posición del Ejecutivo (¿socialdemócrata?) que no le convence lo de derogar. “En lugar de un regreso imposible e indeseable a la situación anterior a 2021, se trata ahora de proceder a su sustitución, a su renovación, a una ambiciosa reforma de la reforma”, reza el mencionado editorial. Ya entramos en el juego de las modernizaciones e invocaciones a Europa, del camuflaje de las palabras. Paradojas sobrevenidas idóneas para un guión de una película de Ken Loach, el cineasta comprometido socialmente con los más desfavorables y la clase trabajadora.
Por supuesto, también Pedro Sánchez y Nadia Calviño tiene su propio problema. Primero, necesitan a Unidas Podemos para gobernar. Segundo, y más relevante para el asunto que nos concierne, CC OO dispone de un millón de afiliados (más lo de la UGT) que no están para medias tintas. Lo que le faltaba a Sánchez es que le convoquen una huelga general. Y ya a José Luis Rodríguez Zapatero se la hicieron en 2010.
Para la ministra de Trabajo y Economía Social es su examen. En función de si lo supera o no, tendrá futuro político y podrá articular ese frente de izquierdas que supere las marcas. Es el crédito público de la gallega lo que va unido a la consabida derogación a la que Calviño, y otros, se resisten. Si Díaz cede, se acabó. Y encima es un pulso donde todo queda claro: se deroga o no se deroga. Y debe hacerse antes de final de año.
La Gran Recesión de 2008 estimuló una crítica hacia las centrales sindicales que, poco a poco, han ido recuperando su razón de ser y prestigio a juicio de la opinión pública. Cuando impera la precariedad y la orfandad de un horizonte de oportunidades, lo colectivo se torna imprescindible. El mismo Loach lo retrató en su documental ‘El espíritu del 45’ (2013). Dentro de ese relato que indicábamos al inicio, está la nueva era en la que la sociedad dispone de encuestas semanales que van radiando el avance o retroceso de las diferentes siglas. Algo inimaginable hace veinte o treinta años en democracia. Una vez crucemos 2023, se reabrirá el debate sobre liderazgos potenciales en la izquierda al calor de lo que deparen las urnas. Quiénes estarán entonces en condiciones de seguir bregando vendrá determinado, en buena medida, con qué acontezca con la derogación de la reforma laboral de Mariano Rajoy. Y, en el caso de Díaz, supondrá toda su suerte.






























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.89