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Gregorio Viera (Foto TA) Gregorio Viera (Foto TA)

La revolución tranquila

El exconcejal teldense Gregorio Viera comparte su última reflexión del año

dojeda Viernes, 27 de Diciembre de 2019 Tiempo de lectura:

GREGORIO VIERA

Como última reflexión del año quiero hacerlo sobre lo que representa la revolución tranquila, la personal, la que implica que tienes que despojarte de todo aquello que sobra, sabes lo que es pero no te atreves a tomar un decisión, porque crees que haciéndolo se rompe algo en el relato de vida que cada uno llevamos dentro. 

 

La revolución tranquila se significa dependiendo de la época, del lugar y del momento temporal en el cual se aplica, o mejor aún en función de quien la interpreta, como ejemplos tenemos varios; para Quebec la provincia francófona de Canadá fue el proceso de modernización y su  secularización. Generalmente se considera que la Revolución Tranquila comenzó en 1960. Aunque Quebec ya era una provincia moderna en un sentido práctico, siendo como era el principal motor industrial del país, sin embargo estaba social y políticamente atrasada en comparación con el resto del país y de América del Norte. La revolución consiguió poner a la sociedad quebequesa en pie de igualdad con el resto de la sociedad norteamericana, impulsó el desarrollo económico-cultural.

 

El director de Estudios de la Fundación de CC OO 1º de Mayo Bruno Estrada, hace un análisis de los errores del pasado de la izquierda, para llegar a la conclusión de que “hace falta construir una “revolución tranquila”, como la que llevó a cabo Suecia. Los valores de libertad (socializada), democracia y conocimiento, deben reinar para avanzar hacia un mundo más justo para todas y todos.  En los países ricos ya no vale solo con garantizar unos bienes materiales básicos, sino nuevos aspectos relacionados con la autorrealización personal y la felicidad”.

 

El economista Ignacio Muro Beneyas en un encuentro en la Universidad Complutense de Madrid significaba como “curioso y paradójico que, en las últimas décadas, haya cuajado en la izquierda una identificación entre la razón y el pesimismo. En realidad, todo el “materialismo histórico” es un ejemplo de optimismo, que se nutre desde el convencimiento de que el desarrollo de las fuerzas productivas termina reclamando cambios en las relaciones sociales que hacen avanzar a la humanidad”. 

 

La traslación de roles entre religiones y ciencia, la socialización del conocimiento, la universalización de los intercambios, la libertad de la mujer, el papel difusor de los medios de comunicación, la desalienación del trabajo... todo ello se nutre de una mirada optimista que no solo confía en el progreso económico sino que lo hace desde el convencimiento de que la razón histórica y la voluntad política caminan juntos. La revolución tranquila ha de ser personal, situando los valores que nos caracteriza como sociedad en el centro de todas nuestras decisiones.

 

Tenemos que valorar que no se trata de cantidad, sino de calidad en lo que elegimos. Nuestro relato ha de basarse en todo aquello que nos mueve a ser mejores, comprendiendo el papel que cada persona tiene a nuestro alrededor y el significado de su aporte y del nuestro propio al conjunto. La revolución tiene que empezar por uno mismo, soltando lastre, separando la paja del trigo, siendo conscientes que no siempre estaremos a la altura de lo que se espera de nosotros, pero somos nosotros, quienes tenemos que velar si esa es la altura en la que aspiramos a estar, la felicidad humana requiere haber superado el reino de la necesidad y adentrarse en el reino de la libertad, momento en el que solo el consumo de bienes superiores nos reporta satisfacción; o de cómo la moral pública basada en la cooperación es la consecuencia lógica de la conciencia colectiva de las sociedades desarrolladas, y que nos permiten avanzar en habilidades emocionales que incrementan nuestra sociabilidad como especie y desarrollan las bases fisiológicas de la empatía.

 

Flaco favor nos hacemos si no somos capaces de entender que la revolución, nuestra revolución ha de iniciarse, por salud emocional, sin prisas pero sin pausa. El año 2020 es un buen año para ponerla en marcha, la revolución tranquila...

 

Con la pluma del Faycán.

 

Gregorio Viera Vega es activista social, exconcejal del Ayuntamiento de Telde y miembro de la ejecutiva regional del PSOE.

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