GREGORIO VIERA
Dice la RAE (Real Academia Española) que “replicar” es: Instar o argüir contra la respuesta o argumento, también responder oponiéndose a lo que se dice o manda. Estas reflexiones semanales que no dejan de ser un compromiso personal con un amigo, un programa y una emisora de radio desde hace algunas temporadas y que me permite, en tres minutos, mas o menos, discernir sobre los más variados temas de mi elección, lo cual agradezco profundamente.
Sin embargo se me ha cuestionado que no replique algunos comentarios que se vierten sobre el particular. Las reflexiones son solo eso, reflexiones personales y no una discusión o debate y no es que me niegue a debatir, hasta ahí podríamos llegar, pero no es el espacio para ello.
Viene esto a colación porque una amiga mía hace unos días, ha puesto un comentario personal sobre mi en una de las reflexiones. Cual circo romano los pulgares se levantaron o decayeron en un numero muy significativo sobre su comentario y no sobre la reflexión en particular. Nos sorprendíamos de la visceralidad que acampa muchas veces bajo seudónimos, aunque estos tengan nombre y apellido. Las cosas no siempre son como la vemos y nos equivocamos en multitud de ocasiones, por no pararnos a reflexionar, dejamos pasar las cosas y cuando nos desbordan tomamos un atajo, casi siempre el camino de en medio.
Debemos comprometernos con la realidad social y política, no solo de nuestra localidad, mirar mucho más allá de nuestras fronteras municipales, igual eso, nos ayude a entender a quienes se nos acercan y reflexionan en el mismo espacio, con total libertad, sin coartarle su visión de lo que acontece, de lo que le rodea y no entiende o si lo entiende pero no comparte, en toda reflexión personal hay una demanda general de regeneración ampliamente compartida para mejorar lo público, lo que nos afecta, o afecta a gente de nuestro entorno. La percepción de las cosas no es debatible, son impresiones que comunican los sentidos, no se refuta, no se replica, tiene que desaparecer o cambiar el hecho para que la percepción cambie.
La réplica nace al amparo de pronunciamientos, políticos o no, como forma de contrarrestar los argumentos esgrimidos sobre cualquier tema y ello, se ha evidenciado en los últimos años al amparo de las redes sociales, como altavoz de nuestra filias y fobias.
Los debates políticos han instrumentalizado el derecho que les ha conferido la ley o el reglamento, para la réplica y la contra réplica en esos debates y que sin embargo, se ha extendido a la vida cotidiana donde creemos que tenemos el derecho a replicar ante cualquier cuestión que salga a la luz pública sin percatarnos que en la reflexiones, sean en voz alta o no, se corresponde más con un pensamiento sometido a la emoción y el sentido.
Tanto reflexionar como replicar son armas que cada persona atesora en su interior como fórmula de escape, ambas nos dan una visión de la vida, de nuestros pensamientos, sin embargo una es personal y no se presta o no debiera prestarse al debate y la otra implica la escucha activa, la comprensión del otro u otra, la captación de su mensaje y a partir de ahí, replicar si lo creemos conveniente, por eso mi amiga no lo entiende, ella no replicaba la reflexión, hizo un comentario positivo de la misma y fue cuando le llovieron pulgares que mas parece, decía, de personas cuyo deporte favorito es la envidia, aunque yo no diría tanto, la infelicidad hace que nos decantemos por lo accesorio y no por lo importante.
En definitiva las personas tenemos la capacidad de interiorizar y plasmar nuestras convicciones, emociones, sensaciones, etc., a través de muchos medios, sin que ello signifique abrirnos en canal para que esas personas, a las que se refiere mi amiga, nos quite ni un minuto de sueño, porque replicar es una opción libre y soberana como lo es, no contestar a la replica de una reflexión.
Con pluma del Faycán.
Gregorio Viera Vega, activista social, exconcejal del Ayuntamiento de Telde y miembro de la Ejecutiva regional del PSOE.

























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