GREGORIO VIERA
La democracia ha dado de si paradojas, como la utilización del derecho de unos para espetarle a otros sus soflamas y no arrugarse ni un ápice, con sus incendiarias afirmaciones, quebrando incluso el consenso establecido desde hace años. Me refiero a la manipulación que la ultraderecha realiza sobre la violencia de género, el aborto, las orientaciones o identidades del colectivo lgtbi. No hay día, que algún iluminado o iluminada se suba al carro de su verdad y nos suelte patrañas, sobre el feminismo o la inmigración. Nuestro amigo, compañero y paisano Pedro Zerolo, lo dibujaba durante los debates de una forma gráfica, decía “Yo no quepo en su país pero usted si cabe en el mío”.
La democracia tiene esa grandeza, es siempre un proceso en construcción y en ese proceso se debe demostrar que se cree en ella, no solo con el uso de la retórica, sino lo más importante, con sus acciones concretas en el uso del poder y la representación, sobre todo cuando ese poder lo ha adquirido porque la misma democracia se lo ha permitido. Además acoge en su seno, cualquier expresión de la diversidad ideológica, que respete el formato que nos hemos dado para representar a la ciudadanía cuando vota y elige a sus representantes. Estos representantes que, en nombre de no se que verdad, se erigen en los verdaderos defensores de la patria, que utilizan los símbolos a su antojo, que menosprecia a quienes se ven forzados a salir de sus países por las guerras o las penurias. Estos que no entienden que son los Derechos Humanos, eso si, los derechos de sus amigos si los entienden.
Dicen que son franquistas y no fascistas, será cuestión de semántica, porque este grupo ultraderechista al estilo Salvinista o Lepenista vienen a configurar en esta Europa de Derechos Comunitarios donde hay tantas ideas de cómo es, como ciudadanos y ciudadanas hay en ella. El documento “El populismo en Europa: ¿de síntoma a alternativa?, establece esa idea común e inherente a todos, es lo que justifica su formación, sin embargo estos grupos intentar establecer una frontera, cada vez se estrecha aún mas el fino cordón que separa los fascismos de ayer a los populistas de hoy. Los populistas de derechas han vivido un resurgimiento en las elecciones de las democracias occidentales, gracias al aumento de la polarización social después de tres décadas de neoliberalismo, a los prejuicios arraigado entre algunos sectores de la población, a la crisis de refugiados en Europa, a noticias falsas y rumores de los que se han hecho eco ciertos medios de comunicación sociales y a una tendencia hacia el populismo en otros lugares, desde Rusia a Turquía y Estados Unidos.
Esta tendencia es preocupante: las democracias liberales están en una situación frágil. Los mensajes populistas simplistas de nosotros y ellos, con tintes a menudo xenófobos, así como los intentos de minar la legitimidad de las instituciones democráticas pueden contar con una audiencia receptiva y un panorama de los medios de comunicación que le han ayudado. Esos mensajes recibidos por una población que quiere respuestas y las busca en modelos que mas recuerda a la década de los años 30 del siglo pasado. No debemos seguir jugando con los atributos de populismo, pues sus variadas acepciones hacen que su significado e importancia decaigan. El populismo es una ideología delgada que considera que la sociedad se divide, en última instancia, en dos grupos homogéneos y antagónicos, “la gente pura” y “la élite corrupta”; y que argumenta que la política debería ser una expresión de la voluntad general de la gente, se puede aplicar a la derecha y a la izquierda.
Hay que actuar como lo hace Europa, con un cordón en las instituciones a los grupos de ultraderecha, fascistas en definitiva, pues sus actitudes desde que salieron a la luz en nuestro país ha sido cuestionar todos los derechos y avances que hemos logrado después de la dictadura, dictadura que por cierto defienden, con la que se reconocen, en un país en el cual caben los suyos y que sin embargo no cabemos otros, para eso somos demócratas y defendemos su derecho a estar, pero no por ello a reconocerlos.
Con la pluma del Faycán.
Gregorio Viera Vega es activista social, exconcejal del Ayuntamiento de Telde y miembro de la ejecutiva regional del PSOE.


























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