DANIEL OJEDA
Telde.- Fomentas, la Empresa Municipal de Vivienda y Suelo de la Ciudad de Telde –anteriormente conocida como Urvitel–, ostenta el dudoso honor de ser la primera entidad pública de todo el país que entró en concurso de acreedores. Fue en el año 2007, después de verse abocada a una suspensión de pagos por la falta de liquidez y por una deuda que alcanzó los 11,8 millones de euros. Pero ahora, doce años después, previsiblemente también se convertirá en la primera que logre salir de ese proceso concursal.
Fomentas puede presumir de haber saneado sus cuentas después de sortear una quiebra y capear todo un proceso concursal del que muy pocas empresas, ya sean públicas o privadas, logran salir con vida. La entidad municipal, que lleva tres años consecutivos cerrando sus ejercicios económicos con superávit (2016, 2017, 2018), cumplió el pasado mes de septiembre con el último de los pagos previstos dentro de un concurso de acreedores al que se acogió en septiembre de 2007 y que, a la vista de los números, ha dado sus frutos.
Así, a fecha de 31 de octubre de 2019, esta entidad pública solo adeuda un pasivo de 1,2 millones de euros que corresponden a créditos hipotecarios, según los datos que este martes facilitaba Carmelo Ramírez, su gerente desde diciembre de 2008 y la persona que ha pilotado el ente a lo largo de todo este tortuoso camino.
La antigua Urvitel ha cumplido escrupulosamente con el convenio de pagos que en septiembre de 2009 acordó con sus acreedores. Un plan a diez años y estructurado en dos fases de cinco anualidades, con una quita del 20 % de la deuda y tres años de carencia en cada una.
Y ahora solo está a expensas de que la Justicia resuelva los dos incidentes concursales presentados por el Grupo Europa y la empresa Mazotti –ambas condenadas en una de las piezas separadas del archiconocido Caso Faycán–, en relación a una promoción de viviendas en Las Jardineras, en El Goro, que nunca se llegó a ejecutar. Asuntos en los que tanto la administración concursal como el juez de lo Mercantil que tutela todo el proceso consideran que existe una prejudicialidad penal, explicaba Ramírez.
Un mastodonte que llegó a contar con 200 empleados
Urvitel, creada en el año 2000 y que en sus tiempos más boyantes llegó a contar con una plantilla que rondaba los 200 trabajadores, encaró esta situación de insolvencia arrastrando cuantiosas obligaciones de pago con la Seguridad Social, Hacienda, proveedores y sus propios trabajadores, a los que llegó a deber varias nóminas.
La burbuja inmobiliaria y la crisis del ladrillo le estallaron en pleno concurso de acreedores; pilló a Urvitel con una promoción de 56 viviendas a medio hacer en La Herradura para la que había comprometido casi cuatro millones de euros en créditos bancarios y con otra en ciernes, la de Las Jardineras, que se judicializó y que finalmente se desechó.
De la antigua Urvitel a la actual Fomentas
Entonces, la empresa tuvo que reorientar contener el gasto y reorientar su actividad. Se optó por aligerar la plantilla, que en 2008 ya se había reducido hasta los 57 empleados y que suponía un coste salarial de 1,8 millones de euros al año. En busca de una mayor productividad se prescindió de todo aquel trabajador que no fuera estrictamente necesario, ahora tan solo son 14. Y también se desprendió de varias encomiendas de gestión del Ayuntamiento de Telde (Planeamiento, Vivienda, Grúas, Rehabilitación o Recaudación) que no estaban bien articuladas o por las que apenas sacaba beneficio. Pero que sí lastraban sus cuentas ya que el Consistorio llegó a adeudar por ellas más de 3 millones de euros, dinero que el ente recuperó años más tarde, aunque nunca en su totalidad.
De la venta de viviendas se pasó al alquiler social y a la rehabilitación, pero esta vez las encomiendas se enfocaron de otra manera. Por ejemplo, Fomentas ya no cuenta con obreros propios, sino que contrata a otras empresas para llevar a cabo los proyectos.
Primero fue el Área de Regeneración Integral (ARI) de Las Remudas, en el que se reformaron nada más y nada menos que 1.152 viviendas. Y, más recientemente los ARRU (Áreas de Regeneración Urbana) del Valle de Jinámar y Los Marinos de Melenara. Además, se da la circunstancia que el de Jinámar ha derivado en un Plan Integral cuya encomienda también recae en Fomentas y abarca otras vertientes más allá que la reforma pura y dura de edificios, con actuaciones en el ámbito comunitario y social. Y ya se trabaja en otro ARRU para San José de Las Longueras (496 viviendas) y otra fase en Jinámar (344).
A día de hoy son unas 2.400 las viviendas que ha rehabilitado Fomentas, y en unos meses se espera elevar esa cifra hasta las 2.986.
Gracias en buena medida a todos estos proyectos –para los que por cierto se ha buscado vías alternativas de financiación más allá del Ayuntamiento de Telde, en otras instituciones como el Estado, el Gobierno de Canarias y el Cabildo de Gran Canaria–, la actual Fomentas ha generado suficientes ingresos para ir amortizando poco a poco su deuda. "Ahora nos dedicamos a otras cosas y no lo hacemos muy mal. Prestamos un servicio importante para el municipio y estamos dando un cambio importante. Estamos para lo que el Ayuntamiento necesite", comenta orgulloso Carmelo Ramírez.
Gran empresa
Toda esta reconversión también conllevó, en su etapa inicial, un cambio en el nombre y la imagen corporativa de la empresa. De la antigua Urvitel del concurso de acreedores a una Fomentas que ya está prácticamente saneada y que aspira a crecer. Tal es así que si se cumplen todos los pronósticos dará el salto el próximo año a gran empresa. Pasará de de un volumen de negocio de 5 millones de euros en 2019 a 9,6 en 2020.



























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