GREGORIO VIERA
Esta frase, atribuida a Pitágoras, debiera martillear a quien o quienes sin tener algo mejor que decir, se encargan de interpretar lo que la ciudadanía dice, cuando libremente deposita su voto en las urnas elección tras elección.
La aritmética es la aritmética y cuando a pesar de ella, se pretende justificar acciones para que la misma cumpla con nuestro más intimo deseo, dando explicaciones para acallar conciencia más que, la de ofrecer un relato que vaya en consonancia con un proyecto, nuestro proyecto.
Al final se trata de eso, de nuestro proyecto de vida, de como queremos que los demás nos vean, justificamos acciones amparándonos en decisiones ajenas, que son deseos propios y, así evitamos tomarlas nosotros. Por doquier escuchamos expresiones como, por el bien de.., lo demanda las urnas.., la gente lo pide a gritos.., me han llamado para que tome las riendas.., la situación es insostenible.., y así un largo alegato para encubrir una pasividad dejando que sea el tiempo el que ponga las cosas en su sitio o en nuestro sitio, marianismo puro dirían. Incluso en estos tiempos de tribulaciones, que debieran ser mas de silencios, hablamos en tercera persona, con el mayestático, como si todo lo que ocurre fuera por ciencia infusa, como se diría, por generación espontánea y nosotros, un accidente porque estábamos ahí, sin más, sin recocer que enviamos a otros a realizar el trabajo de trinchera, incendiándola si hiciera falta.
Los silencios son buenos, sobre todo, cuando dejamos de escuchar el murmullo, los soniquetes repetitivos de quienes bombardean nuestro ego para insuflar expectativas, sus propias expectativas; esos soniquetes que dicen más de sus pretensiones que de lo verdaderamente importante, tu silencio. No me corresponde a mi analizar ningún pacto, ya en el 2015 participe en la negociación de un pacto de progreso, donde lo obvio, lo coherente y lo necesario son factores que están sobre la mesa para lograr lo mejor de cada uno en un tablero llamado pacto. Lo obvio es la aritmética, pura, sencilla y clara, lo coherente es la ideología programática y lo necesario ya se vertebra en su significado en si mismo, es lo que hay que hacer para sacar a un pueblo, a una ciudad, a un territorio adelante.
Rara vez se dan esas premisas, se dio en el 2015 y fracasamos, ese fracaso sigue aun en la retina y en el subconsciente de una ciudad que quiere asomar la cabeza y respirar por si misma, no se trata de buscar culpabilidad, de todos lados surgieron los problemas y como bien dice el refranero español: “entre todos lo matamos y el solo se murió”. Por eso, cuando analice en su municipio que fuerzas políticas han sacado actas de concejales y concejalas y en que número para saber los apoyos y, donde han sido, su ideología, relación pública entre esas fuerzas, relación con la población, filias y fobias, comprobará que, no siempre lo obvio es lo coherente pero si lo necesario, o por el contrario, lo necesario ni es obvio, ni es coherente. Es un juego al cual les invito, claro que hay más factores, muchos más factores, porque no he introducido el personal, el querer ser a toda costa.
Hace poco, en una reunión en la que la política no tenía que inferir en la misma, se me acercan para plantearme una serie de premisas que se daban en un municipio concreto y como se articulaba un pacto, dada la situación del mismo y la correlación de fuerzas que el 26M había dado; fue cuando recordé a alguien muy querido mío que hacía poco me había llamado la atención con su propuesta de silencio, una de las frases que sacó a la luz y despertó en mi la atención fue “cállate o di algo mejor que el silencio” de Pitágoras; me vino a la memoria, como un déjà vu, todo lo ocurrido hasta la fecha, el recorrido político de las acciones realizadas, las decisiones acertadas o no, las relaciones personales, me dije, nada es igual y todo parece repetirse. Sin quererlo en esa conversación me hice a un lado.
Si, me hice a un lado, sin querer entrar a debatir ninguna cuestión que pusiera en riesgo mis horizontes, mis expectativas, sin más pretensión que la de seguir descubriendo que hay vida después de la política, donde nos espera mucha gente, donde se confía en uno por lo que hace, no por lo que dice, solo les pedí que analizarán lo obvio, lo coherente y lo necesario de los pactos y ante eso y sus miradas me dije para mi adentro, me callo porque no tengo nada mejor que el silencio…
Con la pluma del Faycán.
Gregorio Viera Vega es activista social y concejal de la oposición en el Ayuntamiento de Telde por el PSOE.


























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