GREGORIO VIERA
No es fácil elegir el camino a tomar, pero casi ninguno de los caminos que la vida nos va proponiendo, sobre todo cuando a tu alrededor hay disparidad de propuestas, algunas más atrevidas que otras, lo son.
Pero en algún momento debemos pararnos y reflexionar hasta dónde nos ha llevado el camino que hemos elegido. Y no hablo de política precisamente, pues los ideales no están sometidos a la rigurosidad debida, y en algunos casos, más de lo habitual diría, esos ideales no soportarían la prueba del algodón.
Dejo a un lado por tanto el camino político, que los hay y me adentro en esos que elegimos en la vida, en ocasiones amparados por el devenir diario sin más y otros, que después de un análisis personal decidimos que ese, precisamente ese, camino es el nuestro y no por ello acertar en la elección, otras veces, lo hacemos y de que manera. Hace uno días, celebrando precisamente el día internacional de la lucha contra el sida, tomé un camino personal, un camino que estaba ahí dispuesto a que lo atravesara y sin embargo hasta ese día no me había dado cuenta que a veces te aferras a cosas, olvidando que la lucha, tu lucha, va más allá del activismo social centrado en un colectivo o colectivos sociales.
El camino nos tiene que llenar de vida, de alegría, de poder compartir con quienes tenemos a nuestro alrededor todas aquellas propuesta que nos ayude a crecer como persona y como no a contribuir, también, al crecimiento de quienes te rodean. Nos empeñamos continuamente en aparentar lo que no somos, en sucumbir a quienes desde una posición privilegiada, aprovecha la misma para iluminarnos dicen, cuando en realidad, si escavas un poco en su repertorio es su propia ceguera la que les conduce a pedir a otros que hagamos lo que no son capaces de hacer, cobardía sin más.
Esos senderos que a lo largo de la vida se han ido cruzando; compromiso, honestidad, coherencia, que se van mezclando con valores como la solidaridad, la responsabilidad, la humildad, la gratitud o el perdón mismo, son aspecto positivos de los valores, que nos permiten luchar por los Derechos Humanos allá donde estemos, haciendo posible que esa lucha sea generalizada, estemos donde estemos. Se trata de ser honestos con nuestras vidas y por lo tanto con la vida de quienes nos rodean. Esos valores son universales, sin importar cuales son nuestra creencia, raza, lengua, color, ideología, orientación o nuestra identidad. Esos valores tienen que ser flexibles, que produzcan bienestar, con cierta durabilidad y sobre todo que sean satisfactorios. Ese camino que nos conduce por los valores éticos y morales, donde contrarrestemos los aspectos negativos de quienes vociferan a lomos de la injusticia, la insolidaridad y la exclusión.
El camino emprendido tiene que ver con la lucha solidaria, la diversidad, la pluralidad. Encontramos la riqueza en la multiplicidad de opiniones, valores, gustos, evitando la monotonía y la uniformidad que muchas veces nos conducen a la violencia, a la intolerancia. Hay que encontrar el camino que nos aparte de la intransigencia, del sectarismo, de la exclusión, evitemos que nos conviertan en fanáticos de ideales rancios, de prejuicios con respecto al otro.
Atesoramos como pueblo una riqueza extraordinaria. Nunca hemos sido un pueblo que segrega, que separa, conservamos una energía intrínseca y muy dinámica, que tiene la particularidad de no seguir las leyes de la ciencia. Se nos define como pueblo solidario, con valores que pasan de generación en generación, valores que son inalterables pues nos definen como pueblo. Todo ese conjunto conforman la infinidad de senderos que trazan nuestras vidas y en ese conjunto de gran riqueza, los valores humanos que han irrumpido con fuerza en las últimas décadas se ven amenazados por ideales que atentan contra la dignidad humana, a cuales tenemos que combatir con fuerza y firmeza, con vehemencia, anteponiendo los derechos de las personas sin tener que exigirles la pureza del RH, elijamos el camino de la perseverancia, la hospitalidad y la decencia, mantengamos ese espíritu de ser un pueblo migrante y sobre todo, elijamos el camino que nos saque de la oscuridad ...
Con la pluma del Faycán.
Gregorio Viera es concejal del Ayuntamiento de Telde en la oposición por el PSOE y activista social.




























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