El Mercado de Telde nació con polémica en 1987 y sigue 31 años después envuelta en ella. Fue el 19 de mayo de aquel año cuando se inauguraba el entonces moderno edificio en la calle de Poeta Pablo Neruda.
Aquel día, los comerciantes se negaron a vender sus mercancías como medida de protesta por las reducidas dimensiones de los espacios y el elevado coste de los puestos, 50.000 pesetas.
La inversión en su construcción ascendió a 200 millones de la antigua moneda. La mayor parte de ese dinero lo afrontó el Ayuntamiento con fondos propios y con un préstamo del Banco de Crédito Local, según la prensa local de la época.
Desde entonces -solo basta con consultar las hemerotecas- el recinto público levantado en terrenos cedidos a la ciudad por el benefactor Federico Betancor Oliva, médico que se ganó el apreció de su urbe natal, no ha dejado de ocupar páginas y páginas de los periódicos.
El equipamiento que se presentaba como ejemplo de modernidad se fue quedando viejo con el transcurrir de los años y pocos, muy pocos, se preocuparon de prestarle el mimo necesario, ni los políticos ni los puesteros.
En todo este tiempo hasta hoy, solo alguna que otra intervención de lavado de cara. Mientras tanto, su instalación eléctrica se iba quedando obsoleta, el volumen de aparatos conectados a la red superaba lo permitido y, así, un sinfín de deficiencias acumuladas que fueron aumentando los riesgos en una construcción que hace muchos años que demanda a gritos una rehabilitación integral y que políticos de siglas que sufren de amnesia cuando les interesa plantearon incluso quitarse de encima su gestión y traspasarla a manos privadas.
Después de tantos años de abandono, el actual Gobierno quiso coger el toro por los cuernos y se aventuró a programar la mejora general del inmueble de dos plantas y así destinó a este proyecto una inversión de algo más de millón de euros de los fondos del Fdcan.
Sin embargo, la negligencia de unos y la indolencia de otros, sumadas a las trabas burocráticas, han venido demorando de forma inexplicable lo que debía ser una prioridad absoluta en unos momentos en los que sobre este inmueble municipal pesaba como espada de Damocles las advertencias de Industria sobre el alarmante estado de su instalación eléctrica.
Una contingencia que no es nueva, pero que ahora, a tan solo 15 días del traslado de los puestos al Área Polivalente de Narea, ha cobrado de repente más peso para los técnicos de la Consejería de Industria del Gobierno regional, implacables a conceder más aplazamientos para la resolución de esta grave deficiencia.
Y llegó el día que nadie esperaba pero que administración local y puesteros temían desde hace años. Ayer se procedió al corte del suministro eléctrico y los comerciantes han tendido que sacar de prisa y corriendo sus mercancías, la mayoría perecedera, e intentar venderla para evitar pérdidas cuantiosas.
Le faltó tiempo al PP para pedir dimisiones, haciendo un ejercicio de cinismo político al olvidarse de la responsabilidad que como partido gobernante en dos mandatos en Telde (2003-2007 y 2011-2015) ha tenido en la grave situación a la que ha llegado el Mercado Municipal de Abasto, un estado del que es corresponsable, sobra decirlo, los ejecutivos que precedieron y sucedieron a los populares y también el Pacto actual, los que los sustentan actualmente y los que lo conformaron desde 2015 hasta su marcha.
Aquí no se escapa nadie, pero como en Telde la autocrítica no se practica lo mejor que saben hacer nuestros políticos es echar balones fuera y descargar la culpa de lo sucedido en los otros, en un claro insulto a la inteligencia ciudadana que sabe perfectamente que los otros fueron ellos.
Por eso nos quedamos con el análisis comedido que hoy hizo en el programa El Mostrador de Ezequiel López el portavoz y candidato a la Alcaldía por Más por Telde, Juan Francisco Artiles, quien, por cierto, tiene vetado a este periódico digital por lo que entiende críticas a la marcha de su grupo de los plenos en los que se abordan asuntos relacionados con La Mareta.
Pero ese es otro cantar. En lo que nos ocupa, Artiles se mostró crítico, como no podía ser otra manera, con la gestión reciente de todo lo relacionado con el inmueble de la calle de Poeta Pablo Neruda, pero tuvo la suficiente altura de miras para separar la paja del trigo y pregonar que no es momento de buscar responsabilidades sino entre todos hallar una solución para que la rehabilitación del Mercado Municipal sea una realidad cuanto antes y que los puesteros encaren lo mejor posible el tiempo que duren las obras. Por eso, se alejó de forma clara de la oportunista, más que oportuna, nota del PP que este periódico avanzó al mediodía.
Hoy, Artiles evitó hacer sangre como lo hicieron otros portavoces en sus intervenciones públicas. Alguno en un claro ejercicio de irresponsabilidad llegó a insinuar que detrás de todo lo ocurrido en estos días estaba el interés del Gobierno local de desplazar hacia los grandes centros comerciales a los clientes habituales del Mercado Municipal.
Penosas, por no calificarlas de otra manera, han sido también las insinuaciones sobre la no presencia de la alcaldesa Carmen Hernández en el debate público generado en las últimas horas por el polémico cierre, sabedores de que la primera mandataria se encuentra de baja médica en su domicilio y que en estos momentos la vicealcaldesa Celeste López es la que está al frente del Ayuntamiento.
Por ello, hay que poner en valor el gesto de Artiles en una jornada para olvidar por los efectos negativos para los puesteros y el uso partidario que algunas siglas han querido hacer de un hecho desgraciado para decenas de familias teldenses.


























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