TELDEACTUALIDAD
Telde.- El concejal socialista Gregorio Viera continúa desgajando los siete pecados políticos en su espacio de opinión semanal. En esta ocasión, el edil dedicaba este jueves su comentario Con la Pluma del Faycán en El mostrador de Ezequiel López al “hambre de poder” y la “gula” de aquellos que quieren llegar a las instituciones a cualquier precio, a través de presiones y manipulaciones y dejando de lado los argumentos o la ideología.
Con la Pluma del Faycán
El hambre de poder. La gula.
(12 de mayo de 2016)
Buenas tardes a todas y todos. Gracias por compartir una tarde más un comentario con otra visión, otros ojos, otra pluma. Hoy, ‘Los siete pecados políticos - El hambre de poder. La gula’.
El placer desmedido del poder por el poder produce un desorden en el ser humano que nos lleva a perder el control. El hambre de poder, o gula política, produce ansiedad, mostrando la incapacidad del sujeto, que se materializa en inestabilidad. La propia conciencia es anulada y no se presta atención a las personas que se tiene alrededor.
Probablemente la falta de control en el hambre de poder nos lleva a incapacitarnos para ordenar otros hábitos mentales. La utilización del poder para controlar las voluntades ajenas es lo que nos ha llevado a un excesivo control humano por parte de seres superfluos que han acumulado poder como fuente de azote y de reparto de limosnas a quienes les han reído la gracia. El instinto animal de supervivencia se activa, oscureciendo la razón. Sacamos el animal que llevamos dentro.
Estos seres maquinan en su beneficio, haciendo que la soberanía popular apruebe instituciones que ponen el poder en manos de una oligarquía, sometiendo además a medios de comunicación y creando un periodismo mediatizado que afecta a la política, a los hábitos y a la vida cotidiana. Este hambre de poder o gula política es lo que en la sombra, y a veces no tanto, intenta mediatizar para construir y mantener una imagen proactiva y eficiente.
Manipulan, por esa hambre de poder, los pensamientos, las acciones y no miden sus consecuencias. Toda acción tiene su reacción y no somos capaces de reconocer cuando manipulamos para que la realidad se transforme en nuestra realidad.
Últimamente vemos como quienes tomaron una decisión para restringir derechos de la ciudadanía, se erigen en defensores del estado del bienestar, o simplemente alguien que participa en el cierre de las escuelas infantiles de Telde alza su voz y pancarta para que se reabran las mismas escuelas que se cerraron gracias a su voto.
Ese es el hambre de poder o gula política, que manipula, ejerce presión y nos convence de que su posición es la adecuada. La democracia está llena de necios manipuladores que lo único que les interesa son los resultados, da igual la ideología o los argumentos. Eso, los argumentos, no les interesan.
Con la Pluma del Faycán
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