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José Carlos Martín Puig (Foto TA) José Carlos Martín Puig (Foto TA)

Blanco sobre negro: Una de arrolladores y arrodillados

TA ofrece una reflexión del sociólogo José Carlos Martín Puig

cojeda Lunes, 14 de Marzo de 2016 Tiempo de lectura:

JOSÉ CARLOS MARTÍN

Nunca es buena noticia que un proyecto con loables objetivos colectivos se debilite. Más si cabe, en una ciudad como Telde, tan necesitada de recuperar su definitiva estabilidad para, desde ahí, afrontar en mejores condiciones la dificilísima e ingente tarea de dar solución a sus muchos problemas y desafíos.

 

Quiero creer que ha sido precisamente la colosal dimensión de esos retos, la que tiene buena parte de culpa del desenlace final del que hemos sido testigos esta semana y que ni siquiera sus protagonistas más directos, tendrán sensación de haber ganado nada sino de haber perdido un poco todos. Aun así y sin pretender insultar la inteligencia de nadie, porque no me gusta tampoco que lo hagan con la mía, me gustaría compartir en voz alta un par de reflexiones por si a alguien pudieran servirle y así dejar blanco sobre negro en mitad de tanta calima política.

 

Había oído reparos y vetos para fundamentar o repudiar toda relación con un político o partido concreto en Telde, pero esgrimir como razón para abandonar un gobierno el carácter arrollador de alguien, situarlo como defecto insuperable y preferir ejercer la oposición a gobernar por ello, me genera cuando menos perplejidad. En una ciudad como Telde, donde se han sufrido las consecuencias de alcaldes que han declarado, incluso ante un juez, el no saber que hacían sus concejales mientras otros robaban o donde la figura de la primera autoridad ha sido otras veces ninguneada por sus socios e incluso asesores, que alguien pretenda ahora coordinar, dirigir, encauzar o controlar las delegaciones que sostienen ese gobierno, aunque sea de pacto, resulta de una lógica, sentido común y responsabilidad aplastantes. Entre hacerlo con una actitud arrolladora, una mendicante o incluso otra de manual de alta escuela de negocios, seguro que habrá disparidad de criterios y estilos, pero lo que no admite muchas dudas es que no parece estar el horno socio-económico local para perder tampoco el tiempo en ronroneos, dilaciones y juegos de tronos por el camino. 

 

No hace ni un año que escuchaba a todos los protagonistas de este desencuentro, espetar al anterior gobierno su carácter de reino de taifas. ¿Es que acaso ahora sí cabría dar carta de naturaleza a otro reino de taifas por ser un pacto distinto?¿Qué fina línea roja superaba aquel reino de taifas que no alcanzaría ahora este pacto, si cada partido se encerrara en sus áreas de gobierno, sin que nadie coordinara y dirigiera su común funcionamiento y metas?.¿Qué se debe esperar de un alcalde o alcaldesa de un gobierno de pacto si no es precisamente ese rol?¿Es que acaso ese no es el mandato que se le exige por ley o aquel que se desprende de los apoyos que se le dan en su investidura?

 

Se criticaba entonces al gobierno anterior y ahora a todos esos llamados “de consenso”, que gobernar no es lo mismo que sostener un gobierno. Se criticaba y critica, por ciudadanos y creadores de opinión, que un gobierno que en realidad tiene varios en su seno no gobierna sino compite y que quien está al frente de ese desatino peca por inacción si lo consiente, porque no es verdad que mejore por ello su efectividad. Por eso no entiendo a quienes convierten ahora en un problema lo que antes demandaban con fricción. No entiendo el lamento, cual “socorridas” plañideras, que tilda de error lo que sí que supone un cambio a mejor con respecto a pactos anteriores, salvo que en realidad a lo que aspiraran en el fondo algunos es precisamente a que esto de Telde fuera un recambio sin más.

 

Si la política recuperara su otrora altura, las ideas prevalecerían sobre los partidos, los objetivos comunes sobre las aspiraciones personales, el alivio del sufrimiento humano de muchos sobre las susceptibilidades particulares pero, mientras esa catarsis no llegue para quedarse, al menos el sentido común debe imponerse y a quienes les va el sueldo y el cargo en ello cumplir lo que tienen comprometido y mandatado por las urnas. Creo que como argumento para cumplir las indicaciones de un buen manual de inteligencia emocional lo de frenar las personalidades arrolladoras vale, pero para abandonar un gobierno que tiene ante sí tantos retos y problemas honestamente no. Me parece simplemente o no estar a la altura o sufrir el mal que da a quienes suben demasiado deprisa a ella.

 

La búsqueda del consenso es consustancial a la democracia. Al menos para aquella democracia inspirada por los filósofos griegos. Sin embargo, en la práctica, se ha demostrado que esta búsqueda tiene mucho de pura teoría y menos de razón pura. En su versión moderna, el consenso se nos ha querido mostrar de muchas formas, colores y sabores, pero en todas ellas ha estado presente una retranca viciada de fondo que pasa por edulcorar de interés general fines que no son de tal naturaleza para, la más de las veces, mostrarse como un “pactemos para que nada cambie”. Sirva de ejemplo la famosa Ley del Suelo de Canarias, tildada de “instrumento que romperá con la maraña burocrática interinstitucional  que hasta ahora ponía trabas al desarrollo económico” (ATI dixit), pero que, en la práctica, devolverá a un concejal de urbanismo y planeamiento, muchas atribuciones de triste recuerdo y demoledoras consecuencias para el medioambiente canario y la salud ética de nuestros ayuntamientos. Hasta para eso, este pacto que Más por Telde abandona ahora, se había encaminado mejor que otros, delegando en personas distintas (incluso del mismo partido), las áreas de urbanismo y planeamiento, sin que las actitudes arrolladoras fueran un problema entonces y un enfoque integral de la sostenibilidad fuera el pegamento común. Por eso hay cosas que siguen sin entenderse del todo… o sí.

 

Conozco desde hace años a quien hoy es Alcaldesa de esta ciudad. Fui compañero suyo cuando era otro el gobierno y ella detentaba las competencias delegadas de educación. No fui el único en comprobar entonces el sello personal, también de equipo, pero sobre todo de máxima autoexigencia que imprime a sus actuaciones. He tenido con ella sustanciales diferencias de criterio y discrepancias abiertas, por lo que, en conjunto , creo poder hablar con conocimiento de causa, cuando digo que, para una ciudad como Telde, con la ingente tarea y problemáticas heredadas que tiene enfrente su gobierno, no me parece que esa personalidad arrolladora que se le atribuye pueda ser tildada precisamente de obstáculo. Diría incluso que es una fortaleza y una oportunidad para que esta ciudad pueda retomar de una vez no sólo un buen gobierno, sino uno sólo y en buena dirección. Así lo expresé en Mayo de 2015 y así lo sigo creyendo, para Telde, porque la cuota de “más de lo mismo”, sinceramente, ya ha dado lo que tenía que dar y para mal.

 

Sólo hinca su rodilla aquel que quiere arrodillarse. No son tiempos para arrodillarse sino para ponerse definitivamente en pie.

 

José Carlos Martín Puig es sociólogo.

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