La naturaleza una vez más nos ha demostrado su carácter indomable. El terremoto de Turquía y Siria nos sacude y nos recuerda que estamos sometidos a sus designios y leyes implacables. Todo es provisorio y contingente. Nada podemos hacer para evitar catástrofes naturales como un terremoto o la explosión de un volcán.
Ante este hecho inexpugnable y terrible, la muerte de más de veintiún mil personas por el momento en Turquía y Siria a causa del terremoto, nos queda un pozo de tristeza y el recurso de la compasión, es decir, el sufrimiento que nos provoca el dolor ajeno. Pero este sentimiento no debería quedarse ahí sino llevarnos a la acción, es decir al movimiento voluntario de querer hacer algo por ayudar a las personas que sufren, a esto le llamamos solidaridad. A pesar de esto, cada vez somos menos solidarios, quizás a causa del bombardeo constante de imágenes, tal como con la guerra de Ucrania y no hace sino adiestrarnos en la ataraxia.
En un mundo hiperconectado, a solo un clic de conocer y situarnos por internet en cualquier lugar del mundo, la realidad se confunde con una serie o una película lejana. Pese a todo, la solidaridad procede del individuo o de los países exteriores. Al estado donde acaecen los hechos no sólo se le debe demandar compasión y solidaridad sino acción y recursos materiales y humanos para paliar la catástrofe.
Sucedió con la explosión del volcán de la Palma. El asombro y la solidaridad se dispararon en las primeras semanas. Todos los líderes querían estar allí, a pie del volcán, prometiendo y ofreciendo toda la ayuda y recursos necesarios. Pero las promesas de las autoridades suelen estar sujetas a la actualidad, dejan de serlo cuando el cansancio de las imágenes ya no es una novedad pues, siempre habrá otro suceso que sustituirá y dejará en el olvido al anterior y, donde lo que se ha prometido en el pasado, queda en el pasado.
En el volcán de la Palma, fueron más de 2.300 las personas afectadas que vieron como su vivienda fue sepultada para siempre por las coladas de lava. En la actualidad solo se han entregado 139 viviendas, más de 200 personas siguen esperando y otros tantos siguen viviendo en hoteles. La solución que ha encontrado el Gobierno Canario ha sido la de ofrecerles contenedores marítimos convertidos en vivienda; que se dicen quieren ser provisionales.
Pero hace tiempo que sabemos lo que significa “provisional” en palabras de un dirigente. Sirva de ejemplo, las innumerables aulas y centros educativos de Canarias fabricados en barracones, container de hierro y cartón, para albergar a los alumnos que no cabían en los Centros Escolares. Fueron construidos de manera “provisional” y ahí siguen, después de más de veinte años.
Nada o poco se puede hacer para controlar o prever los efectos devastadores de la naturaleza, pero aliviar sus consecuencias, cuando se trata de los más necesitados debería ser una prioridad, que no quede en bonitas promesas, que la realidad se encargará de desenmascarar en unos meses.
Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura y escritora.




























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.140