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Sábado, 24 de Enero de 2026

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Indiferencia

direojed Domingo, 04 de Diciembre de 2022 Tiempo de lectura:

El hombre contaba las monedas de céntimos en la caja del supermercado. La cajera esperaba pacientemente a que depositara con los dedos temblorosos las monedas sobre su mano. Quienes esperábamos en la cola mirábamos hacia otro lado. Si le falta se lo daré, pensaba. Tardaba mucho, todos parecían tener tanta prisa como yo. Noté que nadie a mi alrededor miraba aquel hombre y a la mujer que le acompañaba. Habían comprado un paquete de pañales y un bote de leche en la caja del supermercado. Una especie de vergüenza nos había invadido a todos, o al menos eso quise creer.

 

Esa misma mañana había leído que varios ayuntamientos habían gastado quinientos mil euros en un congreso de funcionarios; quinientas mil euros en fiesta, con coches de lujos, champán, música y hoteles de lujos al borde de la playa. Un dispendio en fiesta, faustos y boatos con dinero público. La alcaldesa de San Bartolomé justificaba los gastos porque eran buenos por los beneficios que supondría para el turismo. El presidente del Cabildo, el presidente del Gobierno, el resto de políticos que fueron invitado, y los demás responsables “mutis por el foro”. Nadie sabía nada, ni quién había permitido esos gastos. La última responsable era la interventora. Pensé en el hombre que contaba los céntimos en la caja, en la mujer arrebolada de vergüenza esperando a que su marido pagara.

 

llegué a casa busqué en el Google el nombre de la señora interventora. En su página de Facebook encontré solo dos fotos abiertas. En una de ellas, aparecía recostada en lo que parecía un hotel de lujo, glamour blanco para una mujer rubia platino; en la otra un zapato de diamantes, que era la imagen misma de la ostentación. Busqué algunas entrevistas y encontré una, de hacía unos años, donde reconocía que en el ayuntamiento del sur de la isla había tanta corrupción como en los buenos años de Marbella.

 

Busqué de nuevo en internet para saber de qué había servido El I Congreso de funcionarios, entendí que era una formación para que los funcionarios aprendiesen cómo controlar y gestionar el dinero del ayuntamiento.

 

En la radio, en medio de las noticias del Mundial, las consignas victoriosas del gobierno, los niveles de ocupación turística eran ya previos al coronavirus y España era el país de Europa con menos inflación. Canarias continuaba con la bolsa de la compra más cara del país.

 

Leo sobre el discurso del odio que se ha instalado en Europa y pienso si acaso no es peor la indiferencia, instalada para siempre en nuestras vidas.

 

Aquí, por ejemplo, ya nadie se sorprende de nada. Ni siquiera que un meteorito caiga por dos veces en espacio insular. Miré al cielo. En alguna parte, un hombre contaba los céntimos que le quedaban.

 

Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura y escritora.

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