Amigos lectores-as, de nuevo el próximo miércoles, 17 de Febrero, millones de cristianos-as comenzamos a vivir el tiempo de Cuaresma oyendo al recibir la ceniza “Acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás”. El Papa Francisco nos anima este año a vivir “una Cuaresma de Caridad" cuidando a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, abandono o angustia a causa de la pandemia del COVID- 19”.
Sepamos que la Cuaresma siempre nos invita a renovar la Fe, la Esperanza y la Caridad sabiendo dejar a un lado ansiedades para así prestar atención, regalar una sonrisa y poder decir una palabra que estimule en medio de tanta indiferencia.
Les invito a leer a Juan, cap. 4,10, donde veremos que, la Samaritana que está junto al pozo, pide a JesuÌs que le deÌ de beber y ella no comprende que el Señor le ofrece un “agua viva”. Sí, al principio, la mujer piensa naturalmente en el agua material, mientras que JesuÌs se refiere al Espíritu Santo que es quien infunde en nosotros la Esperanza que no defrauda.
Amigos lectores-as de Telde Actualidad, estamos viviendo este tiempo en el que parece que todo es frágil e incierto, y que hablar de Esperanza podría parecer una provocacioÌn, pero no olvidemos que la Cuaresma nos anima a saber Esperar y a volver la mirada a Dios que sigue cuidando de todos nosotros, mientras que nosotros a menudo le olvidamos. Abramos la 2º carta de S. Pablo a los Cor. 5,20 donde él mismo nos anima con pasión a reconciliarnos con Dios, sabiendo que, al recibir el Sacramento de la Confesión, también nosotros nos convertimos en difusores del perdón que nos invita a vivir una Pascua de fraternidad.
Veamos que de nuevo la Cuaresma nos anima a estar más atentos a “decir palabras de aliento que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan”, en lugar de “palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian” (Fratelli tutti 223).
Amigos-as, les deseo a todos una Cuaresma que nos ayude a Esperar y a saber Amar como camino de conversión animada por el soplo del Santo Espíritu cuya fuente inagotable es el corazón misericordioso del Padre.
Francisco Martel es sacerdote y párroco.

























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