Amigos lectores-as, estando en Brasil tuve la suerte de estar colaborando pastoralmente 2 años en la región de Mato Grosso donde vivía el obispo D. Pedro Casaldáliga, el religioso español claretiano, escritor y poeta de Cataluña que permaneció gran parte de su vida en aquella región.
Muchos sabemos que él estaba vinculado a la teología de la liberación y que fue siempre el gran defensor de los derechos de los menos favorecidos declarando: “Me llamarán subversivo y yo les diré: Lo soy, por mi pueblo en lucha”.
El gran D. Pedro, sacerdote claretiano, después de ser nombrado obispo, empezó a sufrir amenazas por parte de los terratenientes de la región como también del régimen militar existente en ese momento en Brasil y ello por defender a los más pobres. Les recuerdo que el sacerdote João Bosco, su vicario, fue asesinado por unos sicarios que le confundieron con el mismo Casaldáliga, pensando que quien vestía sotana era D. Pedro.
Me imagino a este gran apóstol entrando en el Cielo después de sufrir algunos años la enfermedad de Parkinson y habiendo sido un gran atleta cuya Fe le dio fuerzas siempre para luchar a favor de los derechos de los más desfavorecidos. Sí, él tuvo en algunas ocasiones que ser trasladado a lugares desconocidos al recibir amenazas de muerte por ser el gran defensor de los pobres indios Xavantes.
Amigos-as, pidamos a D. Pedro Casaldáliga, voz de los campesinos sin tierra y de los pueblos indígenas que desde el Cielo nos dé su bendición para saber nosotros saber defender siempre a los sin voz.
Francisco Martel es sacerdote y párroco.

























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