Recuerdo que, en 1992, tras un accidente de moto muy grave de un hijo mío, uno de mis pensamientos unido a mis rezos al verlo postrado en la U.V.I. era: “Que pase un año Dios mío, que pase un año”. Quería que pasara el tiempo con un chasquido de dedos y ver el resultado de aquel día traumático tras su etapa de recuperación.
Pero el tiempo se compone de horas, días, meses, años y estar vivo significa que hay que vivirlo. El tiempo pasó y gracias a Dios hoy lo veo tan bien a mi hijo que, me parece que los años transcurridos -que no ha sido un año sino veintiocho-, han pasado en un chasquido. Diferente sería si el resultado no hubiera sido el que es.
Con esto quiero decir que, cuando estamos pasando por momentos duros, que pareciera que no van a tener un buen final y nos desesperamos porque todo esté y sea como antes, yo me acuerdo de mi tía Paquita que me dice: “Yo procuro estar bien, porque si yo estoy bien, también lo estarán todos los que me rodean”. Mi tía es muy sabia y yo aprendo de ella.
Ayer hablaba con una amiga que traía una carga de negatividad encima que cuando me hablaba hacía que yo sintiera ese peso en mí, Era como decir: “mira lo que pienso yo, ahora te lo digo para que tú también te sientas tan mal como yo”. Y es que leen todo lo que mandan por wasap y oyen toda esa carga de política, que están temerosas y protestones todo el día. La escuchaba decir: “que si dicen que nos quitan las pensiones, yo que he estado trabajando tantos años…” no voy a decir más porque solo esta preocupación le dio para bastante tiempo. Realmente, si la llegaran a quitar sería otra catástrofe, puesto que hoy esas pensiones son el sostén de muchas familias. Pero no podemos poner tirita antes de hacerte la herida, de nada sirve preocuparte antes pues, ya vendrá un durante y un después.
No cabe duda de que algunas veces a lo largo de nuestras vidas hay que pasar por momentos muy críticos, dolorosos y muchas veces “casi” imposible de soportar, pero está claro que, en tu actitud está el que tu paso por la vida sea más llevadero o que en tu andar arrastre una pesada piedra que no te deje avanzar, nunca hay que perder esa fe que mueve montañas, porque vivir miedos y temores solamente empeora tu cuerpo y tu mente y eso lo transmites a tu entorno. Sinceramente, ahora que ha pasado tantos años me doy cuenta de que mi decisión de ser positiva en ese momento me ayudó y creo que ayudó a mi familia a que el mal trago fuera más digerible. No obstante, en ocasiones -y de eso estoy convencida al ver a mi hijo hoy día-, los milagros existen.
Ana Chaceta es escritoa y poeta.
http://cuentosdelaabuelitaana.blogspot.com


























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