Los corredores de larga distancia tienen sus momentos de decaimiento, de cansancio y, en muchos casos, sienten deseos de abandonar y de rendirse. En esas carreras, la resistencia mental es casi más importante que la física.
Nosotros estamos inmersos en ese reto y ahora mismo, además, nos encontramos en esos tramos intermedios, lejos de la salida y sin ver aún la cercanía de la meta, en los que cuesta mantener el ritmo, la respiración y el vigor suficiente para que nuestras piernas sigan adelante.
Los grandes corredores son los que han vencido muchas veces ese decaimiento. Luego saben que los metros finales serán una fiesta, otra prueba superada, un aprendizaje nuevo de la vida, la certeza de que si resistimos y luchamos siempre se llega a la meta deseada. Da lo mismo que esa meta, como el horizonte del mar, nos parezca muchas veces que no se alcanza. Siempre se llega si no se desespera y si somos conscientes de esos inevitables titubeos del cuerpo y del alma.
No le hagas caso al público, sobre todo a ese público chillón, insultante y pendenciero, que ha ocupado las aceras en este tramo del recorrido. Ellos no conocen la fuerza del deseo, la entrega, ni tampoco saben que esta carrera realmente la estamos corriendo para intentar que se salven otros. Piensa en ellos cuando aparezcan los desfallecimientos. Aprieta los dientes, recupera la serenidad y sigue adelante con la mejor de tus sonrisas. Ya luego tendremos tiempo de analizar todos los detalles de esta carrera. Si te detienes ahora, perderemos todos.
Santiago Gil es periodista y escritor.


























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