Tiempos difíciles, situación extraordinaria y extremadamente complicada para todos. Especialmente para los más necesitados, para los que viven en precariedad, para las familias hacinadas en pequeños pisos, o para mujeres que sufren maltrato de género. Algo tendremos que aprender de todo esto.
Alguna enseñanza saldrá de tanto sufrimiento si queremos prevenir futuras pandemias.
Bille Gate lo adelantó en 2015, las guerras actuales no vendrán en forma de bombas atómicas sino de organismos microscópicos, de virus muy contagiosos, como está ocurriendo ahora.
Tiempos, también, de discernir lo que es verdaderamente importante de lo que no. Desgraciadamente, situaciones como estas nos hacen comprender la relevancia de la salud. La vital prioridad que supone para un estado un potente sistema sanitario. No podemos permitirnos que médicos, sanitarios y profesionales de la salud estén en la trinchera, sin material, desprotegido y arriesgando sus vidas.
Este contexto inesperado nos debería servir para que distingamos lo básico de lo accesorio y salga se atienda de una vez las históricas demandas de médicos y sanitarios para que pueda de esta forma salir reforzada una institución básica como esta.
Hemos tenido que llegar hasta aquí para comprender la importancia del sector primario, que Canarias abandonó hace mucho tiempo. Las demandas de los agricultores, quienes nos alimentan estos días, ante la especulación de los mediadores y sus condiciones de trabajo y salarios, nos tendrán que hacer reflexionar también, pues sin ellos, sin el abastecimiento diario de los productos básicos, no podríamos sobrevivir.
Tiempos también para calcular el valor de la educación, ahora que debemos estar con nuestros niños y adolescentes. Concienciarnos del enorme esfuerzo que supone la educación, apreciar el trabajo de maestros y profesores, no sólo en la instrucción de conocimientos sino para igualar a los desiguales, para mitigar las diferencias y hacer más justa las sociedades.
Sanidad, educación, sector primario son fundamentos básicos de una sociedad justa y democrática, que en situaciones como esta se desvelan prioritarios.
Tiempo para pensar en reconstruir un nuevo modelo de sociedad y valorar si no le hemos dado demasiado importancia al sector terciario, el turismo, que se ha manifestado sujeto a los vaivenes contingentes y caprichosos del destino.
Canarias no puede permitirse vivir exclusivamente del turismo ni sostenerse en un mercado tan volátil como este.
Tiempos de reflexionar, de cambiar modificar viejas estructuras económicas, si lo hacemos, tal vez lleguemos a tiempo para convertirnos en una sociedad más autónoma y menos sujeta a los vaivenes del exterior y contingencias venideras.
Nieves Rodríguez Rivera es profesora y escritora.

























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