Los que miramos al cielo no somos despistados que buscamos mundos nuevos más allá de las nubes o de las estrellas. También nos gusta mirar hacia los fondos oceánicos o hacia todos los horizontes que nos vamos encontrando. Quizá sea que no nos resignamos a una mirada unívoca teniendo como tenemos tantas posibilidades ante nuestros propios ojos.
Las dimensiones que no vemos se aproximan cuando uno logra buscar donde aparentemente no queda nada; pero no hace falta irse tan lejos para encontrar vetas nuevas en lo que tenemos delante, cada segundo, y también durante todo el tiempo que seamos capaces de observar hacia todas las direcciones o siguiendo el rastro de las palabras y de las melodías que nos vamos cruzando a medida que avanzamos.
Mirando hacia el cielo también logro conectar con los que un día estuvieron entre nosotros y ahora solo encontramos dejando que nuestros ojos, como aves pasajeras, logren volar mucho más lejos que la realidad que tenemos delante. Me gusta mirar hacia el cielo cuando me adentro por el barranco de Guiniguada.
Hay algunos cables que se cruzan entre el cielo azul y mis ojos y, sin embargo, lejos de molestarme, los incorporo a lo que busco y se terminan pareciendo a renglones en una hoja en blanco o al papel pautado de quienes se mueven entre notas y acordes. Hace unos días, venía escuchando composiciones de Laura Vega mientras miraba ese cielo pentagramado por los cables y, como me sucede con la música que es capaz de atravesar las dimensiones, logré volar tan alto que casi perdí la noción de donde estaba.
La música es la gran melodía del universo, el arte que más se acerca a la esencia humana, lo que dicen que conservamos cuando ya carecemos de memoria y de cuerpo, el orden de los planetas y el misterio interminable de las galaxias. Laura Vega es compositora y pueden encontrar sus creaciones si teclean en Youtube su nombre.
Les invito a que lo hagan si quieren volar lejos, y que además no se pierdan ningún concierto que incluya una composición suya o ninguna grabación que contenga la intensidad emotiva que contiene todo lo que hace. Ella es profesora del Conservatorio Superior de Música de Canarias y ahora mismo ocupa un alto cargo en el organigrama de ese espacio que es como un oasis en un sistema educativo tan alejado de las artes.
Para mí es un honor compartir tiempo y espacio con Laura, coincidir en la misma isla y poder conocer lo que va haciendo, y me alegra comprobar, además, cómo aflora el talento desde la disciplina y la búsqueda. Tuvo como uno de sus mentores a un amigo común de los dos, Xavier Zoghbi, alguien a quien debemos mucho todavía, y esa suerte la ha sabido llevar Laura a cada una de sus composiciones.
Yo me destoco ante su talento y, sobre todo, le agradezco la inmensa emoción que siento cada vez que escucho su música mirando al cielo.
Santiago Gil es periodista y escritor.

























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