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El juicio

direojed Domingo, 09 de Febrero de 2020 Tiempo de lectura:

En la novela autoficcional “Dichosos los que lloran” de Ángel Santiesteban, el autor cubano narra cómo fue encarcelado cuando tenía 17 años por ayudar a su familia a escapar de la isla. La vocación de escribir le nació allí, en prisión, en el deseo de relatar la crueldad de la vida en la cárcel.

 

En uno de los capítulos, se cuenta la historia de un anciano que entra en prisión envuelto en un halo de misterio, pues se niega a decir a los demás presos el motivo de su detención. Finalmente, acaban descubriendo que el viejo está allí por abusos sexuales a menores.

 

En ese instante, los mismos presos deciden hacerle un juicio y resuelven golpearlo, en especial uno de ellos, “le golpea con el puño por la cara y las costillas, grita, abusador y empieza a llorar, y con gestos de loco, entre gritos, dice, que fue un abuso contra esos niños ¿Cómo puede hacerlo? Sólo eran niños y eso no se cura. Es para siempre, coño. ¿Acaso no lo entienden? Es para siempre.

 

El capítulo se cierra aquí, con el grito desgarrado del preso que se revela víctima. A veces, debe pasar una vida para que las víctimas de abusos sexuales hablen. Otras, se callan para siempre. Prefieren no decir, por vergüenza, por dolor, por miedo, porque a los niños nadie les cree.

 

No concibo nada más triste ni terrible. Sin embargo, los estudios confirman la tragedia: cada tres horas hay una agresión sexual a un menor en España. Pero, se denuncia solo un 15% de los casos.

 

Recientemente, ha salido a la luz el caso de las niñas internadas en un Centro de Menores en Mallorca, quienes eran captadas por proxenetas para ser prostituidas.

 

Casualmente- no existen las casualidades- en Canarias ocurrió un hecho similar, llamado 18 lovas, hace ya tres años; las niñas residían en Centros de Menores, procedían de entornos sociales muy desfavorables; y también eran captadas por proxenetas para prostituirlas.

 

Tres años después de aquello, aún no ha salido el juicio. Tampoco se le espera, hay demasiados personajes públicos y grandes empresarios canarios implicados.

 

Los abusos sexuales a la infancia es el mayor tabú, sino el principal, que nos devuelve la cara más abyecta y monstruosa del ser humano. El sufrimiento de esas niñas, doblemente castigadas por la vida y por las propias instituciones, las mismas que deberían protegerla, debería hacernos gritar de rabia, como al personaje de la novela. Sin embargo, como sociedad, seguimos en silencio. Un silencio que nos vuelve cómplices.

 

Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura y escritora.

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