Amigos lectores-as, la fiesta de la Inmaculada Concepción nos lleva a muchos a visitar el pueblo de Jinámar del que todavía recuerdo aquellos años en los que chupábamos la caña dulce y comíamos algunos turrones rezándole también con mucha devoción a la Virgen el Dios te salve, María.
Recordemos que la fiesta de la Inmaculada Concepción tiene siglos de rodaje y el templo parroquial siempre se llena de miles de miles de peregrinos que visitan a la Virgen. Invito a los que entren en el templo a que se fijen en la imagen grande de la Virgen vestida de azul y también que observen a la pequeña que es del siglo XVI, que sigue estando en la capilla de la izquierda con el niño Jesús en sus brazos, cosa poco habitual en imágines de la Inmaculada.
De verdad que desde niño siempre me sorprendió ver a la pequeña Inmaculada encerrada en una urna y que alguien me contó el porqué la Virgen estaba encerrada. Sí, me decían que era por motivo de que ella se iba a la Marfea de noche, y que los vecinos, al encontrarla en la playa muy de mañana, la volvían a traer al Templo y la encerraban en una urna bajo llave para que no se escapase de nuevo.
Amigos, estoy seguro que muchos saben que el origen del pueblo de Jinámar data de la época prehispánica al que se le conocía por "Xinámar", y que junto a su playa alguna vez fueron encontrado restos aborígenes como viviendas e idolillos entre los que está el conocido " Ídolo de Jinámar", actualmente en el museo canario. Les confieso que desde pequeño siempre me llamaba la atención la famosa Sima ubicada en la falda de una de sus montañas, a unos 3 kilómetros del pueblo. Sí, hasta recuerdo todavía aquella vez que, en el mismo borde de la Sima, yo me encontré una llave de casa, de la que alguien me dijo que era de alguna persona de las que fueron tiradas en aquel agujero.
Amigos, con gusto todavía recuerdo a los amigos de aquel tiempo como Juan el pastor, Isaac el mundo, Pepito María el taxista, Juanito fleitas el que tomaba buenos rones en el bar Rivero, Pepe Fleitas el Sastre, Pancho el burro, Tomasito el panadero, y el gran amigo Isaac, el mudo que tocaba las campanas de la Iglesia avisando a la gente que era hora de parar de trabajar e ir a almorzar la pella de gofio con queso…
Amigos lectores-as, en este domingo, día 8, fiesta de la Inmaculada Concepción, felicito a todas las mujeres que llevan este bello nombre y les invito a todos a tener mucha fe en la madre de Jesús, la que el día 25 nos regala el nacimiento de Jesús, nuestro Salvador.
Francisco Martel es sacerdote y párroco.


























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