Dicen las crónicas que tal día como el 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón descubre el Nuevo Mundo, y que creyendo llegar a la India dio con América. En esa misma época andaban también en la tarea de acabar con la población de las islas Canarias o de llevarlos como esclavos a la península.
Y es que los españoles, como los portugueses, eso de conquistar lo llevan en la sangre. El mal llamado Descubrimiento de América y de las islas Canarias, llamemos a las cosas por su nombre, no fue tal, puesto que ambas, América y Canarias, estaban ya descubiertas. Otra cosa es que ellos no lo supieran.
En América encontraron indios y en las islas guanches, a los que no sólo engañaron, sino esquilmaron, asesinaron y llevarían como esclavos a la península. Esto es lo que se celebra hoy con enormes fastos en Madrid, bajo el paso marcial del ejército presidido por un rey fosilizado y uniformado. La exhibición pornográfica de tanta artillería pesada es sólo apta para dementes o nostálgicos de Franco.
A pesar de todo esto, los pueblos conquistados no guardamos rencor a la mal llamada madre patria, quien fue más bien un padre. La historia y sus latrocinios es lo que tiene, eran tiempos salvajes y se cometían desmanes y desatinos por toda la faz de la tierra.
Hoy nos hemos igualado: América del Sur se debate como la vieja y cansada España, contra la misma asfixia a la que le someten los tentáculos el FMI, el neoliberalismo y Trumpismo.
Mientras, al otro lado del charco, los indígenas, como está sucediendo ahora mismo en Ecuador, están saliendo a la calle a desfilar sin armas, por el derecho a una vida digna. y solo con la fuerza de la razón de quienes lo han perdido todo y ya no tienen más que perder
En España, marcial y adormecida, anclada en el mismo discurso repetido y vacuo de de alianzas neoliberales, son los militares los que desfilan en La Castellana, pavoneándose para contento de la corona y el estado, de un pasado incierto que ya a nadie asombra ni a nadie convence.
Porque la historia la comienzan a escribir, y a leer también, los pobres y desarrapados de ambos lados.
Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura en un instituto de Secundaria de Telde.


























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