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La nueva religión del ecologismo y su primer evangelio de CO2

direojed Domingo, 18 de Agosto de 2019 Tiempo de lectura:

El CO2 lo justifica todo: la forma de comer, el ejercicio, la salud, la ayuda o no al desarrollo económico, el cambio en la agricultura, en la industria, en el turismo, en las políticas sociales, en las medioambientales, en el transporte, en la medicina, en la cosmética, y un largo etcétera difícil de memorizar.

 

Todos los días, todas las semanas, todos los meses, desde hace varios años para acá, bombardean a la población mundial con miles de noticias sobre su culpabilidad ante el desastre medioambiental del planeta Tierra, que provocado exclusivamente por la codicia desaforada, sin límites, de las élites económicas mundiales, sin tan poco límite que se ha cargado el planeta enterito, ¡ahora!, quieren endilgárselo a toda la población terrestre que no ha tomado ninguna decisión sobre las explotaciones petrolíferas o de minas, o sobre la tala de selvas tropicales, o sobre la globalización de la economía y de los movimientos de capitales, en ningún momento de los últimos 200 años, esos en los que se han ejecutado toda esta serie de tropelías que la justicia de ningún país del mundo, osará juzgar.

 

Las élites económicas ante el desastre que han provocado, buscan en los científicos, en famosos actores de hollywood, en las agencias de noticias, en las cadenas de Tv, en las radios, en los directores y guionistas de cine, para que a través de un sin número de documentales “científicos” que éstos filman (Discovery Chanel, National Geografic, etc), les exculpen de tamaño desastre, buscando salir impunes de las terribles consecuencias que para toda la humanidad por las estúpidas decisiones tomadas y los errores cometidos en la dirección económica mundial durante tantos años, distribuyendo en ellos, toda la responsabilidad de éstas élites, en la cada vez, más empobrecida población mundial, a la que quieren cargar con este peso en su conciencia y en su bolsillo, además de las ya pesadas cargas económicas a las que ¡ ellos mismos! les somete día tras día, en todos los países del mundo.

 

Compasión, empatía, solidaridad son conceptos, ideas y prácticas desterradas del diccionario de las élites mundiales (eso que no enseñan a sus niños y que exigen a todos los demás), esparcida por los más de 180 países del mundo. Unidas alrededor del mundo con un único objetivo, que como el mejor pegamento fabricado por el hombre, les une sin necesidad de decir una palabra, acumulan, han explotado y siguen explotando hasta la extenuación, todos los recursos naturales y económicos posibles sin compartir nada con el resto de sus congéneres. Bueno, nada no, su culpabilidad la donan con gran generosidad. No son sino el 0,001% de la población mundial, pero acaparan el 90% de los recursos económicos (dinero, propiedades, títulos, empréstamos, etc) del planeta, sin ningún tipo de rubor alguno. Ya lo dijo el oráculo (Warren Buffet) a mitad de la crisis iniciada en el 2008 y que acabó con la clase media mundial: “los ricos se han revelado contra las clases pobres y…, vamos ganando”.

 

Si, son unos sinvergüenza e insolentes, hasta tal punto, que ahora están empeñados con todo su poder mediático publicitario, en hacer culpables a toda la población de los desmanes provocados por su enriquecimiento económico en un planeta que no era ni es solo para ellos, pero que solo ellos se han encargado de acapararlo y destrozarlo. Es una insolencia total, un abuso de escándalo, porque controlan y han controlado siempre todos los medios de comunicación, no cuentan ¡chillan su mentira continuamente! (si alguno tiene dudas, haga el sencillo ejercicio de contabilizar los días en los que no se trata el tema del calentamiento global en los telediarios de cualquier cadena; se llevarán una sorpresa) para tratar de ahogar la verdad que pudiera revelar su megamanipulación. Lo peor a nuestro parecer, es que el pueblo, la plebe como la llaman despectivamente ellos, totalmente desconectada de esta realidad a voluntad, no tiene ningún inconveniente en cargar con esas culpas de manera complaciente. Es una realidad que no parece creíble pero que es real: el siervo llevando las cargas del amo y al amo mismo, con todo gusto. No sabemos si la hipnosis colectiva existió alguna vez, pero ahora, no cabe ninguna duda de su existencia.

 

No somos marxistas, pero seguro que si marx levantara la cabeza, se suicidaría al ver a las masas subordinadas de manera voluntaria al capital, a la élites capitalistas; su corazón no podría soportarlo. Pero todos sabemos que en su época no existía el poder de la publicidad, el 4º poder es un gran poder. El gran Quevedo ya dijo que: “poderoso caballero es don dinero”. Quizás hoy se le ocurría decir: “poderosa caballera es doña publicidad”. Goebbels, sin ser un erudito, dio con la fórmula para la manipulación masiva de la población: “repite sistemáticamente una mentira y se convertirá en una verdad” y se cumplió, los alemanes abrazaron el nazismo convencidos de sus bondades. Con esto del CO2, lo estamos comprobando no a nivel nacional como en la Alemania nazi, sino a nivel planetario.

 

ONU, IPCC, o científicos desconocidos para todos escondidos detrás de su anonimato, e irresponsables totalmente ante la población por dicho motivo, son los nuevos inquisidores que culpabilizan a través de su evangelio del CO2, justificado plenamente por la iluminación “de la información científica”.

 

Si aceptamos que nos manipulen continuamente con informaciones que vomitan sistemáticamente en los medios publicitarios y de comunicación, repetidas sistemáticamente de manera cansina día tras día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año, como forma de que vayan calando en la población como lluvia fina (“no moja pero empapa”) la idea de una culpabilidad global de la humanidad; entonces, si esto sucediera, en ese mismo instante, ninguna generación presente o futura tendrá solución viable alguna en este planeta, porque los verdaderos culpables ya no tendrían que responder, quedarían completamente exonerados de su responsabilidad y no hay nunca solución verdadera sin justicia.

 

Contemplamos en la actualidad informativa como siguen extendiendo su nueva religión como si de una nueva Torá o Sharía implacable se tratara, a todos los ámbitos de la vida de las personas (comunicación, alimentación, transporte, economía, pensamiento, hábitos, sentimientos, compras, ventas, y todo aquello que se les pueda ocurrir) como forma de regular “nuestro mal comportamiento”, en base a esta nueva religión de la ecología y de su 1º evangelio de CO2, “como forma de unir a todos los seres de la Tierra en el gran desafío de salvar al planeta”.

 

Repetimos, si hace años la iglesia católica controló a una buena parte de la población mundial a través del sentimiento de culpa, los nuevos inquisidores que manipulan con aún más notable éxito dichos sentimientos, han venido a ser los científicos del IPCC, La ONU, el FMI, el Banco mundial, y hasta la Organización Mundial del Comercio (OMC) que, como es de todos es conocido, son organismos internacionales que desde hace décadas, se han dedicado “a la protección del medio ambiente”; y los artistas famosos, y los políticos ignorantes de turno y, por supuesto, los ecologistas igual de ignorantes pero deseosos de sentirse importantes ante la sociedad “al luchar por una buena causa” (como los actores de Hollywood que se fotografían con refugiados o personas empobrecidas para hacer de buenos en esa películula), y que pregonan continuamente que acabaremos “en el infierno ecologista” por nuestros pecados.

están teniendo éxito en su predicación, esta nueva religión está ganando adeptos a una velocidad endiablada (nunca mejor dicho).

 

Estamos viviendo en directo como miles de personas se manifiestan por el mundo llenando calles para “exigir” a las élites gobernantes, las mismas que les han convencido para que se manifiesten, a que les exijan hacer lo que ellos les han dicho que quieren hacer: “¡políticas medioambientales que salven el planeta!”. Como suele decirse “si nos pinchan no nos sale sangre”.

 

La nueva dictadura mundial, no viene a través del ejercicio de la fuerza física, o de la violencia militar como en todo el S. XX y principios del XXI. En la actualidad, todo es más ladino, más blando, la dictadura se procesa a través de la fuerza de la nueva inquisición universal, que a través de la mentira repetidamente publicitada sobre la población, con la justificación de la salvación medioambiental, conforman la dialéctica ecologista actual. Antes, solo antes de ayer en la historia actual, había una dialéctica materialista que justificaba la economía y la política; en la actualidad, la dialéctica no es materialista de forma declarada sino de manera velada, ocultada detrás de esta nueva dialéctica de “salvar el planeta”.

 

La venganza de los científicos perseguidos en la antigüedad, se está ejecutando 500 años después, poniéndose como inquisidores a disposición de las élites económica, juzgando, culpabilizando y condenando a través de “la nueva religión basada en la ciencia”. Las élites salen indemnes, mientras los otros “predicadores” tipo George Clooney, Riahana, Richard Gere, Leonardo Dicaprio o Alejandro Sanz, y toda la pléyade de artistas disponibles, superiores moralmente a los demás, convencen al personal de que “todos somos responsables del planeta”, para irse luego en su yate o en su avión particular que contamina 300 o 400 veces más el planeta que nuestro humilde transporte individual, a un lugar de descanso donde nadie les moleste, en aplicación del 10º mandamiento de la nueva religión del CO2: si tienes suficiente dinero, no eres culpable de nada.

 

José Ignacio Quintero Rosales es coach y entrenador de Inteligencia Emocional.

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