El ministro, con gesto serio, se acerca al micrófono, agacha la cabeza y lo comunica a la prensa: no hay razones, dice con disimulado acento catalán, para no vender bombas a Arabia Saudí., nuestras bombas no producen efectos colaterales.
Entre el público, algunos periodistas sonríen, pero el ministro Borrell, el gesto constreñido, ojos de ave rapaz sobrevolando sobre los micrófonos, escruta al público con cara de pocos amigos.
Las cuatrocientas bombas que venderá España al gobierno Saudí son bombas muy precisas; nuestras bombas son buenas, que caerán sobre gente mala: musulmanes, negros, terroristas, en suma, futuros inmigrantes.
Además, hay un tema espinoso: peligra un mega contrato del que dependen muchas familias, porque (¡qué listos estos moros siempre!) si no le enviamos las bombas, no se cerrará el contrato para la fabricación de las corvetas de la que dependen miles de trabajadores en Cádiz.
Lejos quedó la promesa del PSOE cuando estaba en la oposición defendiendo en su programa electoral la prohibición de vender armas cuando se verifique que exista riesgo claro de que puedan ser utilizadas de manera contraria al respeto debido y la dignidad inherente al ser humano.
¿Pero es que las bombas pueden tener otro fin?
El ministro mira al público y parece decirles: o bombas o trabajo. Esa es la cuestión.
Y claro, ante este dilema uno calla como calló la ministra de defensa, la señora Robles, a quien descalificó el señor Borrell (¡dónde vamos a ir a parar, qué sabrá una mujer de estrategia militar!) cuando se atrevió a cuestionar las ventas de bombas a Arabia Saudí.
Mientras, las ONG que trabajan en la zona alertan de que este tipo de armas se usan para atacar bodas, funerales, hospitales en campaña y todo tipo de objetivos civiles, y, en los mas de 18.000 bombardeos que se han efectuado en tres años en Yemen, el gobierno de España calla y vende.
Pero es lo que hay: pan o bombas, y ante este dilema torticero todo vale. Deberán morir unos para que coman otros.
En esta aberración moral nos encontramos ahora. ¡Como para sentirnos orgullosos…!
Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura.

























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