Violar a una mujer sale barato. A veces gratis, sólo hace falta superioridad física, una falta absoluta de ética y una víctima silenciosa. Ocurre todos los días: en los pueblos, en las ciudades, en el propio hogar de la víctimas.
Ha sucedido siempre. En una sociedad donde el hombre se creía, hasta no hace tanto tiempo, con el derecho al disfrute del cuerpo de la mujer sin su consentimiento, violar era gratis. Hoy ya está castigado por ley; sin embargo, violar sale barato.
Dos años de prisión y seis mil euros de fianza es lo que le ha costado a la manada, los cinco jóvenes que, aprovechándose de su fuerza, intimidaron y violaron a una joven.
No es casualidad que los jueces sean hombres, ni que la justicia sea hecha hasta ahora por hombres.
El cuerpo de la mujer ha sido considerado durante siglos propiedad y uso del hombre sin escrúpulos. Aún hoy lo sigue siendo. Sólo hace falta tener algo de dinero e irse de putero y prostituir el cuerpo de una mujer necesitada; o ser lo suficientemente rico y estúpido para inseminar y alquilar su vientre.
El cuerpo de la mujer es aún un instrumento comercial, para uso y disfrute, eso sí, de quien pueda pagarlo. Lo saben todos, lo anuncian incluso en los periódicos. Hemos transigido con el derecho fundamental a la dignidad de la mujer; en mor de la libertad hemos vuelto a aprovecharnos de la pobreza de las mujeres para violarlas oficialmente: prostitutas violadas diariamente, madres de alquiler, mujeres acosadas, adolescentes abusadas.
Por eso, el que un grupo de jóvenes viole a una mujer, a una joven, y después de hacerlo, salieran a festejarlo, sólo demuestra lo normalizada que está la violación en nuestra sociedad. Nada les importó dejar a la mujer en el portal maltrecha y con la dignidad a rastras. Porque podían, lo hicieron, porque en definitiva, los hemos educado en una sociedad permisiva y habituada al abuso, al secreto y a la creencia de que el cuerpo de la mujer les pertenece.
Esta es la razón por las que la manada sale de caza: una mujer es un pieza, un animal para su disfrute y pertenencia. Saben bien de qué lado está la justicia, quiénes mantienen las leyes y, además, les sale barato.
Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura.

























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