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Adiós, Ricardo 'Acra' Caudet: ¡Inch Allah…!

direojed Domingo, 11 de Febrero de 2018 Tiempo de lectura:

“En donde viviera, se me ha muerto como del rayo, Ricardo ’Acra’ Caudet, a quien tanto quería…”.

Un saharaui de ‘raíces profundas’, un español que se crió en una familia maravillosa que lo acogió como hijo adoptivo. Una persona, un ser humano cuyas virtudes eran el de tratar a sus amigos como ‘hermanos’ (compañeros), ya que para él eran personas espectaculares y dignas de admiración. Siempre se mostraba caritativo con el prójimo (fueran amigos o conocidos) a quien les deseaba felicidad, quizá la que él desprendía por su forma de ser: risueño, bromista, alegre, dicharachero, protagonista de unos valores que sabía explotar con los que le rodeaban...

 

Ricardo, un personaje que, por circunstancias de la vida, nació de una mujer musulmana, saharaui, y fue ‘acogido’ por un matrimonio excepcional con el que compartió descendencia: Eduardo y Paloma. Los tres se querían y formaban una familia ‘modélica’. No existía ninguna diferencia entre ninguno de sus miembros, más al contrario, Ricardo al ser el mayor, ‘velaba’ por sus dos hermanos y era su auténtico ‘defensor’, en cualquier situación cotidiana o quizá (en algún que otro momento) algo comprometida.

 

En El Aaiún (Sáhara Occidental), lugar donde conocí a mi ‘hermano saharaui’ (corría el año 1962/1965), y donde nace esta historia, es el lugar en el que llegamos a consolidar una amistad mucho más fuerte que la que puedan tener dos hermanos de sangre (de ahí la ‘postal’ que acompaña a este escrito en la que se muestra toda una serie de ‘emociones’ que luego comentaré): “Tanto dolor se agrupa en mi costado que, por doler, me duele hasta el aliento…”. “Un manotazo duro, un golpe helado, un empujón brutal y homicida te ha derribado”.

 

Con estas palabras de la ‘Elegía’ de Miguel Hernández quiero dejar ‘reflejado’ hasta dónde nuestras familias, la de ‘Caíto’ como así le llamábamos los más íntimos (no sé de donde surgió el ‘apodo’) y la nuestra, la de los Burones era tan ‘intensa’ nuestra amistad y cercanía de ‘ilusiones’ en ese nuestro ‘querido Aaiún’, tan lleno de tierra y polvo del desierto que, cualquier circunstancia adversa, la hacíamos o la convertíamos en un juego, ya que éramos unos ‘pequeñajos’ que vivíamos felices con ‘nada’.

 

¡Handulilah, bismilah! Ese es el saludo del saharaui cuando se cruza con otro saharaui (aunque luego ellos prosiguen una ‘letanía’ mucho más larga). La 'postal navideña' que pueden contemplar ha sido premiada y es mi amigo ‘Acra’ quien pintaba, una cualidad que fue adquiriendo con los años aunque las cualidades las tiene desde que nació ya que uno no se hace artista de la noche a la mañana (fue ¡premiada!) es todo un ¡símbolo! de amor a una tierra, de pasión por sus gentes y de 'solidaridad' con sus hermanos saharauis. La 'emoción' me embarga pues lo que está plasmado en este lienzo a modo de 'tarjeta de felicitación de navidad' es el 'sentimiento' más profundo de 'Caíto', 'Richi', 'Acra' (significa 'fortaleza'), como ser humano y en la que ha puesto el 'alma', su corazón y todo su ser. Me he permitido la licencia (me ha 'guiado' él acerca del título, y tengo su 'bendición' para hacerlo) de titular, con todo mi cariño hacia mi 'hermano saharaui': "Luna saharaui haciendo un guiño de esperanza a la 'libertad' del Sáhara Occidental".

 

Hasta este punto puedo hoy expresar lo que en su tiempo sentíamos ambos junto a mi hermano el mayor, Jose, que era más de su edad. Pero hoy toca hablar de Ricardo, esa persona que nos ‘conquistó’, en principio a mi hermano y a mí, y, después a muchos jóvenes en los que se formaba ‘coro’ alrededor de un muchacho de pelo rizado y una tez color ‘aceituna’, dadas sus raíces saharauis… ¡Un auténtico y sano joven!

 

Pero no todo van a ser ‘lisonjas’ para un amigo que todo lo que tenía como buena persona le perdía, y él lo sabía, como estudiante. Era de esos ‘golfillos’ de antaño que, incluso, se llevaba a los profesores ‘de calle’, a sabiendas de que se ‘fugaba’ las clases y estudiar, lo que se dice estudiar, ‘ni palo al agua’. Pero iba, a ‘trancas y barrancas’ sacando alguna que otra asignatura, algún que otro curso. Tanto es así que en COU (Curso de Orientación Universitaria) a mi me suspendieron la única asignatura de todo el Bachillerato y a él le dejaron alguna para septiembre. Corría el año 1975, cuando en junio los españoles habíamos abandonado El Aaiún porque la ‘cita’ tocaba a su fin, ya que los ‘Polisario’ y demás, esos ‘marroquíes’ que invadieron la ciudad, rompieron ese ‘cordón umbilical’ que unía España y el Sáhara Occidental.

 

Pero la historia no iba a permitir que una ‘amistad’ casi sagrada hiciera que, aunque tomamos caminos distintos, el contacto existía y duraba en el tiempo. Ya éramos adultos pero con el inicio de las redes sociales nuestra relación se fue ‘asentando’ y en unas cuantas ocasiones nos vimos en Madrid y luego la distancia nos fue alejando pero siempre con el ‘hilo conductor’ de mantener esa ‘llama viva’ a pesar de los pesares.

 

El protagonista de hoy, tristemente fallecido, es Ricardo y, con él llegué incluso a realizar unos ‘cursillos de Cristiandad’ aunque luego cada uno sacó ‘conclusiones’ y fuimos creciendo y desarrollando nuestra verdadera identidad. Caíto se dedicó a su ‘arte’, lleno de su amor por el Sáhara y también a defender a sus ‘hermanos saharauis’ con los que compartió (al igual que el que esto escribe) muchos años de hermandad que le hizo seguir en la lucha por conseguir un ‘Sáhara Libre’.

 

Podría hacer un ‘balance’ de todas las experiencias que hemos tenido ‘Caíto’ y yo a lo largo de nuestra corta existencia porque, sin quererlo, a los 63 años (si no he llevado la cuenta mal durante estos años) se le ‘apagó’ la vela de alguien que gozaba de una fortaleza tremenda, porque los años le habían hecho madurar deprisa pero una cruel enfermedad le ‘atrapó’ sin ningún miramiento y eso que Ricardo se cuidaba mucho, era ‘cauto’ y no se permitía ningún ‘riesgo’ innecesario. Pero la vida hay veces que te es ‘esquiva’ y mi gran hermano ‘saharaui’ tuvo que ceder ante algo que el ser humano no puede vencer: la ‘enfermedad’.

 

Pero su ‘vena artística’ le dejó también usar la pluma para escribir unas ‘historias’, unas ‘fantasías’ que incluso se le concedió el derecho en ‘Teldeactualidad’ a ser publicadas con alguna de sus ‘pinturas’ que expresaban algo muy íntimo que yo tenía que preguntarle su ‘significado’. Me alegró mucho de ver publicado algún cuento en la sección que a mí se me autoriza a cumplimentar y él fue mi ‘invitado de honor’ y le permití que utilizara mi espacio dominical para que tuviera la dicha de que alguno de sus temas saharauis tuviera cabida y viera la luz. ¡Y así fue!

 

Perder un amigo es duro pero si ese ‘amigo’ es casi como un hermano, para qué hablar, y, más aún cuando has convivido durante 15 años, la niñez y adolescencia, casi ‘codo con codo’ (que se lo digan a mi hermano mayor). La ‘complicidad’ que existía entre nosotros era muy grande. Sobre todo con mi hermano Jose, Caíto (al ser de la misma edad, se entendían mejor) parecían ‘hermanos’, menos mal que mi hermano y yo teníamos 5 hermanos más, éramos siete. Y la diferencia entre Caíto y yo no era mucha por lo que las bromas eran para mi, tanto mi hermano como Caíto se las ingeniaban para que fuera yo el ‘conejillo’ de sus fechorías. Pero eran ‘nobles’, no tenían ‘malicia’.

Y quisiera terminar como empecé, ya que fue en este último agosto cuando Ricardo ‘Acra’ se marchó a ese mundo de ‘fantasía’ y emociones donde vivía mi querido hermano ‘Caíto’, como su madre adoptiva le apodó y la que le ofreció todo el cariño de una madre y más si cabe al saber el carácter de su ‘niño mayor’.

 

Solo despedirme de ti, Ricardo, ‘hermano’, ‘artista’, grandísima persona, y un ser ‘entrañable’. Que el ‘buen Dios’ (que siempre creíste en él) te reserve un ‘hueco’ en el que puedas seguir pintando el ‘cielo de estrellas’.

 

¡Hasta siempre, Caíto, ‘hermano saharaui’…!

 

Francisco Javier Burón Monís es ciudadano de Telde.

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