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España tiene un pollo de cojones

direojed Domingo, 24 de Diciembre de 2017 Tiempo de lectura:

Si algo que ha quedado patente tras la publicación de los resultados de los últimos comicios electorales celebrados el pasado jueves en Cataluña, es que la vía judicial no es una salida factible para el conflicto que vive nuestro país. España, con el gobierno de Mariano Rajoy a la cabeza, tiene ante sí una delicada situación.

 

Con la aplicación del artículo 155 de la Constitución y la fuga masiva de empresas de Cataluña, algunos creyeron que poco a poco se iría desinflando el sentimiento independentista, con el consiguiente restablecimiento de la paz social. La inestabilidad económica, política y social que afecta a Cataluña podría contagiar tras los últimos comicios al resto de España.

 

Desde antes de su aplicación, el artículo 155 fue empleado como arma arrojadiza entre las diferentes candidaturas. Rajoy, que durante la campaña electoral vendió como suya la aplicación del este, tiene por delante un complicado escenario tras la convocatoria de unas elecciones que muchos consideraron precipitadas, incluso entre las propias filas populares al no haber tenido en cuenta la delicada situación ante la que se encontraba y encuentra la ciudadanía catalana. Algunas personas consideraron desde el primer momento un error la precipitada convocatoria electoral, la cual imposibilitaba según sus cálculos la cicatrización de las profundas heridas así como una asimilación por parte de la ciudadanía sobre las nefastas consecuencias que acarrearía una hipotética independencia y ruptura con el resto de España. Es muy posible que el Ejecutivo, en un intento de no asumir como propio el fracaso que ha supuesto la premura de la convocatoria electoral, señale a PSOE y Ciudadanos como colaboradores y responsables del desastre.

 

El PP de Mariano Rajoy se sitúa ante una derrota sin precedentes, su partido se ha esfumado en Cataluña, dejándose en el camino 8 escaños y quedándose tan sólo con 3, lo que supone de facto la pérdida de grupo parlamentario y prácticamente la irrelevancia en Cataluña. El PP se ha convertido tras el proceso electoral en la fuerza política con menos apoyo presente en el Parlament.

 

El Partido Popular ha asumido el coste de la aplicación del artículo 155 sin capitalizar el descontento del pasado 1 de Octubre; por su parte, Ciudadanos ha sido sin lugar a duda el único partido constitucionalista que ha logrado beneficiarse de la situación vivida en Cataluña, obteniendo una contundente aunque insuficiente victoria. Los de Arrimadas, se presentaron desde un principio como azote del secesionismo y han alcanzado la friolera de 37 escaños, tras los 25 obtenidos en los anteriores comicios. 

 

Ante la debacle del Partido Popular, la formación naranja ha sabido jugar sus cartas con un discurso basado en su presentación como única alternativa real y posible al independentismo. En su corta trayectoria, 11 años para ser exactos, Ciudadanos ha ido cosechando llamativos triunfos.

 

En esta ocasión, a pesar de haber logrado un hito histórico como es la victoria por primera vez en Cataluña de una fuerza constitucionalista, los de Rivera se han quedado con un sabor agridulce, ya que sus opciones de gobierno son prácticamente inexistentes pese a haber logrado una victoria tanto en votos como en escaños (25,3% y 37).

 

Aún así deben estar contentos, han conseguido arrebatar de nuevo un electorado ligado tradicionalmente al PSC como es la Cataluña metropolitana, feudo histórico de los socialistas catalanes. Ciudadanos ha pintado de naranja el famoso cinturón rojo de la capital catalana, con excepción de la comarca del Maresme. Un partido como ciudadanos, de corte liberal y muleta del PP de Mariano Rajoy ha conseguido que su mensaje cale en aquellas zonas de tradición socialista.

 

Otra de las sorpresas ha sido el resultado obtenido por el PSC , la formación liderada por Miquel Iceta aspiraba a pugnar por la presidencia de la Generalitat con un discurso basado en el consenso y el respeto a la carta magna. Los socialistas catalanes apostaron en esta ocasión por la transversalidad, prueba de ello es la configuración de una candidatura integrada por personas tan distantes al menos ideológicamente hablando como son Ramón Espadaler, ex-dirigente de la ya difunta Unió o el ex-fiscal Anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo.

 

El PSC, que se presentaba en estos comicios como una alternativa catalanista conciliadora ante la fractura social, parece no haber rentabilizado su alianza con los herederos de la extinta Unió. Si bien los socialistas catalanes han conseguido frenar la sangría de votos que padecen desde 1999, año en el que por aquel entonces se presentaba como candidato a la presidencia de la Generalitat Pasqual Maragall. Fue ese año cuando el PSC registró su mayor respaldo, obteniendo alrededor del 40% de los votos y aunque siendo la suya la lista más votada, la ley electoral catalana benefició a CIU e hizo que Jordi Pujol repitiera al frente de la Generalitat.

 

Desde 1999 el PSC ha ido perdiendo apoyo, obteniendo su peor resultado en los pasados comicios autonómicos, con 16 escaños. En esta ocasión, ha obtenido cerca de 80.000 votos más, si los comparamos con las últimas elecciones, lo que le ha hecho que haya salido de esta cita electoral con un total de 17 escaños.

 

Había depositadas grandes expectativas en el líder del PSC, quizás por haber mostrado durante toda la campaña un carácter afable y conciliador. La realidad tras el anuncio de los resultados electorales ha hecho que el PSC se quede sin opciones de gobierno, el trasvase de votos de socialistas a ciudadanos ha sido una constante. ¿Ha pasado factura al candidato socialista el anuncio de indultos para los secesionistas encarcelados? Estas cuestiones deben hacer reflexionar a los dirigentes socialistas.

 

Otro damnificado ha sido la formación liderada por Carles Riera, que ha visto mermado su apoyo hasta el punto de haber perdido 6 escaños en estos comicios respecto a los anteriores. La CUP se ha visto afectada por la apelación al voto útil de las dos grandes formaciones independentistas.

 

La formación anticapitalista ha perdido a la vista de estos resultados, capacidad de influencia respecto a la legislatura anterior, donde fue capaz de sustituir a Artur Mas por Puigdemont al frente de la Generalitat, así como el establecimiento del referéndum en la ruta secesionista, entre otras. Pese a todo ello, el papel que jueguen los de Riera puede ser de nuevo determinante al ser decisivos para mantener la mayoría independentista en el Parlament.

 

Los comunes , que algunos señalaban como la llave para que uno de los dos bloques (constitucionalista o independentista) formara gobierno, han pagado en las urnas la ambigüedad que han mostrado durante toda la campaña electoral, sin dejar claro si apoyarían o no a los independentistas. Según lo escrutado, no serán indispensables para la formación de gobierno en Cataluña, una cuestión que les beneficia, al no tener que decantarse entre Arrimadas o Puigdemont.

 

La candidatura de Xavier Domènech ha pasado de 11 a 8 escaños en estos comicios, el estilo de liderazgo que Iglesias ha adoptado en la formación morada puede ser una de las consecuencias de este resultado, ¿cómo puede ser posible que hayan pasado de ser el partido más votado en Cataluña en las últimas elecciones generales a este pobre resultado?

 

La estrategia adoptada por Puigdemont y Junqueras ha dado resultado contra todo pronóstico. Las dos fuerzas que conformaron en la pasada legislatura JxSí han obtenido

más diputados concurriendo por separado en estos comicios. En 2015 consiguieron 62 escaños, mientras que en esta ocasión la suma de las dos fuerzas ha hecho que alcancen los 66 escaños (34 JUNTSxCAT y 32 ERC). Parece que la aplicación del 155 ha fortalecido tanto a Puigdemont como a Junqueras.

 

Los convergentes están de enhorabuena, Puigdemont ha sabido capear la crisis que vivía su formación política y mantener hasta el último momento la presidencia de la Generalitat. El antiguo regidor de Girona, que llegó de rebote como sustituto de Más al frente de la Generalitat, ha sabido solventar las constantes dificultades que se han presentado en su formación durante los últimos años. Además, ha conseguido frenar el temido “sorpasso” a manos de sus antiguos socios de ERC , quienes llevaron como cabeza de lista a Oriol Junqueras, encarcelado en la prisión de Estremera por su apuesta secesionista. Los de ERC no lograron sus expectativas, entre las que se encontraba superar a la formación de Carles Puigdemont.

 

Tras este proceso electoral ha quedado patente el problema político que existe en Cataluña, la ciudadanía catalana se ha pronunciado, el bloque independentista mantiene la mayoría absoluta, pasando del 47,7% de los votos de 2015 al 47,5% obtenido en estos comicios.

 

Para más inri, ninguno de los dos principales candidatos independentistas se encuentra en condiciones de ser investido president, Puigdemont ha huído de la justicia a Bruselas mientras que por su parte, Junqueras se encuentra encarcelado.

 

Estas elecciones, han sido presentadas de nuevo como plebiscitarias, el bloque independentista se ha visto favorecido por la ley electoral, la cual infrarepresenta a grandes poblaciones, en favor de aquellas menos habitadas (zonas rurales cuyo voto mayoritariamente es independentista). Los secesionistas han conseguido frente a los constitucionalistas una mayoría en escaños, lo que les permite volver a formar gobierno a pesar de no haber contado con el apoyo de una mayoría social.

 

En Cataluña se evidencia la inexistencia de un único sentir, el resultado electoral ha dejado constancia de ello, con una participación del 81,95%, la más alta registrada en unos comicios autonómicos. En estos momentos es cuando la política debe de dar lo mejor de sí, entendida en mayúsculas, es fundamental la altura de miras, consenso y entendimiento que haga que todo vuelva a la normalidad tras meses de caos y sinrazón. Hace falta más y mejor política, poner en valor todo aquello que nos une como ciudadanos de una España plural y diversa.

 

La situación es compleja y presenta grandes dificultades, desgraciadamente, parece que el conflicto perdurará enconado, sin que ninguna de las partes apueste por la vía del diálogo. En palabras de Carles Puigdemont “España tiene un pollo de cojones”.

 

Jorge García Cuesta es politólogo.

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