Amigos, seguro que muchos lectores.as recuerdan que fue un 18 de diciembre de 1991, día de la Virgen de la Esperanza, cuando en el Valle de Agaete el obispo Ramón Echarren bendijo el Centro Terapéutico Casa Esperanza.
Sí, aquel lugar fue primero un hotel, pasando luego a ser lugar de Cursillos de Cristiandad con el nombre de Casa de San Pablo. De verdad que, a partir de entonces, un grupo de personas interesadas por el mundo del alcoholismo puso en marcha la gran obra que libera a hombres y mujeres del alcohol enseñándoles a vivir en sobriedad.
Fijémonos que al entrar allí tropezamos con un ancla bien visible que está en la misma puerta invitando a los enfermos caídos en el infierno del alcohol a saber echar el ancla de la sobriedad en sus vidas para volver a ser Personas normales después de 5 meses de terapia. Todavía con gusto recuerdo al grupo de amigos sensibles al tema que nos reuníamos para poner en marcha esa tabla de salvación a gente excluida por la misma sociedad.
Amigos, Casa Esperanza tiene hoy sus 26 años habiendo dado ya nueva vida a más de dos mil personas alcohólicas que han experimentado el milagro de la recuperación en ese lugar inolvidable puesto en marcha un primero de febrero de 1991, recordando aun aquel primer grupo de 9 personas enfermas que enderezaron sus vidas en el Centro terapéutico.
Todavía recuerdo con gusto al amigo Requena, miembro del grupo fundador, que estando enfermo en la Clínica de Santa Catalina, dijo a su hijo: “Hijo mío, frente al puerto hay barcos hundidos, vete y saca un ancla y ponla en la Casa Esperanza que será la mejor mascota de los allí salvados”. Ciertamente que su hijo cumplió con la promesa bendiciéndose aquel precioso símbolo de más de 500 kilos que sería el escudo salvador para los caídos en la enfermedad del alcoholismo.
Amigos, desde TeldeActualidad hoy felicito a los más de 3,000 alcohólicos salvados en Casa Esperanza gracias al trabajo de Caritas. Que Dios bendiga a todos los que pusieron aquel 1 de febrero de 1991 en esa obra sus manos: Al obispo Ramón Echarren, a las hijas de la Caridad y a todos los miembros de Caritas.
Amigos lectores, les pido que si ven a alguien tocado por el alcohol, traten de conectar con Caritas que les indicará los pasos a dar para tener entrada en ese lugar terapéutico. Ah, acabo recordando todavía al primer grupo de enfermos que con humor bautizó con el nombre de Terry a un Perro que dio mi padre como guardián del lugar. Sí, tal vez ellos lo hicieron así para no olvidar que el Terry que bebían en sus vidas era más peligroso que aquel que hacía de guardián en el recinto de día y de noche.
Francisco Martel es sacerdote y párroco.

























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