Es, extraordinariamente increíble como la historia se repite, parece que estamos abocados a bucles perennes pero, desgraciadamente en lo que a lo peor de nuestra especie se refiere.
El Sr Puigdemont, con su paupérrima independencia y autoproclamado soberano de Cataluña ahora está en Bélgica, dejando a millones de seguidores en la más absoluta displicencia organizativa y de toma de decisiones al más puro estilo capitán araña.
A alguien que abandona su proyecto tras recabar el apoyo de miles de personas se les denomina irónicamente capitán araña, “que embarcaba a la gente y los dejaba en tierra, según reza un dicho que se remonta, ni más ni menos, que al siglo XVIII.
En el último tercio de aquel siglo, debido a las insurrecciones de las colonias en América, colonias, no comunidad autónoma, se requería de refuerzos desde España para combatir las mismas al otro lado del atlántico y, en la meritada época el capitán Arana, nombre que en vulgo hubo de transformar en araña, se encargaba de reclutar individuos con la convicción plena de un líder sólido y éstos, aleccionados, embarcaban para, posteriormente, el capitán araña al desembarcarlos en la guerra, velaba velas para España para evitar riesgos, que para eso, ya estaban los otros, sin líder a quien dirigirse y eso en el mejor de los casos ya que otras fuentes indican que con su pico de oro causaba sensación en las tabernas portuarias y en las plazas cuando peroraba sobre la gloria y riquezas que aguardaban a quienes se enrolasen, y así consiguió fletar decenas de barcos. Pero nunca se subió a ninguno porque, llegada la hora de la leva, se desvanecía como un fantasma.
En el refranero del mar, se identificaba a este sujeto como morearse, término este usual en Marina para expresar la habilidad de eludir las faenas de abordo, es, cuando menos sorprendente el análogo proceder de ambas figuras descritas pasando, eso sí, tres siglos de diferencia.
Recuerda en este sentido la letrilla burlesca de Quevedo, “mosca muerta, muerta parecía, tu codicia cuando hablabas y eras araña que andabas, tras la pobre mosca mía”; Nos encontramos pues, ante el posible sucesor del mentado capitán que, contra todo pronóstico ha actuado con una cobardía sin precedentes a sabiendas que su plan de independencia era absolutamente inviable en la teoría y práctica a la par que ilegal.
El Sr Puigdemont es el nuevo capitán araña, se dan todas y cada una de las circunstancias históricas para ponerle tan despreciado mote y quizás, quien sabe, en lo sucesivo pueda hablarse de “hacerse el Puigdemont”.
Ibán Uriarte Rivero es abogado.

























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