No sé lo que es la maternidad, ni la paternidad, si fuera el caso. No obstante, por mi profesión he conocido a cientos de padres y madres: madres desbordadas, padres preocupados, padres ausentes y disidentes de la educación de los hijos, ¡que se ocupen ellas! (son por desgracia una gran mayoría). Quienes asisten a las tutorías en los colegios e institutos siguen siendo todavía las madres. En definitiva, padres y madres de todos las condiciones y clases sociales.
A todos no les ha llevado el mismo interés: a algunos les ha cogido de sorpresa, a otros les vino de añadido con la nueva pareja, incluso -triste realidad- he conocido a muchos para quienes la maternidad o paternidad era sólo un deseo egoísta de ver reproducida su genética o simplemente el deseo de no sentirse solos.
Sin embargo, hay un nuevo modelo de paternidad que no sólo me preocupa sino que repugna; me refiero al nuevo modelo de paternidad que se está instalando entre las clases más adineradas: la compra de hijos a mujeres pobres o sin escrúpulos.
Ahí tenemos a la estrella mediática y futbolística, Cristiano Ronaldo, el mismo que está acusado de desfalcar ocho millones de euros a hacienda y cuyos fans piden que le paguemos su deuda. El futbolista, que a pesar de tener novia, prefiere comprar los hijos como quien compra un coche, representa la nueva forma de explotación a las mujeres y una moda que se extiende de forma preocupante.
El comercio de seres humanos que existió en la antigüedad con la esclavitud vuelve a resurgir peligrosamente en nuestra sociedad, bajo la connivencia de muchos sectores que ven esta tendencia con buenos ojos como si se tratase de una nueva moda.
El hecho de que Ronaldo luzca sus hijos en las revistas como quien luce su última propiedad inmobiliaria, o que personajes de la farándula obtengan hijos a la carta, desvinculados del cuerpo de la mujer y de todo vínculo afectivo como si fuese lo más natural del mundo, sólo habla de una sociedad desnaturalizada que ha perdido el sentido y respeto a la vida.
Recientemente he tenido noticias de mi amigo Bashir, un padre coraje donde los haya. Este hombre saharaui, que afrontó solo la grave enfermedad de su hijo, la madre desapareció a los pocos años de nacer, representa para mí lo que un padre es capaz de hacer por un hijo. Bashir que acompañó a su hijo durante más de veinte años, que nació con severo problemas de riñón y al que debía llevar tres veces a la semana al hospital, pasar noches enteras junto a él, durmiendo en una silla en una triste habitación de hospital en Arrecife, mientras se le practicaba la diálisis, es el ejemplo más vivo del amor a un hijo. Su fé inquebrantable, siempre a la espera de que le hicieran un transplante de riñón y que tuvo que trasladarse al país vasco para que este tuviese una asistencia sanitaria más justa y mayor oportunidad de vivir es lo que significa la paternidad responsable.
Me pregunto si Ronaldo sería capaz de esto, si abandonaría su trabajo, su vida, en el caso de que uno de sus hijos tuviese una enfermedad como esta. Sólo en momentos duros, dolorosos como estos, se reconoce la verdadera valía de las personas. Mi amigo Bashir, al que quiero y admiro profundamente, me da esperanza en la raza humana; Ronaldo, en cambio, sólo me produce el más absoluto desprecio.
Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura.

























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