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Entre la señora Oramas y el señor Iglesias

Cojeda19 Domingo, 02 de Julio de 2017 Tiempo de lectura:

La señora Orá + (representante plenipotenciaria de CoATIción en la metrópolis) llamó machista al señor Iglesias el martes 13 durante la discusión del voto de censura al Gobierno. Machista, pero no machango, sanaca o guanajo (no la hubiera entendido, acaso por “godo mesetario” según don Román RR). Influye también que Dios es grande y ella muy cultivada en el respeto ajeno.

 

Sin embargo, el encochinamiento la calentó tanto que casi saca el naife y le saja la coleta al madrileño, pues hasta coraje le da cuando lo ve todo enguirrao en medio de tal jurria de mujeres machistas como si él fuera el centro del mundo, más limpiaditas las carreras universitarias.

 

Nuestra señora Orá + estuvo a punto de soltarle mucho más, jartita de su comportamiento franquista y preferencia por mujeres sumisas. Estos pollillos actuales nada europeizados, ajenos a la racionalización y al igualitario trato son, quién lo duda, retrasadísimo parto malformado del Frente de Juventudes. ¿Maoístas? ¡Ni de coña: machacantes machistas! Rascada se quedó la señora diputada, pero un respetito es muy bonito. Ahora bien: como el hombre vuelva a decirle lo del arrejuntamiento con el PP para las próximas elecciones, del cachimbazo que le mete con la añepa lo deja esconchabado del totizo unos cuantos meses, ¡singuanguo, tolete del karajo! Dijo tal mago madrileño que CC se identifica con el PP en la corrupción, ¿habrase visto más proletaria malcrianza?

 

Vino a suceder que a la señora Orá + no le gustó el “tonito machista” empleado por el señor Iglesias (lo rebajó a “Ermita”) durante su intervención parlamentaria. Y el tal ”tonito machista” podría ser, conjeturo, el “tono” (‘altura musical de un sonido’), una de las tres cualidades del articulado ídem según Tomás Navarro Tomás (el gran amigo de Machado).

 

La señora Orá +, acaso con malévola intencionalidad -pero muy zorrocloca ella-, utiliza un diminutivo (“tonito”) construido con el sufijo -ito, tiempo ha muy usado en Canarias cuando nos dirigíamos a una persona mayor a la cual tratábamos de usted pero sin el don, reservado este tratamiento para el alcalde, el cura, maestros, médicos y el sargento de la Guardia Civil (sin embargo, el jefe de la Policía Municipal en mi pueblo, Gáldar, era Facundito. Con él, Silvestrito, Panchito…). Es el caso, por ejemplo, de Antoñito Moreno, el de la tienda de ultramarinos: “Antoñito, que dice mi madre que me dé [usted] del jabón suasto que ella compra”.

 

Por tanto, tengo mis sospechas sobre la intencionalidad de la señora Orá + con el jodelón sufijo diminutivo. Acaso –hipótesis- quiso hacer simbólico paralelismo con la medida física del señor Iglesias, no caracterizada precisamente por su exquisito desarrollo. No es que el hombre sea paticorto ni, mucho menos, muy limitado en su alzada o talla. Pero tampoco destaca por su 1.87, marcados bíceps y tríceps y triangular espalda olímpica como un servidor, por ejemplo, a fin de cuentas dedicado desde angelical edad a las cosas del gimnasio (gym para los poliglotados). Precoz vocación la mía (vino a ser algo así como refugio pubertario frente a pecaminosas manualidades según consejos de padritos jesuitas) pero machacadora de húmeros, cúbitos, radios, fémures, tibias y peronés. (¡Mal rayo parta a esa maldición de tatamis, aros y barras!… salvo las de una buena cantina, obviamente.). No es el señor Iglesias, pues, el llamado sollajo en Gran Canaria y La Palma en la acepción de ‘persona grande y corpulenta’, ajena a la de ‘persona despreciable’.

 

Dada, por tanto, la capacidad intelectual de la señora Orá + y su muy respetable pálpito naCCionalista, vengo en sospechar y sospecho que los significados de consideración, respeto por edad -tal impone el sufijo- o manifiesto afecto hacia el señor Iglesias no existen, visto su pejinesco trienio político frente a la perspectiva histórica de la señora (presente en la cosa pública desde 1979 como concejal, diputada autonómica, alcaldesa – diputada nacional y, actualmente, señoría parlamentaria y portavoz de CC). Por tanto, imagino que el “tonito” también se refiere a la entonación, ‘línea de altura musical determinada por la serie de sonidos sucesivos que componen una palabra […]’. No obstante, el ingenioso y astutamente usado sentido coñón de la exalcaldesa lagunera queda patente, tal notarío. Más: incluso, validado para sorondonguear en la Romería de San Benito. Pláceme, pues, tal aguda hilaridad. Para que luego señalen a la señora como ajena al sentido del humor.

 

El mentado “tonito” oramasil en versión coloquial pertenece a la misma escala musical de otra voz muy presente en nuestra lengua, el retintín, tonillo y modo de hablar que no debe confundirse con Rintintín, nombre dado a varios perros –pastores alemanes-, estrellas en algunas películas de Hollywood. Así, por ejemplo, son frecuentes construcciones como “¡Qué mala leche tiene la puñetera! ¡Con qué retintín me llama “Tarzán” cuando estamos en la cama!”. O “Que me diga bloqueyelo no me molesta; lo que me jode es el retintín con que me lo dice”.

 

Y como el señor Iglesias viene perfectamente compensado por la Naturaleza en lo que a ideas, pensamientos, intelecto y ordenados discursos se refiere –a veces trabuca, también es cierto-, se nos quedó el hombre sorimbado ante tal recurso lingüístico de la señora Orá +, algo corto, eso sí, pero ya se sabe: la jeringona intencionalidad del canario cuando se vuelve socarrón materializa con pocas palabras, tal es la contundencia de las mismas. Lo cual produjo en el señor Iglesias un malaire nada peligroso al final, gracias a Maduro. Pero enseñado está… ¡y gratis total!

 

Para desfundamentarlo, la señora Orá + lo invitará a Nivaria. Pero una de dos: o el pollo reniega de su trogloditismo machista o lo esñunca por Anaga tras el sometimiento al infernal grado: invitado de piedra a las parrafiadas CoATIción / PP para el reparto de cargos. “¡Chaaaaaacho!, ¿¡qué hacéis!?”, sollozó el señor Iglesias. Y se fue por las patas abajo. Castigo de Dios.

 

Nicolás Guerra Aguiar es catedrático y escritor.

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