Finaliza el mes de junio y con él llegan las vacaciones para niños, niñas, jóvenes y profesorado. Muchos acaban etapas con la satisfacción del deber cumplido, algunos acaban su vida profesional y dan paso a la jubilación.
Jubilación proviene del latín “jubilare” que significa gritar de alegría; del griego á¼°ωβηλαá¿–ος, que significa Jubileo, que nos remite a la celebración judío cristiana del “año santo” pero la jubilación hoy en día, es un derecho de los obreros, ganado a finales del siglo XIX y principio del XX en Alemania e Inglaterra.
Centrándome en la etimología el profesorado en edad de jubilarse o prejubilarse este último día de junio ha dado gritos de alegría y celebrado el comienzo de esa nueva etapa.
Todos se van con la satisfacción de que han aportado un granito de arena a que la cultura, educación se expanda en la sociedad; y de ver cómo ese alumnado que ha pasado y ha estado junto a ellos, son profesionales que realizan actividades importantes, para el bienestar de la sociedad.
Ese es el sentir del profesorado y por eso mi reconocimiento a todos ellos. Hoy me centraré especialmente en dos profesionales de la educación que comienzan, esa etapa de la vida, pretendiendo pasar por la puerta de atrás. Ellos son Hortensia Martel y José Sebastián Ramírez conocido como Chano. Hasta el 30 de Junio han estado a pie de cañón, cumpliendo con sus obligaciones, compromisos…en el colegio Amelia Vega de Monzón. Más de veinte años junto a nosotros, con alegría, entrega y “espíritu misionero”, término dicho por otro gran profesional, de ese colegio que estuvo con nosotros, Juan Santos” y transmitido por la directora Feli Martel en ese pequeño reconocimiento hecho a estos dos profesionales.
Y es la mejor definición que he podido oír para estos maestros. Allí donde se les mandase, allí estaban ellos tirando del carro de otros compañeros y del alumnado. Estaban para las verdes y las maduras. Aportando sus granitos de arena para que la duna “Amelia Vega de Monzón” fuera el lugar de diversión, expansión y educación de muchísimos niños y niñas en esos años de trabajo, donde ha primado colaboración, solidaridad, educación por y para el alumnado.
A ti Hortensia, a ti que has sido mi compañera de fatigas, de alegrías y mi maestra, te pido que comiences una nueva etapa, donde potencies todo tus saberes, que los tienes, pero tu humildad siempre ha sido dar prioridades a los demás. Ha llegado tu momento, de darte a ti misma todo lo grande que eres. Te vas con el corazón roto y yo te digo adiós con el corazón henchido de haber contado contigo en lo bueno y en lo malo, recordándote con esa sonrisa y habiendo estado, en lo profesional y personal. Pero no con el alma. Me dejas huérfana, porque además de compañera, has sido y serás mi hermana del alma.
A ti Chano te doy las gracias por tus sanos consejos, por creer en mí y por estar ahí en las duras y en las maduras. Ahora a disfrutar de tu pasión la música y de ese ser que te hará sonreír y te dará satisfacciones por doquier. A disfrutar también de esas parcelas donde eres un “manitas” en la agricultura y artesanía.
A extender esas notas musicales a donde quieras que te acerques.
A los dos gracias, gracias por enseñarme a ser, estar y hacer. Y a disfrutar que ahora es el momento.
Ana María Florido es maestrra.

























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