Hay ciertos trabajos que requieren no sólo una debida profesionalidad sino, además, cierta vocación de servicio. Habrá quien se oponga a esta idea y piense que la predisposición al bien común debe pertenecer al terreno privado: craso error, son precisamente la bonhomía y el humanismo las características principales que debe tener, en mi opinión, un trabajador de la función pública.
Sin embargo, en muchas ocasiones esto no es así; pero cuando se unifican profesionalidad y vocación de servicio comprobamos que no sólo funcionan mejor las instituciones, sino que incluso los resultados son más satisfactorios para todos.
Los trabajadores del sector público estamos doblemente expuestos a los usuarios que atendemos y a las críticas externas, siempre fáciles de hacer y muchas veces sin tener todos los elementos necesarios para emitir un juicio. En cambio, pocas veces se resaltan los logros y los resultados positivos conseguidos, ya sea porque muchas veces estos son invisibles a corto plazo o porque su repercusión no es instantánea.
Por este motivo, quiero resaltar el trabajo arduo de estos profesionales y la dificultad que conlleva trabajar con menores, con jóvenes, con población desprotegida, en situación de riesgo o de precariedad económica. Cada uno con su historia y su problemática conlleva un desgaste emocional, la mayoría de las veces poco reconocido.
Esta es la razón que me lleva a dar públicamente las gracias a las trabajadoras (porque en su gran mayoría son mujeres) de Servicios Sociales de Telde y a la Concejalía de Igualdad, no sólo por la profesionalidad con la que realizan siempre su trabajo, sino además por su compromiso y actitud colaboradora en todo momento. He sentido -y así debo decirlo- en todo momento la buena predisposición como sello de estas concejalías que, pese a las dificultades económicas y los siempre escasos recursos con que cuenta, se han mostrado resueltas a colaborar y ayudar en todo lo que les he demandado.
Desde mi breve compromiso como vicedirectora del I.E.S El Calero he podido comprender y ser consciente de la importancia fundamental que tiene la prevención de la violencia machista entre la población juvenil. Con este convencimiento y sin más medios que los profesionales y voluntarios de Servicios Sociales e Igualdad, hemos podido realizar e implementar en el centro diferentes charlas y talleres tendentes a la concienciación del alumnado.
Es pues de justicia ratificar mi agradecimiento a estos profesionales, blanco de las críticas muchas veces, pero poco reconocidos en sus grandes logros.
Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura.

























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