Es muy complicado dirigir un partido donde el secretario general ha sido y es puesto en entredicho por parte de su militancia. Se ha visto recientemente en el proceso de elecciones internas que llevó a Pedro Sánchez a la secretaría general.
Pero antes tuvo que lidiar con sus propios compañeros de partido y tuvo que inventar un modelo de financiación para hacer su campaña. Todo esto mal visto por el partido y sus barones.
Mayo de de 2011 marcó un antes y un después en todo el ámbito estatal y demostró con meridiana claridad que gran parte de la juventud de este país propone un cambio de rumbo en todos los sentidos. De aquellas protestas, movilizaciones y acampadas adquieren notoriedad ciertos políticos sin experiencia en la gobernanza, pero con una visión más nítida y un análisis más profundo que el que sus señorías de entonces no veían con la miopía que da no saber dónde estás ni lo que pisas, que en este caso fue la calle.
Jóvenes y no tan jóvenes pero todavía sin aburguesar o acomodados –como se decía antes- entendieron que el asalto a las instituciones era tan grave que no cabía sino intentar, mediante alianzas estratégicas, apartar del poder a los que han dejado a Montaigne con el cogote al aire donde la política de salón, el poder judicial, el gran empresariado, la banca y la patronal intentaban que no cuajara ningún proyecto que desbancara a los políticos de la casta -donde también entrarían algunos del PSOE- y que se fueran a sus casas; o fuera de puestos de relevancia en consejos de administración de los lobbys -¿o es qué no se quiere ver que en España existen y se mueven a su antojo? –
Y la verdad uno no entiende el rechazo cuando la democracia interna de un partido se lleva a cabo con la garantías y la usas como herramienta para que los militantes se pronuncien, porque son ellos quienes nutren al partido con sus afiliaciones. Y que después de haber ganado, contra todo pronóstico, le pase lo mismo que cuando se postulaba: la desafección de los políticos más relevantes del partido, sus expresidentes del gobierno, presidentes de autonomías, antiguos secretarios generales…y a uno le da por pensar que aunque Podemos esté cerca, sería lógico intentar que la izquierda sea izquierda y la derecha, derecha, porque como dijo Pablo Iglesias en el congreso los que ahora irrumpen con sus propuestas y proyectos son de la generación de Barrio sésamo. Los otros lo fueron más bien de “La casa de la pradera” y así les va de pusilánimes, que ya no se distingue unos de otros de tan parejos que están en las decisiones que toman, sobre todo en materia laboral y social.
Evidentemente no estamos para voladores, y así se vio en el debate de la moción de censura, con asuntos tan graves como la reforma de la Constitución- que cuando quieren la reforman de urgencia por la puerta de atrás- , la próxima desconexión de Cataluña o la reunificaron europea con la socialdemocracia como aspiración para gobernar.
Y como todos los nuevos senadores y diputados que se adoctrinaron con Barrio sésamo saben dónde está la izquierda y la derecha, dónde arriba y dónde abajo, detrás y delante y así lo ha hecho saber Pedro Sánchez que ofrece dialogo con los sectores afines y más jóvenes de los grupos políticos que más cerca están de coaligarse y de apartar del poder a los saqueadores de cualquier sigla o ideología.
Las editoriales de los medios de comunicación que no comulgan con la nueva dirección lo dejan bien claro, lo hicieron antes y lo hacen ahora: no dejar despegar un proyecto político que ha sido aprobado por la mayoría militante socialista y no dejan duda ninguna a por quién van; y si van es porque tienen miedo de soltar el pan robado de cada día.
Sergio Domínguez-Jaén es poeta y escritor.


























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