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El valor de una mirada saharaui

Cojeda19 Domingo, 11 de Junio de 2017 Tiempo de lectura:

Cuando se llega a los límites de las cosas que nos hemos propuesto o, inclusive antes de llegar a ellas, podemos mirar hacia el infinito (Georg Christoph Lichtenberg).

El artículo de esta semana no es ‘cosecha’ mía propia, es decir no es ‘original’ de mi persona aunque sí esta pequeña introducción y algunos párrafos en los que trataré de ‘vislumbrar’ el contenido de “El valor de una mirada saharaui”, escrito por una gran amiga saharaui, una joven de tan solo 24 años pero que su ‘currículum’ hace que nos ‘asombremos’ ya que está estudiando Magisterio para poder seguir ‘obsequiando’ a los saharauis, a sus ‘niños’, con la ‘enseñanza’ que les proyectará a sus ‘pequeños saharauis’ pues a punto está de terminar la carrera, y sus metas son muy ‘amplias’ y con miras a un futuro a corto plazo en el que los niños saharauis van a convertirse en sus verdaderos ‘protagonistas.

 

Tiene su propio ‘blog’, que está profundamente ligado a la ‘causa saharaui’ y en el que existe una sección en su página web que lleva por título: “vivencias de un niño saharaui” (en minúsculas, pues es un ‘logo’ muy bonito, así al menos a mí me lo parece) en la que ‘aborda’ la sinrazón de estas criaturas que malviven en los Campamentos de Tinduf por nombrar quizá el lugar donde habitan más saharauis, alrededor de 180.000 si no ha crecido el número ya que la mujer saharaui es muy ‘fértil’ y amante de los niños como se verá reflejado este verano (me refiero a la ‘acogida’ de todas las comunidades españolas) con esas “Vacaciones en Paz” que van a acoger a cerca de ‘cinco mil pequeños saharauis’: 4.793 es la cifra actual que se ha dado por válida (aunque puede superarse pues todavía hay tiempo para que alguna familia más se ‘predisponga’ a tener durante un par de meses a una ‘criatura’ tan especial como son los ‘niños’ que viven en el desierto del Sáhara).

 

Benda Lehbib Lebsir (fotografía Sergio López)

Los saharauis, y su misteriosa mirada siempre acaban enganchándote, ¿has pensado alguna vez porqué miran como miran? Porque quizás sea esa historia que llevan a las espaldas, su tez oscura, sus manos arrugadas y su rostro alegre en mitad de este mundo de locos en el que les ha tocado vivir. Quizás sea su templanza, su sencillez, su lentitud o su forma tan peculiar de ver y vivir la vida. Y no lo sé, pero es algo fuera de lo normal. No lo digo yo, que también, sino quienes se atreven a conectar con ellos, a ir un poco más allá.

 

Quizás sea eso, o que también, sea su elocuencia, su uso perfecto del lenguaje, un idioma inventado por y para ellos que mezclado con un melifluo tono de voz son capaces de acoplarte a su mundo con tan solo escucharlos, y es que es como aquella melodía capaz de despertar un torbellino de sentimientos, el arte desprendiéndose de sus miradas, capaz de deleitar el corazón de quien les escucha. “Porque quien no entiende una mirada, tampoco entenderá una larga explicación.”

 

O sus silencios, ¡ay sus silencios! la interpretación abstracta de su ser, apta tan solo para quien mira más allá de lo que ve, para aquel sin miedo a sumergirse en un mar de profundas interrogaciones, incógnitas sin respuestas, verdades como templos, historias jamás contadas, y la humildad y la hospitalidad por bandera. O la poesía que forma parte de sus miradas, unos ojos transparentes, sinceros, capaces de describir los más inefables de los sentimientos en un efímero espacio de tiempo. Y es que ‘enganchan’, de verdad. Míralos, aprecia lo que te dicen más de lo que hablan, no les hagas gesticular ni una sola palabra, ni hables tu tampoco, ve más allá. Míralos, pero míralos bien. ¡De verdad!

 

Tal vez, la vida que corre por sus venas, sístole y diástole al compás de su intensidad, eufóricos latidos tras una apariencia calmada, de quien aprecia lleno de paz la belleza a su alrededor, de alguien que ve un mundo de color, y en su círculo en el que cada pequeño matiz cobra un poco de sentido. Y es difícil, muy difícil, pero allí están haciendo malabares jugando al despiste como quien quiere ir adelante y va, por que tanto si piensan que pueden o no sobrevivir en esas condiciones, en ambas están en lo cierto.

 

Quizás sea todo eso, o no, pero sabes qué te digo ponte sus zapatos… Esfuérzate para que tu pie entre, átate bien los cordones y echa a andar. Comprobarás que aprietan donde menos podías imaginar y que, incluso, te harán rozaduras, de esas que tardan un tiempo en desaparecer, de las que marcan y no olvides lo complicado que es ponernos en el lugar del otro y andar su camino, enfrentándonos a sus miedos, sus frustraciones, sus interrogantes, su tira y afloja, porque mirar lo que es mirar, mira cualquiera, hablar sin hablar tan solo unos pocos. Y como decía una buena amiga mía: “en el Sahara la luna está llena de miradas que se perdieron buscando respuestas.” Y, ¡qué verdad es!

 

Hasta aquí el texto de Benda: “El valor de una mirada saharaui”. Un escrito que narra con mucha ‘delicadeza’ y un tanto de ‘poesía’, lo que para mi amiga Benda significa la ‘mirada saharaui’. Y no seré yo quien le lleve la contraria, a pesar de haber ‘convivido’ con los saharauis por un espacio de 15 años, y en los cuales he conocido a ‘guayetes’ (así los llamábamos los españoles) de todas las edades, con ‘moscas’ en la comisura de sus labios, los más ‘peques’ y en sus ojos. Todo tiene explicación, ya que las moscas van a los ‘focos de infección’ y tanto las mucosidades que les resbalaban nariz abajo, era un manjar para esos insectos, al igual que las ‘legañas’ mucho más gustosas y yo no paraba de mover mis manos para ‘espantarles’ a los pobrecillos tanta mosca ‘turbando’ su tranquilidad…

 

La verdad es que parecía que tenía yo la ‘picazón’, en cambio ellos, tan ‘chiquitos’ ni se inmutaban. Pero ‘guayetillo’ que tenía a mi lado sabía que no le iban a ‘incordiar’ las dichosas moscas porque ya me conocían… Todo eso, hoy en día, ha cambiado mucho, ya que las condiciones ‘higiénicas’ (en los años 60 todavía estábamos ‘todos’ en pañales, tanto los saharauis como los españoles, porque no conocíamos las ‘costumbres’ los unos de los otros, y poco a poco, nos fuimos ‘entendiendo’ y comprendiendo que los ‘guayetes’ más pequeños no tenían ‘repudio’ a tener moscas ‘molestonas’ (como decimos en Canarias) pues desde casi recién nacidos así habían ‘sobrevivido’. Gracias a Dios o a Alá, las madres fueron tomando ‘conciencia’ y aprendieron lo que estas costumbres podrían provocar en sus ‘chiquillos’.

 

He comenzado por este ejemplo porque es lo que más me ‘impactó’ en aquellos años 60 y la década de los 70 que se ‘truncó’ a mediados, hacia 1975 cuando sucedió lo que nadie había ‘soñado’. La salida del contingente español por motivos ‘políticos’ y de otra ‘índole’ que es el ‘suplicio’ que ahora están pasando en los Campamentos. Pero no todo se redujo a dos fechas muy concretas. Conocí y aquí quiero enlazar con el escrito de Benda, saharauis de todas las edades: los que estudiaron conmigo en Primaria, donde aprendimos a leer y escribir juntos, de ahí que conozcan tan bien nuestro idioma. Donde nos hicimos amigos y de ahí que esa ‘mirada del saharaui’ tenga algo de especial, pues llevan en su interior un ‘algo’ que propicia esa forma de ‘mirar’ que te contagia y hace que nos comprendamos sin decirnos nada, pues sus ‘ojos’ color aceituna, también de color miel, morenos, casi como su piel, son un verdadero ‘reflejo del alma’, y en los saharauis se percibe sin querer. Así como nosotros los españoles y los europeos miramos sin ninguna otra pretensión, la ‘mirada’ del saharaui es muy ‘peculiar’, te ‘contagia’, te ‘embebe’ es, como dice Benda, una mirada que posee un ‘valor’ por llamarlo de algún modo que te ‘cautiva’, quizá sea esta la palabra que mejor la ‘defina’: una mirada ‘cautivadora’.

 

También tuve la suerte de estar durante 7 años haciendo el Bachillerato (los seis primeros cursos, de 1º a 6º y el C.O.U. llamado Curso de Orientación Universitaria, el bachiller de la vieja escuela) y conviviendo con saharauis de mi edad hasta cumplir los 17 años. Fue una época en la que me relacioné con una cantidad enorme de saharauis en los distintos niveles que iba estudiando y sobre todo me gustaría nombrar uno de entre todos: Haibala Sidahmed Nayem, cuya mirada era ‘limpia’, ‘sincera’ y llena de ‘humildad’. Ningún otro compañero español me brindó la ‘amistad’ que, de forma muy ‘desinteresada’ me ofreció Haibala (lo mataron en las primeras ‘reyertas’ del Polisario, por su ‘bondad’). Pero no quisiera acabar este párrafo sin comentar que en esos siete años que se me hicieron largos, tuve mucha ‘solidaridad’ con esos saharauis que estudiaban conmigo y ellos me respondieron con la ‘generosidad’ típica del musulmán.

 

Si la ‘mirada’ del saharaui es tan especial, mucho más lo es su ‘sonrisa’, que los eleva a un status casi ‘divino’. Todos esos pequeños tienen en su sonrisa la ‘bondad’ que muchos quisiéramos para nosotros, pero son ellos, solo ellos, los que ‘sonríen’ de un modo muy particular, ya que son tan ‘agradecidos’ que por cualquier cosa que les ofrezcas te responden con esa ‘mueca’ en la cara que te ‘conquistan’. Su modo de ‘sonreír’ es realmente bello: expresa humildad, generosidad, bondad y, todo ello, aderezado con unas gotitas de ‘amistad’, tal vez la palabra más bonita que puede uno disfrutar si realmente consigues un ‘amigo’ en tu vida. Y ellos son propensos a ‘brindártela’ sin ningún tipo de contrapartida siempre y cuando vayas de frente, de forma ‘sincera’, ya que ellos te van a ofrecer sin ‘cortapisas’ toda su ‘amabilidad’ y ‘cordialidad’, lo mejor que llevan dentro de su ‘corazón’.

 

A tenor de lo escrito, y hablando de sonrisas, la que me cautivó por su singularidad, fue la de mi amigo Haibala, cuyo gesto ‘sencillo’ pero pleno de alegría ya que vivía la vida con esa ‘alegría’ que le caracterizaba, con una ‘sonrisa’ de oreja a oreja, con su hablar más que profundo porque había captado nuestra forma de hablar, los españoles, y junto a mi ‘departíamos’ largo tiempo con unas charlas muy amenas y al más puro ‘estilo saharaui’, solo nos faltaba ‘cogernos del dedo’ y dar un largo paseo, cual la costumbre entre los musulmanes. Pero él y yo sentados en los escalones del Instituto ‘General Alonso’ de El Aaiún, ‘departiendo’ sobre temas dispares aprovechando los ‘recreos’ aunque fuéramos ya ‘mayorcitos’ con unos 15 años, aunque eso nos daba lo mismo. Juntos aprendimos muchas cosas, y compartimos ‘amigos’ y, de vez en cuando, le dábamos una patada a una pelota que rondaba por nuestros pies o participábamos en la ‘pachanguita’ que se formaba en el patio del Instituto en nuestro tiempo de descanso.

 

La ‘sonrisa saharaui’, la ‘mirada saharaui’, dos aspectos a reseñar de los niños, chicos, jóvenes y también adultos, amén de los más ancianos o más mayores que te ofrecían con todo ‘respeto’ su singular ‘mirada’ y completaban su agasajo con una ‘sonrisa’ que te ofrecía ‘amistad’, ‘solidaridad’… En definitiva, gozábamos de su ‘convivencia’ porque el saharaui es una raza muy ‘leal’ y consecuente con unos ‘principios’ que les hacen ser unos seres humanos realmente ‘increíbles’.

 

Y para ir terminando este artículo, en primer lugar debo darle las gracias a Benda, por su ‘generosidad’ al compartir con todos nosotros su escrito que aborda una ‘realidad’ que muchos desconocen fuera de las fronteras del Sáhara, que tan solo ellos, los saharuis, tienen a bien demostrar a todo el que los conoce, se hace ‘amigo’ de todo aquel que los visita y provocan en nosotros una ‘adicción’ que hace que queramos volver a esas tierras para volver a tener la ‘experiencia’ que tanto nos ha ‘marcado’. Y es que, una vez que llegas a los Campamentos, tu persona sufre una ‘transformación’ y una ‘emoción’ tan grande que te ‘transporta’ a otro mundo, donde no existe lo ‘material’, donde la ‘sencillez’ suple toda la ‘opulencia’ de las grandes ciudades, donde lo más ‘pequeño’ se convierte en el mayor de los ‘tesoros’.

 

Desde este rincón de ‘Teldeactualidad’ quiero mandar un mensaje de ‘gratitud’ a todos los saharauis por ser ‘como son’, ensalzar el valor de su ‘mirada’ y, cómo no, hacer una ‘mención’ especial a esa ‘sonrisa’ que nos brindan en la que se intuye ‘amistad’, ‘bondad’, generosidad’ y una ‘humildad’ digna de unas personas muy ‘humanas’.

“El valor de la mirada saharaui” como titula Benda su escrito, va más allá de lo que nuestros ojos ‘divisan’, pudiendo llegar hasta el ‘infinito’, puesto que habremos conseguido todo aquello que nos habíamos propuesto. ¡Nada más grande que esa frase que Georg Christoph que hace ‘alusión’ a lo comentado…!

 

Esperando que pueda seguir publicando ‘historias’ como la narrada por Benda Lehbib, le vuelvo a reiterar las ‘gracias’ por su pasión hacia esa tierra que tanto ‘quiere’ porque forma parte de su ‘idiosincrasia’…

 

Francisco Javier Burón Monís es ciudadano de Telde.

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