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El padre verdugo

Cojeda19 Domingo, 11 de Junio de 2017 Tiempo de lectura:

Lleva años armándose de valor para contar lo que hasta hoy no se ha atrevido a relatar salvo a los íntimos. Su vida ha sido tan dura, cruel, que ya ha habido conversaciones para llevarla a un documental, pero él se resiste. Es desconfiado con razón y por eso para meterse en esa dolorosa aventura exige que los que le quieren bien estén a su lado.

 

Esos que le conocen, los que valoran los pros y los contras de airear su realidad, los que le aconsejan no ir más allá. Contar lo que necesita contar salpicaría a muchos; las patas de su banco vital incluyen historias de maltrato desde la niñez, episodios de una Iglesia en la que fue violado como monaguillo y el reproche mudo a quienes, su familia, conociendo su desamparo infantil no lo protegieron convirtiendo su vida en un infierno. Hoy roza los setenta años y hace dos semanas lo escuché sollozar como jamás lo había escuchado.

 

Ese día como tantas veces contó episodios dolorosos. No entiende como siendo un niño lo dejaron a merced de su verdugo, su padre, ese que nunca lo quiso y que volcó toda su ira en su hijo. Un cabrón. Palizas, insultos o echarlo de casa por un recado mal dado. La llegada al mundo de un bebé no querido es el origen de tanta crueldad. Vivió años de terror y desde que pudo huyó pero fue a caer en el Seminario en el que primero fueron toqueteos y más tarde lo que se imaginan. Tenía pocas salidas; su familia atemorizada por el ogro miraba para otro lado y él se vio obligado a sortear sotanas abusadoras para sobrevivir hasta que un día abandonó la fábrica de curas y no quiere ni verlos.

 

La crueldad llegó a tal extremo que le quitaba la comida de la mesa, castigo que ampliaba a su mujer si el chiquillo llegaba tarde. Cualquier excusa era válida para sacar el palo. Tiene grabadas sus noches infantiles en la oscuridad de las plataneras porque la puerta de casa se cerraba a cal y canto. Cuánta maldad. Adora a su anciana madre y solo eso le frena para contar su vida con todo lujo de detalles aunque también a ella le reprocha no haberlo protegido del animal. Ha sido un empresario de éxito pero no respirará hondo hasta quitarle la careta a los que tanto daño le hicieron. Está convencido de que debe hacerlo y creo que lo hará.

Lo conozco.

 

Marisol Ayala es periodista. Artículo publicado en su blog.

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