Amigos, el 1 de mayo por ser el día grande para millones de obreros que nos invitan a recordar que, allá por el año 1886, exactamente en un Primero de Mayo, más de 200.000 trabajadores iniciaron una gran huelga en demanda de las 8 horas laborales.
Sí, ¡qué razón tenía Francisco de Quevedo cuando valientemente afirmaba: “Donde no hay Justicia, es un grave peligro tener razón.”
Puedo afirmar que el 1 de mayo, más que un día festivo, es un día grande para recordar el sacrificio de los Mártires de Chicago, aquellos valientes hombres que fueron ejecutados por no someterse a la esclavitud que entonces el Capitalismo imponía, llegando a cometer el terrible crimen de ahorcar a los que no pensaban como ellos que gritaban contra los salvajes que imponían el trabajar diez, doce, catorce y hasta dieciséis horas diarias en algunos países, muriendo con frecuencia niños, mujeres y hombres de hambre, de enfermedades y de accidentes sin la más mínima atención médica, y sin pensión alguna.
Amigos, recordemos el artículo 19 de la Declaración de Derechos Humanos donde dice con claridad lo siguiente: "Todo persona tiene derecho a la libertad de opinión y expresión sabiendo que este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión". Asamblea General de la ONU, el 10 de diciembre de 1948.
Pido a los amigos lectores que en este día 1 de mayo recuerden a alguien que dio su vida por el mundo del trabajo, sí, a aquel gran sacerdote belga José Cardinj, el que se arrodilló junto a su padre muerto, prometiéndole que él daría su vida por el mundo obrero.
Y así fue porque su promesa la llevó bien a cabo fundando con su gran carisma el movimiento de la JOC con el famoso trío del Ver, Juzgar y Actuar. De verdad que con alegría les digo que todavía recuerdo las tres cartas que él mismo nos escribió en aquellos años a los cinco seminaristas del grupo de la JOC, en cuyos encuentros semanales nos preparábamos para luego como sacerdotes entrar más en contacto con el gran mundo del trabajo.
Amigos lectores, a no olvidar lo del dicho: “Adiós rogando y con el mazo dando”. Pido que recen en este Primero de Mayo con fe y con fuerza para que la Justicia siempre esté viva en especial cerca de los más pobres y así poder creer todos un poco más en el gran maestro de Galilea, Jesús el hijo del carpintero de Nazaret.
Que el carpintero San José obrero nos eche una buena mano para construir todos un mundo más humano, y más con hechos que con palabras.
Francisco Martel es sacerdote y párroco.


























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