Al amanecer de este miércoles de la 1ª semana de la Pascua, ha pasado al seno de Padre Dios, la Hermana de la Caridad de San Vicente de Paul, Sor María Teresa Muruzábal.
Yo era un niño cuando la conocí recién llegada del Noviciado al Internado de San Antonio de Las Palmas de Gran Canaria, donde pasó muchos años en la atención y formación integral de los niños en general y especialmente a los mayores, próximos a emprender los estudios del Bachillerato, Comercio, o Escuela Industrial así como el completar estudios y formación en los talleres de Oficios capacitadores para la integración en la vida social.
Marcha al seno de Dios una mujer navarra, valiente, generosa, preparada, inquieta como “la Teresa de Jesús”. Los pobres, fueron su opción de vida. Ella renunció a una legítima vida de bienestar y acomodo, por su rancio abolengo que dejó, renunciando a muchas cosas del mundo del bienestar y acomodo, para abrazar el corazón de los humildes; por insertarse encarnadamente en la causa y el realce de los niños que necesitaban, soñaban y se esforzaban por un mañana mejor para ser útiles a sus familias y así mismos.
Ella era soñadora por el porvenir de aquellos chiquillos que una vez dejando el Colegio Internado de San Antonio, siguieron siendo sus hijos, de los que jamás se extinguió su preocupación por sus vidas, alegrándose de todos los acontecimientos felices de vida como llorando ante las adversidades con las que les probaba la vida, animándoles a mantener la esperanza con la fuerza que da la experiencia de una vida disciplinada, esforzada inteligencia, el conocimiento y la fe no solo humana, sino la que brota generosa del don de Dios.
Su sonrisa rebosante, su vida en movimiento, su cercanía , su atención a los pobres del Comedor que las Hijas de Caridad atienden en la calle 29 de Abril de nuestra capital, además de sus múltiples tareas aparcadas por la edad, como: Trabajadora social, Directora del Colegio de la Sagrada Familia, superiora de una de las Comunidades de Hijas de la Caridad del Lomo Apolinario, o el Grupo de Cáritas de la Parroquia de San Bernardo en la que actualmente participaba de forma activa…
Ella, deja la puerta abierta y un sitio apenas recogido por no haber más tiempo que perder; así le llegó de rápida la llamada de “la Vida para siempre al seno de Dios”, pues su sendero, era sendero del Resucitado y su obras, resucitadas y resucitadoras.
Su vida encarnada en la realidad de los pobres y a la cruz que abrazó con esa tenacidad navarra con un corazón parecido al del santo Javier o al de sus santos fundadores, Vicente de Paúl o de Luisa de Marillac.
Su “silla vacante” ojalá la ocupen docenas de chicas jóvenes que digan SÍ a llamada de Dios para ser Hijas de la Caridad y que la Virgen Milagrosa les reboce de alegría con su dulce sonrisa y los destellos de su amor.
Los Niños de ayer, del Internado de San Antonio, ya maduros, le lloran hoy; y en su memoria y en sus corazones la recordarán en la frescura de su testimonio. Seguro que es momento de tamizar la historia, sus vivencias, errores y logros….. será la Victoria la suma de los dones otorgados por el Señor de calificación en ella; porque del Señor viene la Misericordia y la redención copiosa. Por eso, sin equivocarnos podremos decir de Sor María Teresa Muruzábal, que por su vida en Cristo ¡Ha resucitado!! Y todos nosotros junto a sus Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl entonamos en acción de gracias al Señor, no un pésame, sino una alabanza de Aleluya.
Paco Peña es ciudadano de Telde, reside en La Garita y fue niño del Internado de San Antonio.

























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