Van pasando los diÌas desde el triste suceso y continuÌo apesadumbrado. Uno maÌs en el aÌmbito deportivo, y concretamente, el eneÌsimo en el mundo del fuÌtbol. Me refiero al lamentable episodio protagonizado por los padres de dos equipos de fuÌtbol infantil, en Mallorca. Un espectaÌculo dantesco que hiere de gravedad a uno de los pilares del ser humano: la dignidad.
En este diÌa infausto, unos padres, si se les puede llamar asiÌ, se enzarzaron a golpes entre ellos, fuera del campo de juego, ante la atoÌnita mirada de todos los presentes, incluidos sus avergonzados hijos, o menores presentes en la grada.
Dicen que el sentido comuÌn es el menos comuÌn de los sentidos, y debe ser verdad. Pero una vez se han producido los hechos, hay que pasar al anaÌlisis, para poder aportar soluciones que permitan evitar este tipo de actuaciones. Y el primer anaÌlisis que me viene a la mente es el relacionado con la educacioÌn.
Ccomo maestro de EducacioÌn FiÌsica, me veo en la necesidad de buscar soluciones. Y entre algunas de ellas, hay una que sobresale por encima de las demaÌs: la implantacioÌn definitiva de una educacioÌn en valores.
De nada sirve que nuestros niños y niñas aprendan los contenidos del curriÌculum, si al final estamos “fabricando” monstruos que no entienden de solidaridad, compañerismo, empatiÌa, etc. Como educador, y como padre, yo prefiero educar una buena persona, que sea capaz de discernir entre lo que estaÌ bien y lo que estaÌ mal, que sea capaz de mantenerse alejado de los focos de violencia, que genere un buen ambiente social, que se convierta en partiÌcipe de una sociedad honesta, inteligente y paciÌfica, que crear un monstruo violento, que no entienda que con la fuerza bruta no se puede conseguir nada (salvo puntos de sutura, dolores, inflamaciones, multa econoÌmica y degradacioÌn social), que para poner orden hay otros cuerpos especializados en esa tarea y otras instituciones para impartir justicia (otro debate distinto es la calidad de la misma).
SiÌ, desde luego urge una educacioÌn en valores en la escuela. Porque si no, derivan en adultos como los que hemos visto en este desdichado viÌdeo.
Y ustedes diraÌn: siÌ, eso estaÌ bien, pero en este caso concreto, ¡han sido los padres! Y yo planteo: ¿por queÌ no imponer desde las federaciones, ya sea nacional o territorial, que se creen escuelas de padres en los clubes? Conozco ya de algunos casos concretos que lo estaÌn haciendo, o al menos intentaÌndolo, pero por voluntad propia. Y no resulta faÌcil.
No estariÌa de maÌs que todos se viesen obligados a poner en marcha este recurso, porque no deja de ser eso, un recurso para recordarles a los padres que deben ser buenos ejemplos, que recuerden o recuperen aquel espiÌritu noble, paciÌfico y conciliador, que un diÌa les inculcaron en la escuela. Me gustariÌa ver la cara de alguno de los protagonistas de este incidente al verse en ese viÌdeo, y a ser posible, con su hijo delante (si no maÌs familiares o conocidos presentes).
En fin, una vez maÌs el deporte sale perjudicado, y otra vez maÌs, el fuÌtbol. Me embarga una tristeza infinita porque este es un deporte maÌs: precioso, maravilloso, donde prima el compañerismo y la solidaridad, donde el espiÌritu de equipo estaÌ por encima de cualquier ego o cualquier individualidad. No, no se engañen, el problema de los violentos no lo ha generado, ni lo genera, ni lo generaraÌ el fuÌtbol. Somos las personas, las que desarrollamos las acciones. Por favor, pongamos todos un poquito de nuestro sentido comuÌn, no volvamos a siglos atraÌs, para tener despueÌs que volver a buscar, el escalafoÌn perdido de la humanidad.
Güise Alemán Falcón es maestro de Educación Física y entrenador de fútbol.

























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