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Juez de Menores, don Emilio Calatayud

Cojeda19 Domingo, 26 de Marzo de 2017 Tiempo de lectura:

Hablar de don Emilio Calatayud, es hablar de ‘justicia’, de ‘ley’ y de ‘honradez profesional’. Algo de lo que ‘carece’ nuestra sociedad, en gran medida. Y esta forma de ‘impartir justicia’ tan peculiar como la ‘ejerce’ Emilio Calatayud, es propia del lugar en el que ejerce su profesión de ‘juez’ como es la ciudad de Granada (comenzó allá por 1980 en Güimar (Tenerife) y en 1984 es destinado a los Jugados de Granada.

 

Allí ha forjado su carrera de ‘Juez de Menores’ y allí se ha labrado un porvenir, llegando a ser considerado uno de los mejores jueces por sus ‘originales sentencias’.

 

Tampoco se debe dejar de resaltar lo ‘controvertidas’ que pueden llegar a entenderse sus ‘deliberaciones’ y el último tramo de lo juzgado que tiene su punto álgido en ese ‘visto para sentencia’ y la consiguiente pena o ‘condena’ hacia el acusado: sobre sus ‘singulares’ formas de ‘condenar’, se puede hablar largo y tendido. He querido ‘reflejar’ algunas de sus ‘sorprendentes’ condenas a los jóvenes del que se enorgullece de saber ‘imponerles’ el castigo que deben cumplir a los que han ‘delinquido’ o cometido algún ‘desmán’ que lo ha apartado de la ley.

 

En otro orden de cosas, el juez Calatayud es una persona con la que se puede ‘debatir’ y comentar cualquier tema, siempre en el terreno de lo ‘social’, pues él basa toda su ‘sapiencia’ en la convivencia humana que debe ser entendida con ‘sensatez’ y sobre todo utilizando el ‘sentido común’, por encima de cualquier ‘modismo’…

 

A tenor de sus polémicas palabras: El juez de menores Emilio Calatayud pide el retorno de la mili “para ellos y ellas” y para “los ‘ni-nis’…”, se ha creado una enorme ‘expectación’ y ‘alboroto’ en cuanto a que al parecer son ideas que han pasado de moda y que, hoy en día, resultarían ‘obsoletas’. Pero él insiste en que tan solo es una ‘propuesta’ que puede favorecer a los ‘ni-nis’, a los jóvenes que se ‘rebelan’ contra una sociedad que, aunque ande un tanto ‘alocada’, se pueden poner en marcha una serie de ‘proposiciones’ que sean ‘válidas’ entre los jóvenes de nuestro país, de España.

 

“Lo que iba a disfrutar yo viendo marcar el paso a esos niños y niñas que ni estudian ni trabajan y están todo el santo día con el móvil”, asevera el magistrado.

 

Es conocido por imponer algunas de las condenas más controvertidas de la justicia española, pero esta vez el magistrado Emilio Calatayud se ha convertido en el centro de las miradas por sus palabras. El juez de Menores de Granada solicitó el pasado 4 de marzo mediante un escrito publicado en su blog personal el retorno del servicio militar.

“¡Que vuelva la ‘mili’ (el servicio militar obligatorio), como en Suecia!”, se lee en la cabecera de su texto. En menos de quince líneas, Calatayud expone que los jóvenes del país aprenderán a ser soldados, “o lo que es lo mismo, ‘disciplina’ y ‘autoridad’, que nunca son mala cosa (siempre que se pongan en práctica con el ‘rigor’ que precisan estos dos ‘valores’…”.“Aprenderán a ser soldados, o lo que es lo mismo: disciplina y autoridad”.

 

Emilio Calatayud

El magistrado considera que España debería seguir el ejemplo de Suecia y plantea la necesidad de que los jóvenes “hagan un par de meses de campamento, o sea, de instrucción militar”. “Ellos y ellas. Y los ‘ni-nis’, un año o dos”, subraya.

 

Calatayud reconoce que no es la primera vez que su propuesta se recibe con críticas: “Me han dicho que era un antiguo, un retrógrado, un militarista”, admite, y argumenta que “los suecos lo van a hacer” y sin embargo “conforman una de las sociedades más progresistas del planeta”.

 

“Lo que iba a disfrutar yo viendo marcar el paso a esos niños y niñas que ni estudian ni trabajan y están todo el santo día con el móvil… ¡Un, dos, un, dos…! Ja, ja, ja...” escribe el juez de Menores de Granada, que acompaña su texto con una instantánea de dos jóvenes reclutas españoles.

 

El juez considera que los jóvenes que cumplieran el servicio militar aprenderían ‘disciplina’ y ‘autoridad’.

 

El magistrado volvió a verse envuelto en la polémica cuando hace un par de semanas, en el marco de la conferencia “Conciliar en Familia” que acogió el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga, invitó a los padres a cumplir con un “Decálogo para formar un delincuente” recogido por el ‘Diario Sur’. En él destacaba con ironía normas como “nunca le digáis que lo que hace está mal: podría adquirir complejos de culpabilidad y vivir frustrado”, “recoged todo lo que vaya dejando tirado: así crecerá pensando que todo el mundo está a su servicio; su madre la primera”, o “no le deis ninguna formación espiritual: ¡ya la escogerá él cuando sea mayor!”.

 

Aunque no era la primera vez que el juez de menores mencionaba dicho decálogo. Desde hace años sus intervenciones en ponencias se centran en las diez normas que los progenitores deberían seguir para hacer de sus descendientes unos delincuentes.

 

Las sentencias más curiosas de Calatayud

Una de sus sentencias más sonadas es de principios de este mismo año. El magistrado condenó a un menor que había robado 600 euros de una peluquería a realizar un curso de estilismo. La pena, sin embargo, no se conmutaría con el título obtenido, sino con un corte de pelo que el menor tendría que realizar al propio Calatayud.

 

En otra ocasión condenó a un joven aficionado al dibujo a relatar a través de un cómic de 15 páginas las razones por las que había sido sentenciado, mientras que el castigo que le impuso a un ‘hacker’ en abril de 2014 fue el de impartir 100 horas de clases de informática a jóvenes de un centro escolar de Madrid.

 

Algunas de sus obras: “Buenas, soy Emilio Calatayud y voy a hablarles de…” en la que contiene: Educar a los menores. Peligros de las redes sociales. La ley del Menor, qué ocurre si cometen un delito. Cómo convertir un menor en un delincuente. Sexo juvenil. Sentencias ejemplares. La crisis y cómo nos afecta. Otra de sus obras es más interesantes: “Reflexiones de un Juez de Menores”. Y la última, de gran ‘prestigio’: “Mis sentencias ejemplares”.

 

La última condena que acaba de imponer el juez de Menores de Granada, Emilio Calatayud, ha vuelto a generar controversia. El magistrado ha condenado a un menor que robó en una peluquería a matricularse en un curso de estilista y a aprobar un examen que consistirá en un corte de pelo que el procesado tendrá que realizarle al propio juez.

 

Esta poco convencional sentencia se suma a una larga lista de castigos que han hecho de Calatayud un juez muy popular entre sus colegas de profesión, pero también entre la ciudadanía. De hecho, el magistrado publicó en 2008, junto al periodista Carlos Morán, un libro donde recopilaba sus resoluciones judiciales más destacadas “Mis sentencias ejemplares”.

 

Condena de cómic

Entre sus resoluciones judiciales más conocidas, destaca la del joven, aficionado al dibujo, que fue condenado a relatar a través de un cómic de 15 páginas los motivos por los que había sido sentenciado, o la de un conductor borracho que fue obligado a visitar durante un día entero a parapléjicos, hablar con ellos y sus familias y explicar la experiencia en una redacción.

 

En octubre de 2003 Calatayud condenó a un joven de 16 años de la localidad granadina de Darro a acompañar durante 100 horas a una patrulla de la Policía Local. El menor estaba acusado de conducir de manera temeraria y sin carné de conducir por las calles de la localidad, tal como denunciaron varios vecinos.

 

Condenado a patrullar

En aquella ocasión el juez indicó que el objetivo de este tipo de sentencias es que el procesado “pague lo que ha hecho” y, además, “vea las consecuencias” de los accidentes de tráfico. Pero como en la localidad no había centros de traumatología, el magistrado optó por esta sentencia alternativa.

 

En abril de 2014 Calatayud condenó a un hacker a impartir 100 horas de clase de informática a otros jóvenes en un centro escolar de Madrid, lugar de residencia del acusado. El hacker fue procesado por un delito de revelación de secretos después de haberse introducido en el sistema informático de una empresa de Granada.

 

El castigo: impartir clases

La sentencia establecía una condena de 100 horas de servicios sociales a la comunidad, que en su caso se tradujo en impartir clases de informática, estudios que cursaba en aquel momento el acusado. El juez subrayó en la decisión judicial la colaboración que demostró en todo momento el joven, que reconoció su participación en los hechos.

 

También es destacable la pena que impuso el magistrado a un menor que quemó papeleras, al que el juez obligó a trabajar durante varios días con bomberos, o el caso del joven que acosó a una anciana y que recibió un castigo poco habitual: trabajar en un centro de rehabilitación.

 

Sentencias que han contribuido a hacer de Calatayud un juez ejemplar para muchos y poco ‘ortodoxo’ para otros. Sentencias que han dado mucho que hablar y que seguirán haciéndolo, ya que, pese a todo, el Juez don Emilio Calatayud, lleva varios años ‘impartiendo’ esta serie de ‘trabajos sociales’ (a modo de condena a los jóvenes delincuentes) y todo ello le ha reportado más ‘satisfacciones’ que alguna que otra ‘repulsa’ por esa forma de actuar como Juez de Menores.

 

Y tenemos la ‘certeza’ que esta forma de realizar su labor de juez es única ya que apenas se conoce algún magistrado que ‘imponga’ sus penas de esta manera tan ‘especial’ como la que realiza el Juez Emilio Calatayud. Confiemos que, a partir de ahora, los demás ‘defensores de la ley’ tomen ejemplo de alguien que, sin mayores complicaciones, ‘regenera’, procura ‘reinsertar’ a los que delinquen en una sociedad como la nuestra que está bastante ‘deteriorada’.

 

Quisiera comentar un tema que hoy está provocando un ‘incendio’ alarmante en nuestra sociedad, en cuanto a su transcendencia, ya que se trata del uso del ‘móvil’. Todo un asunto más que preocupante en lo que concierne a los padres e hijos. El último caso ha sido el de la ‘denuncia’ presentada por un hijo (17 años) contra su madre porque le ‘arrebató’ el móvil ya que ésta le recriminó que no estaba estudiando. Al final, se hizo justicia y la madre ha sido absuelta aunque la Fiscal le pretendía imponer una pena de ‘nueve meses de prisión’ y una orden de alejamiento de 500 metros de su hijo. ¡Algo ‘aberrante’ e ‘increíble’!

 

Según el juez Calatayud, su opinión al respecto es bastante ‘severa’, pero no por ello, poco formativa o muy alejada de lo que significa la ‘educación de los hijos’. Su versión de los ‘entresijos’ que el uso del móvil conlleva estriba en que los padres son demasiado ‘permisivos’ con sus hijos. Su respuesta a las varias preguntas que se le efectuaron al respecto fue la siguiente: “El móvil se le debe ‘permitir’ a un hijo a partir de los 14 años (edad en que ya puede ser ‘juzgado’ ante un Tribunal de Menores)”. Esa es la primera contestación y prosigue: “El móvil se le puede permitir a un hijo cuando se lo pueda ‘comprar’ él con su dinero”. Otra ‘aseveración’ algo más dura que la anterior. Y sobre la ‘concesión’ al hijo de este ‘aparatito’: “El ‘dueño’ del móvil soy yo que es el que lo ha pagado, y está a mi nombre dado de alta, por si tiene alguna duda mi hijo…”.

 

A tenor de estas opiniones más que ‘correctas’, según el que esto firma, pues el juez intenta que los hijos ‘aprendan’ una serie de valores que ya parece que están ‘obsoletos’ pero que son enseñanzas que debemos aprender todos pues no tienen ‘fecha de caducidad’, más al contrario, son importantes volverlas a sacar a la luz pues son el ‘pan nuestro de cada día’, ya que la convivencia en ‘sociedad’ depende de toda esta serie de ‘virtudes’ que se han perdido como es la ‘obediencia’… ¿Qué es la obediencia se preguntarán los ‘ni-nis’? Pues algo tan sencillo como el ‘respeto’ a las personas con las que convivimos, los adultos (que suelen ser nuestros padres en este caso particular), saber ‘comportarse’ en el entorno de una familia, cuando se tienen menos de 18 años, ya que están bajo la ‘patria potestad’ de sus padres.

 

Y como comenta Emilio Calatayud, cuando rebases los 18 años, cuando tengas la mayoría de edad, entonces: “si no quieres seguir bajo la ‘tutela’ de tus padres, tienes donde elegir, ya que te puedes ‘emancipar’, salir con una mano delante y otra atrás, si no quieres seguir dependiendo de tus padres y ‘buscarte la vida’ por tu cuenta o en el peor de los casos, que tus padres sean lo que te pongan en la ‘disyuntiva’ de que si no sigues estudiando o intentando trabajar, ellos mismos se pueden ‘desprender’ de ti y ‘echarte’ de su casa, porque unos padres no tienen por qué mantener ‘gandules’ ni ‘vagos’ viviendo a su costa”. Y si hay algún hijo que pretende denunciar a su padre por esta razón, “el padre tiene la ‘obligación’ de pasarle si así el juez de turno lo decide, una ‘pensión alimentaria’ de acuerdo al modus vivendi que tenga el padre o madre, ‘condicionada’ esa cantidad a los honorarios que cobren sus padres”. Pero si no se fallara a favor del hijo, tendrá que ‘decidir’ qué hacer, o regresar con la ‘cabeza gacha’ a casa de sus padres o ‘buscarse la vida’, así de sencillo y de ‘crudo’…

 

Emilio Calatayud es un juez que tiene sus ‘ideas’ muy claras y, mucho más las que respectan a los jóvenes que ‘deambulan’ por nuestra sociedad sin ‘oficio ni beneficio’. Él sabe muy bien cómo encargarse de ‘guiarles’ por el camino adecuado y consigue de todos esos jóvenes de Granada lo que otros ‘magistrados’ no logran ni siquiera con un joven un tanto ‘rebelde’. Aprendamos pues de este personaje tan ‘carismático’ que nos da lecciones, todos los días, de que la sociedad puede cambiarse sin necesidad de tener que ‘falsear documentos’ o ‘delinquir’ para sacar un poco de dinero para hacerse con un móvil que les ‘calme’ su enorme obsesión de perderse en ‘espejismos’ que no conducen a ningún sitio. Que nuestros jóvenes se dejen ‘asesorar’ por personas como don Emilio y seguro que muy pronto habrá en España menos jóvenes que ‘ni estudian ni trabajan’ pero que, al menos, tienen otra visión de la sociedad y el mundo en el que vivimos.

 

A tenor de lo escrito, no me queda más que comentar que soy un ‘partidario’ de la forma de actuar dicho juez, de la ‘doctrina’ que imparte a sus jóvenes acusados de algún desatino en el ámbito social y de sus ‘castigos’ a modo de sentencias que son todo un ejemplo para nuestros jóvenes de hoy en día. ¡Ya nos gustaría poder tener en nuestra ‘judicatura’, más jueces como Emilio Calatayud.

 

Francisco Javier Burón Monís es ciudadano de Telde.

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