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La degradación de las ideas

Cojeda19 Domingo, 19 de Marzo de 2017 Tiempo de lectura:

¿Qué es populismo? El populismo no es nada más ni nada menos que hacer lo que el pueblo, ignorante y manipulado previamente, quiera y de esta forma ganar su voto.

El populismo se ha infiltrado en nuestra sociedad para no irse. Así,  cuando se le pregunta algún líder de la supuesta izquierda sobre temas espinosos como la prostitución o los vientres de alquiler, sueltan sin un atisbo de vergüenza: tenemos que debatir.  Esto quiere decir: no voy a decir nada que pueda bajar mi cuota de popularidad o de audiencia, que viene a ser lo mismo.

 

Hemos entrado en la era de la “debatitis”,  como así lo acuñó en su día Lidia Falcón. Debatir en nuestro país es sentarse en el plató de Tele 5 y dar gritos a cual más fuerte sin escucharse. La estrategia es  popularizar cualquier tema en las tertulias radiofónicas y esgrimir todas las razones como buenas, en un relativismo superficial y paralizante.

 

Los argumentos entonces  se vuelven anécdotas lacrimógenas y la parte se toma por el todo  o -como dicen- la zanahoria por las ramas;   y los ejemplos personales toman la Bastilla como si fuese un  juicio de peso o una verdad contrastada. La libertad personal es el “súmmum” máximo y los ejemplos personales (aquí cabe de todo, desde famosos de medio pelo contando su gratificante experiencia hasta estertóreos y casposos tertulianos dando sentencias) se elevan a la categoría de verdad absoluta. Una vez agotado y vapuleado el tema en los foros y mentideros de la farándula,   se da el tema por zanjado.

 

La superficialidad y la barbarie van  de la mano del populismo. Sin embargo, la libertad individual y el deseo no pueden estar por encima de la dignidad de la persona,  ni de las leyes éticas más elementales.  Banalizar, tergiversar, hablar sin saber ni leer de un tema,  sólo lleva a que existan quienes sean capaces de defender la discriminación de los hombres, (porque ellos también han sido alguna vez maltratados)  o  llamarse feministas  y defender la prostitución ( porque conocen a una mujer que defiende que lo hace porque quiere).

 

Esta corriente que aboga sin resquicios de pudor por la supremacía de las libertades personales por encima del la moral y la ética, confundiendo deseo con derecho,  es una deriva muy peligrosa que puede engendrar monstruos. Así el derecho de la mujer a que no se use su cuerpo como mercancía (ni con la prostitución ni con los vientres de alquiler) es secundario,  frente al derecho individual de todo aquel que pueda comprarlo.

 

En la era de la postverdad y el todo vale, cualquier principio puede ser intercambiado por otro, si este nos da réditos políticos.  Todo es posible y defendible hasta llegar a grados extremos y aterradores. Un declive totalitario y peligroso,  porque ya nadie podrá definirse, ni defenderse, ni ser oído,  sin ser tachado de radical o extremo.

Es lo que sucede cuando las ideas  se degradan. El debate está de nuevo  en los medios. No obstante, vale la pena recordar que hay cuestiones como la dignidad humana, que nunca deberían ser cuestionadas.

 

Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura.

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