El sistema político y la legislación laboral de los EEUU permiten despedir a los trabajadores por cualquier motivo que el empresario considere. En una ocasión Regan, aquel presidente que fue el que empezó con la purificaron del país, cuando se le pusieron en huelga los trabajadores aeroportuarios despidió a todos los controladotes aéreos y los reemplazó por parados y militares.
No lo dudo ni un segundo, tal es la henchida sensación de poder y firmeza que da un cargo como el de presidente de la república más poderosa del mundo.
Y siguiendo con esa manera de ver y hacer política que tienen por allá, el presidente Trump, que ya es un problema para la maquinaria diplomática de Washington, que lo era antes de estar en política y que siempre lo será como sujeto perteneciente al fuego que alimenta y consume engranaje de la economía mundial, ha empezado con el pie cambiado.
Ayer nos sorprendía el fulminante despido –así lo mencionan los medios de comunicación- de la Fiscal General del Estado, -ahí es nada-, por contravenir la orden sobre inmigración de sujetos de origen musulmán. El presidente ha acusado a la fiscal Yates de traición al Departamento de Justicia, acusación grave y con calado. Como se dedica a gobernar con mensajes en redes sociales, porque el que gobierna es el pueblo, se enteran antes en la calle de lo que está haciendo que en los despachos de sus secretarios de estado, entre un marasmo de confusión con órdenes ambiguas o decretos que no recogen con claridad su política.
Porque él quiere no solo una America modelo, protegida de cualquier amenaza exterior e interior, moralmente intachable, exageradamente protegidos por sus arsenales militares caseros y porque quiere que todos sean buenos creyentes , porque según su vesánica visión del cristianismo a la carta, los estadounidenses con inquietudes espirituales son la quintaesencia de la cultura del país.
La alarma se ha apoderado del mundo, nunca se había asistido a un relevo más traumático como el de este enero de 2017 y ya en Inglaterra tienen un serio problema con la visista de estado, porque se han recogido más de un millón de firmas lo que obliga a intervenir al parlamento para reconducir la situación.
Que todo lo que decía lo iba a cumplir, es cierto; que los exabruptos, los insultos, las descalificaciones iban en serio, ya se está viendo y el globo orbita a su alrededor, en sus cercanías, porque cree que lo parará cuando quiera.
El miedo al otro es tan sutil y pandémico que recorre todo el país y para ejemplo el muro y los diez mil nuevos agentes que contratará para fronteras. Dicen que la republica norteamericana a pesar de sus vacíos democráticos, cuenta con armas políticas para reconducir la situación; que un presidente ni puede hacer lo que le de la gana, porque el control de las cámaras, congreso y senado, no lo permitiría. Si a este extravagante empresario no lo aparta su propio sistema político, estaremos asistiendo a un nuevo paradigma de control del mundo y lo pagaremos, sin duda, todos.
Sergio Domínguez-Jaén es poeta y escritor.
























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