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Dando tumbo

Cojeda1 Lunes, 26 de Diciembre de 2016 Tiempo de lectura:

Una vez escuché de un psiquiatra. “La persona que no se mira al espejo y se interroga sobre actitudes dudosas en la vida tarde o temprano lo paga”. Como se paga la maldad o ejercer el mando  una pistola en mano. Por experiencia sé que eso es cierto. Quienes han destrozado vidas ajenas, lo saben.

 

La ausencia de generosidad, la incapacidad para ver solo “su verdad” les llevará inexorablemente al borde del abismo, a la soledad, al desprecio. Ahí viven. No se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo.

 

Estos días he compartido buenos momentos  con amigos, compañeros, gente que con sus más y sus menos nos tenemos afecto, respeto y nos alegramos de cómo nos trata la vida. Hay otros que teniendo la mochila llena de cadáveres caminan en solitario en la orilla de la playa, desafiando viento y marea como quienes creen haber engañado a todos. Pero no, van dando tumbos. Recogen lo que siembran.  ¿Es posible que quien ha colaborado eficazmente en la precaria salud de padres de familias caminen por la vida como si no hubieran tenido nada que ver en finales trágicos?.

 

Tres amigos fueron sus víctimas más sonadas. Con uno compartí la admiración por Sabina y en general por la música. Y por las risas. Tuvo la mala suerte de cruzarse en su camino un mal bicho ambicioso y con poder que lo situó al borde de la locura, humillándolo y vejándolo, hasta que un día su corazón hizo ¡plaf!

 

Con otro compartí su terror, su lucha contra una enfermedad que acabó con su existencia de quien no se compadeció nadie y menos que nadie sus maltratadores. Aún le recuerdo camino del trabajo no sin antes ingerir ansiolíticos para soportar la presión, los gritos y los desmanes. Aterrorizado. Pero esa situación les importó poco. Muchos lo vivieron de cerca y discretamente, frenaron su indignación y su calvario. Cuando ambos murieron sus verdugos derramaron más lágrimas que nadie.

 

Pero con el tiempo la vida les arrinconó y no saben hasta qué extremo.  Nunca nadie concitó tanta unanimidad sobre la maldad. No entenderé jamás a quienes se ensañan sin pensar que en ocasiones la pistola dirige las balas en dirección contraria. Después de lo que he en tomo bajo he contado, nada comparado con la crudeza de los hechos, ahora dicen que los queridos muertos que ellos mataron eran unas magníficas personas. Hay qué ver.

 

Mis tragaderas se han estrechados.

 

Felices Fiestas a los lectores que me regalan su atención.

 

Marisol Ayala es periodista. Artículo publicado en su blog.

 

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