Amigos, el título se lo dedico hoy a mi Iglesia, a esa que amo y a esa que está cada día más cercana a los pobres, sí, a esa que anima a curas y seglares a caminar con entusiasmo, a esa que en algunos lugares también sabe ofrecer de nuevo el ministerio a quienes en un momento de crisis lo dejaron. Sí, confieso que mi Iglesia necesita de vez en cuando lo que he puesto en el título, el ir al Taller para cambiar cables, poner neumáticos nuevos, cambiar obispos, quitar cosas viejas y recibir un poco de pintura…
Oye, confieso que a mis años veo las cosas de forma distinta notando que todos necesitamos pasar por el taller de vez en cuando: seglares, curas y obispos… sin dejar de lado también alguna vez al mismo Papa.
Amigo Lucas, de paso hoy también aprovecho para felicitar a los compañeros que han dicho sí al cambio de parroquia ante la petición de nuestro obispo Francisco. Sí, a todos los cambiados los felicito y en especial al amigo Majorero Antonio Berriel que marcha a la parroquia de Sta. Teresita de las Palmas, lugar que le tocó poner en marcha al gran D. Manuel Guedes, cosa que llevó a cabo a base de Rifas organizadas. De verdad que aquel hombre, siempre ensotanado, era un todo terreno, sí, era un cura cercano donde quiera que estuviera, no olvidándome de sus correrías en moto cuando estaba de párroco en el sur de la isla y visitaba mucho las cuarterías de los aparceros.
Oye, te confieso que me gustó que nuestro obispo este año nos invitara a entrar en el Desierto animándonos a sacar provecho del tesoro escondido buscando el verdadero pozo de agua que da vida ya que es en ese lugar donde uno aprende a valorar lo que es importante y a dejar de lado lo que poco importa. Te confieso que es en el desierto donde se aprende a sentir sed del Dios que nos hace pasar por el lugar duro que nos purifica….
Te puedo decir que todavía recuerdo con gusto al Padre Lestevens, aquel cura francés que estuvo más de 40 años en el desierto del Sahara y que iba a camello recorriendo poblados y visitando con cariño las tribus. Sí, aun recuerdo que alguna vez me llamaba desde allá por los años 80 diciéndome: ¡Paco, necesito estar unos días en las Palmas porque tengo el mal del desierto.
Oye, acabo recodando que en este mes el 23 de octubre tendremos de nuevo el día del Domund que nos anima a compartir con las misiones que es la mayor obra de caridad, que nace de la fe evangelizadora. “Ninguna acción es más benéfica y, por tanto, caritativa hacia el prójimo que partir el pan de la Palabra de Dios, hacerle partícipe de la Buena Nueva del Evangelio…donde el anuncio del Evangelio se convierte en una intervención de ayuda al prójimo, justicia para los más pobres, posibilidad de instrucción y asistencia médica, entre otras implicaciones sociales.
Francisco Martel es sacerdote y párroco.

























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