Quiero abordar un tema al que le he dado vueltas multitud de veces y no me he decidido a sacarlo a la luz porque no encontraba el modo de ‘ahondar’ en su complejidad como es el tema de los ‘refugiados’. Pero he tenido la suerte y la dicha de tropezarme con una historia de una activista saharaui, una mujer luchadora, ‘muy humana’, ‘pacífica’, que tan solo pretende alzar su ‘voz’ a favor de su pueblo: el pueblo saharui.
De que se escuche su causa: el proceso de autodeterminación del Sáhara Occidental y de la ‘descolonización’ que España tiene pendiente con el pueblo saharaui. Y desde esta historia, se podrá entender con un poco de mayor claridad el gravísimo problema que atraviesan los ‘refugiados’ en todo el mundo.
La entrevista que a continuación se reproduce fue publicada en ‘ABC’ el 19/9/2016 y fue realizada por Elena Villegas Floriano, de la cual me he hecho ‘eco’ y me he permitido la ‘licencia’ de hacer uso de ella…
Cheija Abdelahe: “Mi ‘sueño’ de refugiada es ver regresar a mis padres a su casa, ver sus caras…”. “Me ‘encantaría’…”. Y que puedan volver a contemplar “ese ‘mar’ al que tanto echan de menos”…
A pesar de haber nacido en los Campamentos de Refugiados de Tinduf mucha piensa que es ‘mi hogar’ y “yo no lo considero así, no lo considero ‘mi hogar’…” “Me considero una especie de ‘alienígena’: el ‘nadie’ en la tierra de los demás”.
“Cuando eres refugiado, no es porque quieres: estás obligado”. Si, además, ya naces como refugiado, como Cheija, “nunca te atreves a plantar tus raíces en un sitio; siempre está el temor a tener que huir de nuevo y el sueño de cuándo regresar”. Cheija asegura que nunca ha tenido un hogar, concepto que le obsesiona y sobre el que está elaborando el proyecto de su Máster en Derechos Humanos. Como refugiada y como inmigrante, siente que es “el nadie en la tierra de los demás”. Eso sí, mientras está en esa tierra, “un refugiado nunca busca romper la paz”, puesto que “él es el primer beneficiado”.
“Soy Cheija Abdalaje, soy ‘saharaui’, he nacido en los Campamentos de Refugiados en Tinduf (Argelia). Tengo 29 años… he nacido ‘refugiada’ y aquí tengo el ‘estado de apátrida’ (algo que no comparto yo, el que esto firma, pues un ‘apátrida’ es aquella persona que no tiene patria, que se le considera que vive en un ‘limbo’ más allá de la razón humana). Mis padres vivieron la ‘invasión’ marroquí, la ‘diáspora’ (tener que salir del Sáhara por motivos obvios) cuando muchos miles de saharauis tuvieron que abandonar sus territorios, una ‘diáspora’, como la que están viviendo actualmente los sirios debido a los ataques de los marroquíes, los ‘atentados’ de Marruecos, los bombardeos de ‘napal’, las violaciones y donde la gente se levantaba por las mañanas y se encontrabas a un policía enfrente de tu casa armado y te decía: “ o aceptas que el Sáhara es ‘marroquí’, o mueres…”
La invasión marroquí provocó un ‘exilio’ de miles de personas. Los camiones se llenaban de hombres y mujeres que querían escapar; cuando una o dos se caían, el camión no se detenía. “Era el mal menor”, explica Cheija.
El punto de partida de la invasión tuvo lugar en 1975 con la Marcha Verde (una movilización miles de marroquíes reclamando el Sáhara), que desembocó en el repliegue de las tropas españolas y el consiguiente ‘abandono’ de España de una colonia que había ‘comandado’ durante muchos años, y en la división del Sáhara en dos partes, una de Marruecos y otra, de Mauritania. Después de la guerra entre ambos países por este territorio, la ONU intervino y exigió el cese de hostilidades y la celebración de un Referéndum. Marruecos introdujo colonos en el Sáhara para que votaran en esa consulta y así tener más población a su favor, pero nunca se llegó a celebrar.
“Yo tengo una hermana mayor a la que nunca he visto. Es muy triste saber que tienes alguien con la que has compartido el mismo ‘vientre’, con la misma sangre que corre en tus venas y que no sientes lo que debieras sentir ya que no has tenido oportunidad de compartir con ella lo que hayas podido tener ese amor con ella como el que yo haya podido sentir con una persona con la que haya vivido cinco años. ¡Es muy ‘triste’, sientes que eres ‘mala persona’. La que más lo sintió fue mi madre, saber que tienes un trozo de ti que está ahí, sabes que está bien, con su abuela, pero la has tenido que dejar. Igual le pasó con mi hermana la pequeña, pero mi madre se planteó cuando vino a España: si yo arreglo los papeles ‘salvo a toda la familia’ y me traigo a toda la familia, si lo consigo será lo mejor para todos. Eso sí tenía la duda de si la ‘pequeña’ no pasaría hambre a pesar de pensar de estar bien cuidada.”
“Esta es la vida de una ‘familia refugiada’ y separada…”, añade Cheija. Lo más complicado de los ‘refugiados’ es conseguir regresar al lugar del que un día tuvieron que salir por culpa de las guerras o las invasiones de los países en los que vivían. Es un largo peregrinar de un lado para otro hasta poder ‘aposentarse’ (casi siempre de manera temporal) en algún lugar que se les permita su ‘acogida’… Y continúa: “Pero yo a pesar de las múltiples razones de ser negativa, ‘renuncio’ a ello y miro las cosas con mucho positivismo. Cuando viene a España, vine como una ‘rosa’, pensando: me van a salir los ‘papeles’ rápido y voy a ‘convalidar’ mis estudios…” Cheija tiene dos carreras, habla cuatro idiomas y como hablaba antes, la positividad es el ‘leit motiv’ de su vida y está preparando un segundo ‘master’ y aún así tardó cuatro años en ‘legalizar’ su situación en España ya que la realidad con la que ella ‘soñaba’ le dio la espalda, y los primeros trabajos a los que pudo acceder fue de ‘interna’, limpiando casas o cuidando niños…”.
El día que mandamos, después de cuatro años, mi currículum a una empresa de captación, después de llevar cinco años viviendo en España, a la media hora me llamaron, para mi sorpresa. Al principio pensé: qué trabajo es éste, estoy en la ‘planta 20’, vengo del desierto y ahora estoy en la planta 20 (edificio ‘Torres Kío’ en Madrid). El día que recibí mi primer sueldo me dije: ahora ya no le debo nada a nadie, ahora cumplo con mis obligaciones y pago mis impuestos, ya no tengo ‘deuda’ alguna con la sociedad a la que pertenezco y me siento responsable. Y me da mucha ‘rabia’ ver a la gente votar y yo no poder hacerlo y me doy cuenta de la realidad que me vuelve a recordar lo ‘refugiada’ que soy. Cuando eres refugiada, sobre todo cuando has nacido como ‘refugiada’, nunca te atreves a plantar tus ‘raíces’ en un sitio, pues a cada momento se te pasa por la cabeza que, en cualquier momento, puede surgir otra vez esa ‘aventura’ que te obligue, por así decirlo, a tener que ‘volver a empezar’.
“Este es el ‘sueño del refugiado’: el cuándo volver…”
Otro tema importante con el que Cheija ha tenido problemas es como el ‘pañuelo’ que tardó casi cuatro años en quitárselo delante de sus amigos integrados (se lamenta que “en otros países europeos no existe este problema y en España todavía queda algún tiempo para que esto suceda”), y cuando habló con su padre y le dijo: “Papá me he quitado el ‘pañuelo’; su padre le comentó que había tardado demasiado tiempo en hacerlo...
Cheija nos habla de un refrán español que también en el Sáhara se usa que viene a decir: “donde fueres, haz lo que vieres…” Y eso le costó mucho ya que como ella dice es musulmana, pero la religión la lleva en su interior pues piensa que es lo más razonable, ya que es un tema personal y que cada persona es dueña de hacer lo que juzgue en conciencia. Eso viene a colación de lo anteriormente comentado sobre el ‘pañuelo’ y que la religión forma parte de esta ‘tradición’ musulmana tan arraigada a los saharauis. De ahí que mi sucinta intromisión en cuanto Cheija habla de esa costumbre que tienen los saharuis y otros miles de musulmanes de hacer uso de su ‘vestimenta’ distinta a la occidental.
Su madre le ha contado que, cuando el Sáhara era una provincia española, sentía libertad; a pesar de no ser más que una colonia, podía ir al cine, podía pasear con su marido de la mano, podía ver el mar… Pero cuando los españoles se fueron y dejaron vía libre a Marruecos, sintieron miedo.
Ahora, Cheija sueña con ver a sus padres regresar al Sáhara y volver a tocar su “amado mar”. El ‘sueño’ de una activista saharaui, ‘pacífica’, ‘generosa’, con un porvenir que nunca habría pensado y que, toda su ‘ilusión’ se basa en poder ser protagonista de una escena tan sencilla como el regreso de sus padres a (me imagino) El Aaiún, territorio que tuvieron que abandonar allá por 1975 cuando vieron ‘invadido’ el lugar donde habían nacido y ‘ocupado’ por un país que les obligó a comenzar una ‘nueva vida’, muy lejos de su Sáhara en el que la ‘soberanía’ de aquella tierra que era lo único que poseían los saharauis…
No ha sido fácil desarrollar un asunto tan arduo y enrevesado como es dedicar un artículo al tema de los ‘refugiados’ porque existen muchas opiniones ‘encontradas’ y un ‘trasfondo’ que es bastante difícil de esclarecer pero de manera sucinta he ‘recreado’ la historia de una mujer saharaui, Cheija Abdelahe, y sus complicaciones en estos 29 años de vida en los que ha padecido una serie de circunstancias que, gracias a su ‘pundonor’ y su ‘valentía’, sobre todo por tratarse de una mujer que, ella solita ha logrado traspasar ‘fronteras’ y solventar cuantos inconvenientes se le han presentado.
Como habrán podido comprobar, algún ‘párrafo’ está de alguna manera ‘duplicado’ o, al menos, es muy parecido a otro anterior pero es que aparte de ‘entresacar’ lo más importante de esta entrevista a Cheija, también he tenido que ‘traducir’ (valga la expresión) lo que ella hablaba en un par de vídeos que le hicieron a raíz de dicho reportaje a una ‘refugiada’ que ha querido expresar sus sentimientos de una manera totalmente ‘abierta’ y con la mayor ‘sinceridad’ que su persona tiene a gala.
Esta ha sido mi aportación a un tema harto complicado de afrontar por lo que supone meterte en la piel de unas personas que llevan el ‘sufrimiento’ en sus corazones y que, como dice Cheija es algo de lo que no se pueden ‘desprender’ ya que siempre van a ser considerados: ¡refugiados!
Gracias, Cheija, por abrir las puertas de tu ‘alma’ de par en par y dejarnos conocerte tal y como eres, con la sinceridad forma parte de tu personalidad y por hacernos comprender el terrible problema que tienen los ‘refugiados’ en todo el mundo y, sobre todo, el ‘exilio’ que padecen tus hermanos saharauis, ‘refugiados’ que viven en los Campamentos de Tinduf (Argelia) desde hace más de 40 años. Y gracias también por esa ‘misión’ que te has propuesto como ‘mujer luchadora’ y ‘valiente’ a favor de tratar de hacer extensivo ese sufrimiento del pueblo saharaui con tu palabra y tu acción ‘pacífica’ para que ese, otrora, proceso de autodeterminación, llegue a buen puerto y pueda llegar a realizarse y terminar, de una vez para siempre, con el ‘éxodo’ de un pueblo que nunca debió permitir que fuera ‘invadido’ su territorio y que el Sáhara Occidental pudiera haberse consolidado (allá por 1975) como país independiente con la ‘colaboración’ de quien fuera su ‘protector’ durante muchos años, aquélla colonia que España gobernó y que no supo ponerle ese ‘final’ que el pueblo saharaui merecía: su ‘independencia’, sin ‘ocupación’ alguna ya que la ‘soberanía’ de ese ‘desierto’ del Sáhara es totalmente propiedad de los saharauis…
Francisco Javier Burón Monís es ciudadano de Telde.


























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