“Quién hace la le ley hace la trampa”. Mi madre me lo dice siempre. Como si el que hiciera la ley hiciese a su vez el envés, la trampa. Sin embargo, siempre me ha parecido que hay en esta sentencia cierto desprecio hacia todo, además un inmovilismo desmoralizador que aterra. ¿Sabiduría popular o desidia y apatía?
Tal vez la desafección (palabra tan de moda para designar el poco interés de la gente por las cuestiones políticas) radique ahí. En la creencia popular de que el gobernante hace la ley, pero a su vez, hace su opuesto, la trampa.
Sino observemos la “ley de suelo de Canarias “ aprobado hoy con los votos de Coalición Canaria y lo socialista gomeros. Esta ley se nos ha vendido como necesaria par desenmarañar los trámites burocráticos por los que debe pasar todo empresario que quiera construir en Canarias. No obstante, esta misma ley nació ya con su trampa incluida, pues deroga directrices, ordenanzas, la COTMAT (organismo encargado de dar el visto bueno a los proyectos si cumplían ciertos parámetros y directrices.). desaparece, etc… Ahora con la nueva ley que han aprobado cualquier ayuntamiento o Cabildo podrá decidir y permitir la construcción en el suelo de Canarias. En definitiva, se ha dado vía libre para agilizar los proyectos de especuladores y empresarios sin ética ni estética en Canarias.
Ya ven, el presidente canario ha hecho su agosto, no es casual que salga esta ley ahora cuando todos andamos a otras cosas y en medio de las vacaciones. El gobierno, ese que se autodenomina nacionalista, ha demostrado una vez más para quienes trabaja y a quienes le debe su cargo, a saber: a los muchos hoteleros, empresarios y demás especuladores para quienes ha fabricado una ley a medida. Hoy es pues un día funesto, el suelo de Canarias está en venta.
Mi abuelo, mi bisabuelo, mis antepasados fueron agricultores, como la mitad de los canarios. Hace no muchos años, quiénes no se dedicaban al campo, se dedicaban al mar. Y de eso vivíamos. Ahora es otro tiempo, ya no nadie trabaja en el campo.
La fiebre inmobiliaria, el afán por vivir del turismo, el capitalismo y su demanda de consumo constante nos llevó a abandonar esta formas de vida primaria. Sin embargo, quienes debía proteger estos sectores para que no desaparecieran del todo, tampoco lo hicieron, sino todo lo contrario, tal como se acabó con la pesca en Canarias y toda la industria que conllevaba a su alrededor.
Ojalá nunca queramos volver a recuperar viejas tradiciones, cansados del frenético vacío en el que estamos instalados, y entonces comprobemos con espanto que ya no hay suelo en Canarias que no tenga nombre alemán, que no sea un gran hotel, un centro comercial o un novedoso parque temático.
Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura.






























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